Mujeres narran el trauma y las secuelas físicas tras sufrir, nada más dar a luz y sin su consentimiento, una práctica médica que algunos expertos comparan con la mutilación genital femenina

Hace casi dos años que dio a luz y Ogunma Micheal aún no termina de entender qué pasó aquel día. Lo que sí sabe es que el parto la dejó traumatizada. “No quiero ni hablar de ello, odio la idea de tener que volver a pasar por eso de nuevo”, explica a este periódico. Para esta mujer de 31 años, oriunda de la ciudad de Calabar, en el sureste del país, el dolor no terminó tras dar a luz sino que se intensificó. Tuvo a su bebé en un centro de atención primaria en el que trabajan únicamente comadronas y después del parto, le dijeron que había sufrido desgarros aunque no le detallaron la gravedad. Solo más tarde supo que habían sido profundos, debido al gran tamaño del bebé. Una semana después del parto, cuando el cuerpo ya había comenzado a sanar, le pusieron puntos de sutura. “El dolor era insoportable, la anestesia no funcionaba”, recuerda en una entrevista telefónica.

En algún momento les pidió que pararan, pero no lo hicieron. No logra quitarse de la cabeza que le dijeron que era un procedimiento destinado a garantizar la satisfacción sexual de su marido. “Ni siquiera les preocupaba mi dolor, solo el placer de mi marido”, dice, asegurando que no tenía la más mínima idea de qué le estaban haciendo. “No sabía que me iban a hacer lo que la gente llama ‘el punto del marido”, lamenta.