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Arabia Saudita alberga algunos de los desiertos más extensos del planeta, pero esa abundancia de arena no garantiza el acceso al material que necesita la industria de la construcción. En 2023, el reino importó arena natural para uso constructivo desde varios países, entre ellos Australia, según registros comerciales del Banco Mundial. El dato puede parecer contradictorio, aunque la explicación se encuentra en las propiedades físicas de los granos.

El país impulsa actualmente grandes proyectos de infraestructura dentro del programa Visión 2030, que incluye desarrollos como NEOM, Red Sea Global y Qiddiya. Estas iniciativas requieren enormes cantidades de hormigón para carreteras, hoteles, viviendas, puertos y servicios públicos. Sin embargo, la arena de las dunas saudíes presenta características que limitan su utilización en estructuras convencionales.

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No toda la arena posee las mismas propiedades. Los materiales procedentes de ríos, canteras, lagos o determinadas zonas marinas suelen presentar partículas con bordes más irregulares y tamaños variados. Esa combinación favorece una mejor compactación dentro del hormigón.