Desirée López no deja de sonreír en toda la entrevista. Tiene 20 años. Irradia algo especial difícil de describir. Esta joven de Barcelona nació de una pareja donde hubo violencia machista. Su padre casi mata a su madre. Le contó en breve su historia al Papa en el Estadi Olímpic de Montjuïc, ante 40.000 personas. Su testimonio conmovió a León XIV.Cuéntanos qué haces ahora.Estudio segundo de Derecho en la Universidad de Barcelona y también trabajo como monitora de comedor al mediodía. Poco más.¿Cómo llegaste ante el Papa?Por el párroco de mi parroquia. Me pidió si quería ser yo quien le hiciera la pregunta sobre el perdón en el Estadi. Me lo pensé un poco, pero dije que sí.¿Cuál es esa parroquia?Sant Carles Borromeu, en Gràcia.¿Tú eres del barrio?No, pero voy a esa parroquia. Allí tenemos un grupo, de universitarios. Nos reunimos los jueves y vamos a misa cada domingo.Háblame de tu infancia.Nací en una familia formada por mi madre, mi padre, mi abuela materna y yo. Vivimos juntos hasta mis tres años. En el Paral·lel.¿Qué ocurrió cuanto tenías esa edad?Que mi padre intentó matar a mi madre. Mi madre se salvó porque un chico se puso en medio. Metieron a mi padre en prisión. Además, coincidió que mi abuela murió por esas fechas. Mi madre se vio sola conmigo y acabó entrando en el mundo de las drogas...Espera, espera, que vas muy rápido... ¿Presenciaste malos tratos de tu padre hacia tu madre?No. Era muy pequeña. De esa etapa no recuerdo apenas nada.¿Tampoco recuerdas a tu abuela o a tu padre?A mi padre no le recuerdo de aquella época. Sí porque le vi después.Desirée preguntó al Papa sobre el perdón durante la vigilia celebrada el martes pasado en el Estadi de Montjuïc, ante 40.000 personas. Andreu Esteban¿El maltrato fue puntual o era continuado?Era continuado. Lo que pasó aquel día fue simplemente el momento en que explotó todo.¿Empezó cuando naciste tú o venía de antes?Eso no lo sé.¿Qué pasó esa mañana?Mi madre salía para ir a trabajar. Habían discutido. Yo me quedé en casa con mi abuela, como cada día. Mi padre salió detrás de ella con un cuchillo.Continúa, por favor.Mi padre la siguió y en una calle cercana intentó atacarla con el cuchillo. Empezaron a forcejear. Un chico lo vio, trató de detenerlo y...¿La hirió a ella con ese cuchillo?No, le dio golpes, puñetazos...¿Qué edad tenían tus padres?Mi madre, unos 30. Ahora tiene 48. Más o menos como mi padre.¿De qué trabajaban?Mi madre limpiaba casas y hoteles. Mi padre no trabajaba.¿Estaba en paro?No sé si había trabajado antes. Alguna vez hizo de camarero.¿La familia pasaba por dificultades económicas?Mi abuela ayudaba mucho y sostenía bastante a la familia.¿Qué recuerdo tienes de ella?Muy bueno. Por las fotos y por lo que me cuenta mi madre. Mi abuela me quería muchísimo y yo también le guardo mucho cariño.Tienes flashes sobre tu abuela, pero no sobre tu padre...Así es.En la adolescencia “No entendía por qué me había pasado todo aquello. Si Dios era tan bueno, ¿dónde estaba?”Después de aquella agresión, ese chico acabó muriendo.No sé si murió allí, en la calle, o después, en el hospital. Pero sí.¿Qué sucedió luego?Recuerdo un poco el movimiento de la policía en casa. Se llevaron a mi padre a prisión y nos quedamos mi madre, mi abuela y yo.¿Cuándo intervienen los servicios sociales?No lo hacen hasta que tengo diez años.¿Diez años? Si tenías tres... ¿Qué pasó durante siete años?Desde los tres hasta los seis viví con mi madre en esa situación. Casi no iba al colegio. Entonces nació mi hermano, de otra relación. El padre de mi hermano también acabó en prisión.¿Y es en ese momento cuando actúan los servicios sociales?Sí. Vieron que yo no iba al colegio y que las dos parejas de mi madre habían terminado en prisión.¿Qué hicieron?Antes de llevarnos a un centro intentaron buscar familiares que pudieran hacerse cargo. Por parte de mi madre no había nadie. Por parte de mi padre, sí. Primero fui con una tía, pero no podía hacerse cargo de los dos. Luego con mi abuela paterna, pero era demasiado mayor. Después con otra tía y mis primos; estuve allí unos meses, pero tampoco era sostenible. Finalmente nos llevaron a un centro de menores.¿A los dos juntos?Sí, juntos.¿Cómo es la vida en un centro de menores?Tuve mucha suerte porque me tocó Sant Josep de la Muntanya. Era un centro maravilloso. Lo llevan monjas. No me quejo de nada. Pero sigue siendo un centro de menores. Hay niños que están muy mal, muchos conflictos. Y todos teníamos una carencia común: el amor de una familia. Porque por muy bueno que sea un centro, entran y salen educadores; no tienes a unos padres contigo.¿Recibiste apoyo allí?Mucho. De hecho, mis padrinos de bautismo son dos educadores que tuve en el centro.¿Llegaste a encontrar fuera a esa figura que os faltaba?Sí. Estuve en el centro unos dos años más. Mi hermano, como solo tenía tres años, fue acogido por una familia de Vic. Al ser pequeño fue más fácil. Yo me quedé...¿Y mientras tanto?Pues empecé a ver a mi padre. Teníamos visitas supervisadas.¿Había salido de prisión?No, seguía dentro.¿Dónde os veíais?En un espacio llamado EVIA. Es un lugar donde los menores tutelados pueden ver a sus familias biológicas. Hay una sala, con un trabajador social, juegas o hablas.¿Tú querías verle?No recordaba ni su cara. Me lo propusieron y acepté. Con mi madre nunca perdí el contacto; ella siempre me llamaba una vez por semana. Pero con mi padre pensé: “Es mi padre, tendré que verlo”.¿Y las visitas continuaron?Sí, una vez al mes, como un trámite. Él no me había visto crecer. Para mí era un desconocido.¿Alguna vez te pidió perdón?No.¿Hasta cuándo esas visitas?Hasta segundo o tercero de ESO. No recuerdo si fue antes o después de la pandemia. Empezó a faltar a las visitas y, al final, dejó de venir sin dar ninguna explicación.¿Y desde ese momento?Nunca más.¿Le has perdonado?Creo que sí. Al principio lo veía como una carga enorme. Incluso me sentía culpable por todo lo que había pasado. Pensaba: “Es mi padre y ha hecho mucho daño a mi madre”. Muchas veces me pregunté si era justo perdonarlo. Pero el Papa dijo que el perdón es un don que hay que pedir y un camino que recorrer.¿Tu madre lo ha perdonado?No lo sé. Nunca se lo he preguntado. Mi madre es una persona muy buena. Nunca me ha hablado mal de él. Siempre decía: “No sabemos qué le pasaba en aquel momento”.¿Ella está bien ahora?Sí. Necesitó terapia y apoyo especializado. Ahora vivo con ella.El mensaje“Llegué a sentirme culpable y el Papa me dijo: ‘el perdón es un camino que hay que recorrer’”Volvamos ti. Volvamos atrás. ¿Cuándo sales del centro?Cuando la familia que había acogido a mi hermano me acogió también a mí. Mi madre luchó mucho para conseguirlo.¿Cómo viviste la separación de tu hermano?Muy mal. Yo hice de madre para él durante mucho tiempo. Los dos seguíamos viéndonos y la familia de acogida me preguntó si quería vivir con ellos. Dije que sí.¿Cuál era tu edad entonces?Doce años.¿Tenía hijos esa familia?Sí, cuatro. Me costó adaptarme. Yo había levantado un muro...¿Cuándo entraste en contacto con la Iglesia?En realidad empecé a conocer a Dios en Sant Josep de la Muntanya. Mi familia biológica no era creyente. Allí me explicaron quién era Dios. Allí me bauticé e hice la Primera Comunión. La familia de acogida también era devota: vivían la fe en el día a día.Momento en que el Papa abraza a Desirée López tras la intervención de la joven en el escenario del Estadi. EFEEn tu lugar otras personas habrían renegado de Dios.Lo hice, renegué. Durante uno o dos años. En la ESO. Estaba enfadadísima. No entendía por qué me había pasado todo aquello. Si Dios era tan bueno, ¿dónde estaba?¿Y cuándo cambió eso?En unos campamentos. Allí empecé a reconciliarme. Luego hice un retiro que cambió completamente mi mirada.¿Por qué estudias Derecho?Me apasiona la justicia y quiero ayudar. Sentía una vocación muy fuerte de acompañar a víctimas de violencia contra la mujer o de otras situaciones difíciles. Conozco bien ese dolor. También me gustaría mostrar a las víctimas la importancia del perdón: hace el proceso mucho más liberador para la víctima.¿Qué le dirías a las mujeres que son maltratadas pero miedo a denunciar? Sé que es muy difícil. Lo he visto en mi madre. Da miedo hablar, da miedo que no te crean, que te juzguen o que te culpen. Pero pedir ayuda no solo te ayuda a ti, también puede ayudar a muchas otras mujeres. El proceso es muy duro. En Derecho Penal tuve una fiscal que nos explicaba lo complicado que es para una mujer repetir su historia una y otra vez. Pero cada vez hay más recursos y más acompañamiento.Siempre sonríes.Es que me siento muy afortunada. Por la vida que tengo ahora, por mis amigas, por todo. Encontrarme con el Señor dio sentido a todo lo que viví. Hoy no cambiaría nada, porque si lo hiciera no estaría donde estoy ahora.Periodista. Redactora jefa en Sociedad. Antes, en Política, Cultura y Vivir. Premio Comunicació i Benestar Social del Ayuntamiento de Barcelona (1998). Colaboradora en RAC1. Premio Pedro Vega de Periodismo (2025)
Desirée, hija de un maltratador: “He dudado de si era justo perdonar a mi padre por todo lo que le hizo a mi madre”
Entrevista a la joven de Barcelona que, con su testimonio, conmovió al Papa durante la vigilia en el Estadi de Montjuïc












