No hay nada como nuestra propia casa. Es cómoda, familiar y está llena de recuerdos. Para muchos adultos mayores, envejecer en casa es clave para su independencia y para su buena calidad de vida en la vejez. Pero con la edad, la movilidad disminuye y las cosas que antes se hacían sin dificultad ahora pueden suponer un reto mayor. Quizás las escaleras parezcan más empinadas o ya no se tiene la misma estabilidad al entrar y salir de la ducha. Son pequeños desafíos que van apareciendo de forma gradual y que hacen que el hogar no sea tan seguro ni tan cómodo como antes.
Pero eso no significa que se tenga que renunciar a la independencia ni abandonar el lugar donde queremos vivir. Con algunas adaptaciones, nuestro hogar puede ser igual de seguro que siempre. “Para que el deseo de envejecer en su propio hogar no se convierta en un factor de riesgo, la casa debe evolucionar al mismo ritmo que nuestras capacidades físicas y cognitivas; no se trata de cambiar de vida, sino de adaptar el espacio para mantener la autonomía el mayor tiempo posible”, nos explica Paola Ríos Germán, doctora especialista en Geriatría y Medicina Preventiva.
Mantener la independencia y lograr la seguridad en el hogar no tienen por qué ser objetivos contrapuestos. Más bien al contrario. “La adaptación del hogar no debe verse como un paso hacia la dependencia, sino todo lo contrario: es una herramienta de prevención y una inversión de calidad: un entorno amigable prolonga la independencia de la persona y retrasa la necesidad de institucionalización”, afirma Ríos.











