El plan para liquidar la “imposición del catalán” genera poca credibilidad en los municipios afectados por la medida y levanta rechazo dentro de las propias filas populares
“Contesto una en catalán y después a ustedes en castellano, ningún problema”. Pero, en aquella rueda de prensa que daba el entrenador Raúl Agné tras un partido del Girona en Huesca, sí surgían problemas por la manera de expresarse del protagonista y el runrún siguió hasta que la comparecencia quedó finiquitada abruptamente. Han pasado quince años de aquello y Agné, natural de Mequinenza, considera que “la forma de pensar de algunos parece que no ha variado, todavía se les ve más el plumero cuando logran mandar”. El pacto de gobierno sellado en Aragón por PP y Vox fija por escrito “librar Aragón de la imposición del catalán”. Una intención que pone en la diana la lengua común de hasta 50.000 personas (“no hay ningún censo oficial, pero por ahí se estima”, dice el Institut Aragonès del Català) que habitan en las comarcas que lindan con Cataluña y donde el propósito lingüístico del nuevo gobierno regional se acoge con más descrédito que interés. Incluso dentro de las propias filas del PP han surgido voces críticas con la utilidad y la conveniencia del empeño.







