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Analistas intentan entender el caos que se instaló en Estados Unidos desde que Donald Trump asumió el poder por segunda vez. Las periodistas Naomi Klein y Astra Taylor explican que, en tiempos de cambio climático acelerado, estamos ante un fascismo del fin de los tiempos. Una de sus características es la concentración de poder y riqueza en pocas manos. Ha emergido, sin pudor, una clase oligárquica que opera bajo la premisa de que si usted es lo suficientemente rico, no hay reglas. Esta premisa se ofrece al votante como mentalidad y promesa del mundo dividido entre ganadores y perdedores. El desprecio por el débil se vuelve identidad política y ahí está su sex appeal electoral ya que, aunque la mayoría nunca compartirá la fortuna de los oligarcas, sí puede compartir el placer de patear hacia abajo (contra los pobres que reciben subsidios e inmigrantes que serían los culpables de que el país no despegue).
Otra característica es la convicción de los líderes de la derecha y sus aliados millonarios de que pueden abandonar sus países y sus responsabilidades para vivir donde mejor les convenga. Klein y Taylor describen ese credo: quienes tienen modo tienen derecho a desentenderse de las obligaciones de la ciudadanía, empezando por los impuestos y las regulaciones engorrosas. Algunos sueñan con retirarse a paraísos privados protegidos por mercenarios, otros aplican la misma lógica a escala nacional y quieren convertir sus países en fortalezas armadas, sin inmigrantes ni solidaridad, donde la ciudadanía sea privilegio de unos cuantos y los demás sean expulsables y encarcelables. La premisa de fondo es que el planeta se dirige a un cataclismo y llegó la hora de decidir qué partes de la humanidad merecen salvarse. Este fascismo del fin de los tiempos se caracteriza también por su misoginia. Si usted es lo suficientemente rico, está seguro de que las reglas no aplican para usted, incluidas las que protegen los cuerpos de las mujeres y de las niñas. Por eso el escándalo que persigue a esta élite son los archivos de las redes de explotación sexual de Epstein, que durante años puso adolescentes a disposición de hombres poderosos con total impunidad.







