El fiasco de la operación para construir un único avión de caza de combate europeo es entre severo y catastrófico.Porque el proyecto consorciado del FCAS (Futuro Sistema de Combate Aéreo, por sus siglas en inglés) era la estrella de la Europa de la defensa, según la cuantía de la inversión, 100.000 millones de euros. El presupuesto revela el valor político de un plan.Porque hoy no hay campaña ganadora sin dominio aéreo, aunque no baste.Porque, junto a misiles, drones y satélites, los cazas de quinta generación (y sexta, en ciernes) configuran el cuarteto de los instrumentos —muy tecnológicos— decisivos.Y porque supone la peor brecha respecto a la industria de EE UU. Y el termómetro de la dependencia europea del Pentágono y su complejo industrial, simbolizada en el predominio absoluto del furtivo F-35, capaz de sortear los radares enemigos. O se converge o Europa no será confiable al hablar de autonomía estratégica, de algún atisbo de independencia.La ruptura entre París y Berlín del FCAS, multinacional pero de base franco-alemana, plasma y simboliza la quiebra de la unidad europea, no ya por socios menores, sino de los nucleares. Los que fraguaron el invento desde la Declaración Schuman (1950). Y que precisamente cosechó su primer gran fracaso en agosto de 1954, cuando la chovinista Assemblée francesa rechazó la Comunidad Europea de Defensa. Hundió el proyecto de un ejército común europeo y brindó el dominio militar de Europa a la OTAN. O sea, a EE UU.Esta misma actitud ha hecho capotar al caza europeo. No es Europa quien se evapora, sino París el que falla. Rechaza compartir en igualdad de condiciones con Berlín (y otros) la alta dirección del proyecto, escudándose en que necesita un avión capaz de transportar armas nucleares, le irrita que los demás irrumpan en la vecindad de su monopolio atómico.La excusa de un mero desacuerdo técnico-industrial entre empresas, la privada francesa Dassault (celosa de sus secretos industriales y su propiedad intelectual) y la división alemana de Airbus (que pretendía un trato equiparado) es del todo idiota. Los culpables son los dirigentes políticos, el canciller Friedrich Merz y el presidente Emmanuel Macron, sobre todo este último. Es risible que para sacudirse la responsabilidad remita a la autonomía empresarial. Fue él, con la canciller Angela Merkel, quien lanzó en 2017 el proyecto común.El fiasco mella además el modelo del consorcio Airbus para otras grandes iniciativas. Habrá salidas. Dispersas y más débiles. A lo peor, tres: alemanes (sus ocho empresas del ramo) con suecos (Saab) y salvo sorpresa, españoles (Indra); italianos con británicos y japoneses (BAE, Leonardo, Jaiec), y franceses con franceses. Claro que EE UU también tiene tres fabricantes de cazas de combate: Lockheed, Boeing y Northrop. Pero ellos tratan con una sola autoridad, van por delante y su tamaño se lo permite.
El caza de combate, fiasco de Europa
El fracaso del FCAS refleja la falta de unidad por culpa de los dirigentes políticos, y en este caso en especial Macron
Francia ha bloqueado el FCAS (100 mil M€) rechazando compartir dirección con Alemania por su monopolio nuclear, fragmentando Europa. El fracaso consolida dependencia del Pentágono y F-35 versus tres concentrados fabricantes estadounidenses, minando autonomía estratégica.












