El ADN extraído de antiguas semillas de uva de unos 2 000 años de antigüedad, halladas en pozos de la localidad toscana de Cetamura del Chianti, permitió reconstruir los orígenes del vino moderno y su historia genética.El resultado, publicado en la revista científica Journal of Archaeological Science por un equipo de investigadores liderado por la Universidad de York, en el Reino Unido, demuestra que los antiguos viñedos cultivados en esa región formaban parte de una sofisticada red agrícola desarrollada por el Imperio Romano, que sentó las bases de la actual producción vitivinícola.Los investigadores, dirigidos por Oya Inanli, secuenciaron el ADN de 80 semillas que abarcan un período comprendido entre aproximadamente el 300 a.C. y el 300 d.C.Las semillas fueron arrojadas por los habitantes de la zona en profundos pozos, donde el barro carente de oxígeno permitió su excepcional conservación durante siglos.

La inmensa mayoría de las muestras analizadas pertenece a una única variedad de uva, transmitida de los etruscos a los romanos y mantenida durante generaciones.

"También pudimos dar un paso más con los análisis genéticos y determinar el color de estas antiguas uvas", explicó Inanli."Los marcadores revelaron que este clon dominante y longevo producía bayas blancas".Especie milenaria