Pamela Clynes explica que si hasta hace poco las mujeres no hablaban abiertamente del placer, mucho menos lo hacían de la vulvodinia. Ella lo describe como “un fuerte ardor” en la vulva que le impedía hacer una vida normal y que cada vez fue a más. “A mis 29 años empecé con síntomas más fuertes”, cuenta por videollamada desde Ciudad de México. “Al principio pensé que tenía una infección; me dolía tener relaciones sexuales y tampoco podía estar sentada o acostada”, explica. Clynes acudió al ginecólogo, donde le realizaron varias pruebas y le prescribieron un tratamiento, pero los días pasaban y el dolor cada vez iba a más. “Empecé a ir a un ginecólogo detrás de otro, pero ninguno acertaba con lo que me pasaba”, cuenta ahora a sus 41 años. Como las pruebas no arrojaban ningún resultado, el dolor de Clynes no existía para los médicos. “Me dijeron que no tenía nada y me mandaron al psicólogo”, recuerda. Tuvieron que pasar más de dos años para que un especialista en Estados Unidos hiciera un diagnóstico correcto: tenía vulvodinia. Un dolor crónico en la vulva caracterizado por quemazón, escozor o irritación junto con otras características del dolor neuropático.

Aquello que le sucedió a Pamela Clynes no fue un hecho aislado. La mayoría de mujeres que tienen este padecimiento lo describen como “un dolor tan fuerte” que impide hacer cualquier actividad con normalidad. Tener relaciones sexuales, trabajar sentada varias horas o llevar ropa muy ajustada pueden convertirse en un auténtico infierno. Sin embargo, muchas de ellas no son escuchadas en consulta o se minimiza el dolor que sienten. Un estudio reciente publicado por la revista JAMA Network Open en Estados Unidos apunta a que esa manipulación de las pacientes es más común de lo que se piensa y que puede llevarlas a dudar de su propia cordura. El trabajo, una encuesta realizada a 447 pacientes, menciona que se trata de un fenómeno conocido como gaslighting médico y es “común entre los especialistas que tratan a mujeres con vulvodinia, endometriosis, cistitis intersticial y otras afecciones pélvicas que pueden llegar a producir dolor crónico durante años”.