“Una mano mira al cielo, la otra en el cajón del pan”, cantaba María Jiménez tocada con plumas de pavo real. La famosa letra de La lista de la compra, de La Cabra Mecánica, puede verse a la luz de La escuela de Atenas, el cuadro en el que Rafael imagina a Platón y Aristóteles, las figuras que ilustran esta página, como los pilares centrales de la filosofía griega.Si en la cultura popular podemos encontrar ecos del pensamiento clásico, el diálogo entre dos sabios españoles que saben más que los siete de Grecia juntos porque acumulan el saber de los dos mil quinientos años que han transcurrido desde el paso del mito al logos rompe la barrera del sonido en el ir y venir entre el mundo de las ideas y la realidad práctica.La filosofía es literatura, literatura conceptual, pero no ciencia”Javier Gomá y Ángel Gabilondo conversan durante más de hora y media como si estuvieran en la academia o el liceo, dejándose guiar por lo que uno y otro dicen, escuchándose y replicándose con profundo respeto, para desentrañar las enseñanzas que aún perviven en La república de Platón y la Política de Aristóteles, a propósito de las nuevas traducciones que ha publicado Arpa y ellos han enriquecido con sendos prólogos.Gomá, que se ha ocupado del libro de Platón, insiste en que la filosofía es una rama de la literatura , conceptual si se quiere, pero literatura, y que por eso, porque no es ciencia, disciplina de saber acumulativo, “vive en una eterna primavera”. Leemos a los clásicos porque “son obras que han encerrado una verdad que soporta el paso del tiempo”.“La noción de dignidad humana es la que distingue al hombre moderno del antiguo”Javier Gomá en la Fundación Juan March de Madrid. Jesús Hellín / STUDIOMEDIA19Gabilondo, que se inclina hacia la metafísica casi sin darse cuenta, lamenta que, a diferencia de los de Platón, los diálogos de Aristóteles, el autor sobre el que él ha escrito, se hayan perdido y su pensamiento nos haya llegado solo a través de las notas con las que preparaba sus cursos. Pero siempre “hay una intervención del oyente en la redacción del texto”, indica. “No es que hagamos una conversación sobre el pensamiento, sino que el propio pensamiento es una conversación”, reflexiona sobre el diálogo como género, que no significa, advierte, hablar dos, sino que “el logos está atravesado por su propio decir”.Evaluado el valor del diálogo para transmitir el “pensamiento abierto” de los clásicos y hacerlos “nuestros contemporáneos”, ambos coinciden en que Platón no era casi nunca platónico ni, muchas veces, Aristóteles aristotélico.“La filosofía es diálogo, pensamiento abierto, no es estar razonando en tu alcoba a solas”Tanto el uno como el otro anteponían la oralidad a la escritura como forma de conocimiento, explican. Lo importante para Platón y para Aristóteles, que fue su discípulo durante veinte años, era convivir, conversar, y el diálogo escrito no es sino una imitación de esas charlas que se dan en la realidad. “La filosofía no es estar razonando en tu alcoba a solas”, argumenta Gomá, sino que es el fruto de estar con la gente hasta que “de repente” se produce el “centelleo”, la iluminación del conocimiento al que se refiere Gabilondo.“El peligro es entender lo escrito como algo cerrado, clausurado y entregado dogmáticamente, y por ello la acción de leer libera el pensamiento para abrirlo a otras posibilidades”, sostiene el Defensor del Pueblo, ¿o de la Polis?, para quien un libro no existe, a la manera cuántica, si no se abre: “El lector es el último autor”, defiende.“El peligro es entender lo escrito como algo cerrado, el lector es autor”Ángel GabilondoJesus Hellin/STUDIO MEDIA 19De hecho, abunda el director de la Fundación Juan March, en cuya sede se desarrolla el diálogo, hasta el siglo XVIII leer era un acto colectivo en sí mismo. Se leía en voz alta. El individuo como tal, prosigue Gomá, no era algo que preocupara ni a Platón ni a Aristóteles, y por ahí es por donde se cuela la gran cesura entre antiguos y modernos, sobre todo a partir de la noción de la dignidad humana.“Es muy importante no tener nostalgia de Grecia. Probablemente los griegos de verdad somos nosotros”, tercia Gabilondo, con la esclavitud y la falta de derechos de las mujeres y los no ciudadanos en mente, por más que Aristóteles bautizara como “animal político” al que es capaz, a diferencia de las bestias, de comunicarse, circunstancia que le causaba sorpresa: “Somos una especie rarísima, seres de palabra que compartimos con otros un cierto carácter moral gracias al lenguaje”, añade.“La política aparece como una posibilidad de generar espacios de convivencia”“A partir del siglo XIX, el individuo se emancipa del todo cósmico anterior y se descubre semejante a un ángel”, recuerda Gomá, para quien el romanticismo alumbra a un nuevo hombre: mientras que en la polis, o en la actual China, el interés particular se pliega al general, la dignidad moderna invierte los términos: “En Occidente hemos admitido que cada ciudadano es un contrapoder. Por eso la democracia es una fragilidad invencible, porque el respeto a la noción de persona, que no concebían Aristóteles ni Platón, saber que ningún ser humano es superior a otro, que todos son, entre comillas, sagrados, impera sobre el colectivismo”.Sin embargo, a los filósofos griegos la idea del genio les era ajena, y eso, que tenía su parte buena, como que Platón y Aristóteles pudieran pasar veinte años juntos como maestro y discípulo sin pelearse, algo impensable hoy en día, bromean Gabilondo y Gomá, los hizo sobrevalorar la capacidad de construir sociedades perfectas.“Somos seres de palabra que compartimos un carácter moral”Más en el caso de Platón, que en La República , no tanto en Las leyes , que escribió más tarde, ya con ochenta años, y supuso una especie de autoenmienda, plantea lo que Gomá define como “totalitarismo del bien”. Ese dualismo estricto y puritano del Platón más platónico, que contrasta con el carácter juguetón y hasta “lujurioso” de la mayoría de sus diálogos, lo corrige luego Aristóteles en su Política , donde advierte que la polis, el Estado, no puede ordenarse por la razón absoluta como las matemáticas o la física, porque no pertenece al orden de lo necesario, como la caída de una piedra, sino que tiene un carácter contingente, porque “lo humano está trenzado con la casualidad, con la fortuna, con la libertad”.Y prosigue: “Al principio de la Ética , casi de pasada y de esa forma antienfática tan suya, Aristóteles tuvo la intuición absolutamente deslumbrante, que hizo época, de decir que ética y política son lo mismo, que la una es continuación de la otra”.Si la República de Platón, como sugirió de forma “algo tosca” Karl Popper, según Gomá, es una utopía contraria a la democracia liberal, Aristóteles es menos ambicioso y, como dice Gabilondo, considera que la política ha de ser considerada “un saber de la prudencia, de la sabiduría y de la inteligencia práctica”. Es decir, se muestra más realista que su maestro.Es comprensible, porque Platón creaba casi del vacío, mientras que Aristóteles lo tenía a él por encima. Además, la república ideal, así como la preponderancia de Atenas, se empezó a cuestionar con el auge de Alejandro Magno, que sustituyó las viejas polis por los nuevos Estados macedonios.Sea como fuere, los dos coincidían en su rechazo visceral del sofismo, el desprecio de la verdad en aras del poder: “La tarea que nos enseña este único texto que forman La Repúbli ca y la Política es la íntima relación de la política con un decir que haga lo que dice y con personas que digan y hagan lo que dicen y lo que son”, señala Gabilondo, que no en vano fue ministro de Educación. Y en este sentido, “es muy importante vincular la política con la felicidad”, apunta, aun consciente de que si alguien defendiera algo así desde el atril del Parlamento “le dirán que deje de beber”.En resumen, las enseñanzas políticas de los clásicos se cifran en buscar el “régimen de la medianía” en sentido positivo, el de moderación, ponderación y justicia, sin caer en “la trampa de las grandes ideas, los grandes bienes, las grandes bellezas como objetivo de la vida”, continúa el filósofo donostiarra, para quien la política “aparece como una posibilidad de generar espacios de convivencia, concordia, mesura y vida sencilla”. Algunos dirán “mediocre”, asume Gabilondo, pero le da lo mismo. ¿Y cómo se consigue? Siendo buenos y cultivando la amistad, con voluntad de aprender y saber. “La educación es el camino, y como me ha quedado muy sentencioso seguro que no es así”, duda y bromea a la vez.Licenciado en Filología y Periodismo y posgraduado en Crítica Literaria, sigue la actualidad cultural en Madrid
Los griegos somos nosotros: Ángel Gabilondo y Javier Gomá acercan a Platón y Aristóteles al siglo XXI
Ambos filósofos conversan en la Fundación Juan March sobre 'La república' de Platón y la 'Política de Aristóteles', a propósito de las nuevas traducciones que ha publicado Arpa










