El absentismo estudiantil se ha convertido en uno de los fenómenos estructurales que más preocupación ha suscitado en los claustros de los centros universitarios. Un informe de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) -L’absentisme a les aules universitàries (2026)- expone cómo la inasistencia a clase alcanza hasta el 40% en algunas asignaturas.PublicidadEste suceso también ha sido denunciado por el decano de Ciències Polítiques i Socials de la Universitat Pompeu Fabra (UPF), que, mediante una carta dirigida a los estudiantes, ha manifestado "bajos niveles de asistencia a clase, así como una implicación deficiente en el seguimiento de las asignaturas". El cambio en los hábitos de estudio, la transformación de las expectativas del alumnado sobre el aprendizaje y los problemas de conciliación derivados de factores socioeconómicos han impulsado una problemática social que interpela tanto al alumnado como a las instituciones universitarias.Emilio Jiménez-Beatty Navarro, profesor del Departamento de Ciencias Biomédicas de la Universidad de Alcalá de Henares, explica en conversación con Público que desde la pandemia se ha apreciado "un acomodo" por parte de los estudiantes que vivieron la posibilidad de "aprender" desde casa. En consecuencia, "intentan conseguir apuntes de compañeros, de plataformas de internet y de los propios documentos que los docentes suben a las aulas virtuales, para de esa forma resolver la asignatura sin acudir a clases". Si bien no descarta que existan otros motivos que impiden conciliar con la vida académica –trabajo, salud mental, factores logísticos como la distancia–, considera que, en su mayoría, "se debe a esa actitud de menor compromiso y comodidad por parte de los estudiantes".No obstante, Carlos Elías, catedrático de Periodismo en la Universidad Carlos III, argumenta que esta actitud de menor compromiso por parte de los estudiantes responde, por un lado, "al contexto social y económico que juega en su contra" y, por otro, "a la incapacidad de un profesorado mediocre que no hace nada por estimular al alumnado". En este sentido, Lucía Blasco, alumna del Doble Grado de Periodismo y Humanidades en la Universidad Carlos III (UC3M), comenta que, en muchas ocasiones, la falta de compromiso viene determinada por la insatisfacción: "Hay asignaturas que los profesores se han ido cargando con el paso del tiempo". La falta de asistencia responde, en cierta medida, a la disconformidad en la forma de impartir algunos contenidos académicos. Si bien considera que, en muchas asignaturas, la asistencia a clase le permite profundizar en la materia con mayor rigor, en otras, "los profesores se limitan a poner una diapositiva en clase y leerla, lo que no sirve absolutamente para nada". Sobre esto añade: "Yo voy a clase para adquirir un conocimiento de una persona que se supone que sabe más que yo. Si yo en casa me puedo leer el PowerPoint de igual manera que en clase, esta persona me está demostrando que sus clases no tienen sentido". PublicidadBorja Morteo, alumno de Periodismo en la Universidad Carlos III (UC3M), coincide en su argumento con Lucía Blasco y añade: "Tener profesores que se sientan a hacer un dictado no es lo ideal cuando estás en una carrera universitaria y tienes 20 años". En relación con ello, Carlos Elías comenta: "Que un profesor utilice un PowerPoint solo quiere decir que no tiene que prepararse las clases. Hoy en día, además, la IA te prepara un PowerPoint en nada". Asimismo, recuerda cómo, durante una estancia en la Universidad de Harvard como profesor visitante, los docentes no usaban estos materiales: "Las clases tenían 700 alumnos e iba todo el mundo". En especial recuerda al profesor Michael Sandel, que imparte Filosofía política en Harvard, cuyas clases siempre estaban llenas: "Es una clase maravillosa, no utiliza diapositivas y la gente se mata por estar. Esto se debe a que es un gran orador, y cuando el profesor es un gran orador, la gente va porque se siente motivada", declara Elías convencido.La relación entre asistencia y satisfacción estudiantil también se observa en el testimonio de Victoria Mosteirin. En un principio comenzó a estudiar el Grado de Biología, que terminó dejando debido a la insatisfacción: "No me gustaba ni la metodología de las clases teóricas ni la de las clases prácticas". En consecuencia, al año siguiente entró a estudiar Antropología Social en la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Esta decisión ha transformado por completo su experiencia académica, que valora y prioriza incluso cuando puede compatibilizar sus estudios con el trabajo: "El profesor manda lecturas, divide la clase en dos y genera debates que fortalecen el aprendizaje y el pensamiento crítico. Además, vemos muchos documentales y materiales audiovisuales que nos ayudan a debatir", comenta satisfecha.Los claroscuros de la innovaciónJiménez-Beatty Navarro atribuye a los cambios metodológicos un gran protagonismo en la mejora de la asistencia del alumnado: "Los cambios metodológicos que se van aplicando poco a poco en la docencia universitaria afectan positivamente a la asistencia. La utilización de herramientas visuales atractivas, la gamificación y el planteamiento de clases dinámicas hacen que los estudiantes acudan más a clase y más motivados". Sin embargo, esto también implica una transformación en el papel del profesorado, que, de acuerdo con él, no siempre es positivo: "El docente se convierte más en un showman y en un generador de contenidos marquetinianos que en un transmisor claro de conocimiento y fuente de reflexión. Está claro que hay que adaptarse, pero también, a mi juicio, creo que es un error la pérdida de la clase magistral". Carlos Elías coincide con él en esta cuestión: "La enseñanza innovadora mejora la asistencia; lo que pasa es que va en contra de los parámetros habituales y esto cuesta. El sistema no te avala. En todo caso, te avala para que hagas algo similar a lo de siempre. Esto parece innovador, pero en realidad no cambia nada".PublicidadEsta apariencia de innovación no siempre equivale a una reflexión real sobre las carencias del sistema educativo. Ani Pérez Rueda, doctora en Educación y activista en movimientos sociales, comenta en su ensayo Las falsas alternativas: Pedagogía libertaria y nueva educación el creciente interés por la implementación de las nuevas tecnologías en las aulas y cómo, en muchas ocasiones, venden el discurso de una mayor empleabilidad. Sin embargo, no ofrecen una reflexión mayor sobre los problemas del sistema y de la enseñanza: "Esto no quiere decir que los métodos y las técnicas no nos parezcan importantes, lo que nos preocupa es que estas ocupen todo el debate pedagógico actual y no quede apenas espacio para reflexionar sobre cuestiones como los contenidos o los fines de la educación”, defiende Pérez Rueda.Precariedad joven y falta de conciliaciónSofía Estrella, alumna del Grado de Humanidades en la Universidad Carlos III (UC3M), coincide en que la universidad pública continúa siendo una gran oportunidad para todo el mundo y constituye una gran herramienta democratizante del conocimiento. No obstante, en conversación con Público explica el cambio que se produce en muchos alumnos desde los comienzos hasta el final: "Al final de la carrera estás cansado y hay una clara desmotivación que surge por la precariedad a la que hoy en día se enfrentan los jóvenes". Asimismo, observa una serie de elementos "infantilizantes" relacionados con el control de asistencia que, a su parecer, no abogan por la autonomía del individuo mayor de edad, responsable de sus acciones y decisiones.Esto último, de acuerdo con Jiménez-Beatty Navarro, viene determinado por el Plan de educación Bolonia, "en el que se diferencia la asistencia obligatoria a clase y el trabajo autónomo (no presencial) del estudiante". Supone, por lo tanto, la obligatoriedad de la asistencia a clase (al menos en un 80%) tanto en las clases teóricas como en las clases prácticas. El control de asistencia es algo que las universidades han ido poniendo en marcha de manera más meticulosa. "Bolonia tiene una particularidad y es que es una ley muy burguesa, es decir, quiere impedir que la gente de clases más humildes pueda ser universitaria. ¿Y cómo lo impide? Obligando a ir a clase. Claro, si tú obligas a ir a clase, no puedes a la vez trabajar e ir a clase. Entonces solamente pueden ir a clase aquellos que tienen una estabilidad o un nivel económico suficiente", dice Carlos Elías.Esto mismo le ha sucedido a Borja Morteo. Su decisión de no ir a clase no viene determinada por la falta de compromiso, sino por su necesidad de trabajar para poder costearse la vida en Madrid: "La universidad y el profesorado no ofrecen alternativas para quienes se encuentran en una situación económica desfavorable", declara. A lo que añade: "He llegado a recibir respuestas de profesores diciéndome: No es mi culpa que tengas que trabajar". De acuerdo con su experiencia, esto le ha supuesto un deterioro significativo de su salud mental. El hecho de haber tenido que trabajar y no haber podido asistir a todas las clases le ha hecho sentir que ha perdido los años de universidad y la posibilidad de acceder a un conocimiento que sí considera valioso: "Creo que las personas que trabajan y estudian deberían tener facilidades y lo único con lo que se encuentran son con problemas y dificultades por parte de la docencia", denuncia.Otro de los factores que afecta al alumnado es la distancia de los centros universitarios respecto a sus hogares. "¿Qué pasa hoy en día con la gente que vive muy lejana a la universidad, que tarda dos horas de ida y dos horas de vuelta?", se pregunta Carlos Elías. "Por ejemplo, en Santiago de Compostela. Hay gente que vive en Vigo o en A Coruña. No puedes decirle a un alumno que se haga hora y media de viaje para luego encontrarse con una educación deficiente o un profesor que solo se limita a leer diapositivas". Esta ha sido la situación de Sofía Estrella, que, durante los años de universidad, ha tenido que afrontar dos horas de viaje de ida y otras dos de vuelta, desde un pueblo de la sierra de Madrid hasta el sur de la comunidad: "El factor principal de mi absentismo se debe a la distancia de mi casa y al tiempo que pierdo en el transporte público, sobre todo en épocas con mucha carga de trabajo o exámenes. Necesito el tiempo de no asistir a clase para poder estudiar". A lo que añade: "Las universidades en Madrid están muy lejos. Hay muy poca gente que esté haciendo esos trayectos por menos de una hora u hora y media". Desplazamiento del aprendizaje El fenómeno de la abstinencia estudiantil plantea un debate complejo en el que distintos factores sociales se interrelacionan. Esto responde a un entramado de relaciones donde la desmotivación y el malestar convergen, dificultando la atención y el correcto seguimiento de las asignaturas. Se origina, por lo tanto, un desplazamiento de la experiencia de aprendizaje hacia un modelo docente donde el objetivo está más relacionado con obtener un título y a poder –en el mejor de los casos– acceder a un trabajo digno."Como alumna muy involucrada con mi carrera, me encantaría decir que asisto para aprender. Ahora bien, la realidad es que nosotros nos encontramos inscritos en un sistema capitalista y un mercado de trabajo que muchas veces no nos permite ver la universidad como una herramienta de aprendizaje", expresa Sofía Estrella. "En mi opinión, yo sí creo que el alumnado está asistiendo poco a clase. Yo misma he asistido, muchas veces, porque he sentido empatía por el profesor. Ahora bien, no creo que no asistan porque sean unos vagos, sino porque están priorizando otras cosas: trabajo, prácticas universitarias y proyectos personales".PublicidadEn este sentido, si bien el absentismo estudiantil no parece tener una única causa, se observa un creciente malestar que obstaculiza la experiencia de los estudiantes y su rendimiento académico. La universidad se enfrenta a una pregunta incómoda sobre el futuro de la docencia y el papel de la educación pública accesible en una sociedad atravesada por la precariedad y la desmotivación.
Aulas vacías, alumnos desmotivados: qué hay detrás de la ola de absentismo estudiantil en la universidad
Los cambios en los hábitos de estudio, las nuevas expectativas del alumnado sobre el aprendizaje y las dificultades de cociliación derivadas de factores socioeconómicos han dado lugar a una problem...










