Las grandes extensiones de arena que aparecen en documentales, mapas y fotografías suelen adueñarse de la imagen que muchas personas tienen de los desiertos. Esa referencia dominante hace que un único ejemplo acabe representando a paisajes muy distintos, desde regiones de roca desnuda hasta territorios donde apenas cae lluvia durante millones de años.
La asociación resulta tan fuerte que otras zonas áridas quedan fuera de esa imagen habitual, aunque sus condiciones sean incluso más extremas. Esa diversidad explica que algunos desiertos desafíen por completo las ideas más extendidas sobre cómo son y cómo evolucionan.
Un estudio situó el origen de la sequedad mucho antes
Un estudio publicado en la revista Nature Communications sostiene que el núcleo hiperárido del desierto de Atacama, en el norte de Chile, podría haberse mantenido extremadamente seco desde hace unos 45 millones de años. La investigación, desarrollada por especialistas de la Universidad de Colonia, retrasa en más de 20 millones de años el origen de esas condiciones respecto a las estimaciones aceptadas hasta ahora.
La conclusión adquiere especial relevancia porque Atacama se distingue de otros grandes desiertos del mundo por la estabilidad de su historia climática. Mientras regiones como el Sáhara han alternado fases húmedas y secas a lo largo del tiempo, con transformaciones profundas ligadas a cambios orbitales de la Tierra, el desierto chileno muestra una continuidad mucho mayor. Esa persistencia también explica que se utilice con frecuencia como referencia para estudiar cómo sobreviven los organismos en condiciones extremas y cómo evolucionan los paisajes sometidos a una sequedad prolongada.














