El politólogo alemán Dolf Sternberger, en el año 1947, construye la teoría del patriotismo constitucional para dotar de un regeneracionismo moral y democrático a la sociedad alemana, marcada por el estigma del Holocausto. Jürgen Habermas la desarrolló integrándola con los valores constitucionales de la Ley Fundamental de la República Federal alemana de 8 de marzo de 1949 y las declaraciones internacionales de los derechos humanos. PublicidadHabermas se incorpora a la Escuela de Fráncfort y se convierte en uno de los pensadores más importantes de nuestra era, hasta su reciente fallecimiento el pasado 14 de marzo. Entre sus aportaciones más relevantes se encuentran la construcción de la teoría de la acción comunicativa, la ética del discurso y la teoría de la democracia deliberativa. Su obra es monumental. Pocos conocen las cartas que se intercambia con Joseph Ratzinger (Benedicto XVI) que plasma en su obra Entre el naturalismo y la religión. Cada vez me parecen más sugestivas y necesarias sus reflexiones sobre el "patriotismo constitucional" y sus repercusiones sobre una unión política europea basada en una Constitución y en un derecho asentado sobre valores comunes. Para Habermas, la UE es una "comunidad política de alto nivel" y, además, un "paso decisivo en el camino hacia una sociedad mundial políticamente constituida". A la vista de los traumáticos acontecimientos que estamos viviendo, no parece que los países que acaparan la supremacía mundial ni los órganos directivos de la UE sigan la senda que ha marcado su pensamiento.Proyectando la teoría del patriotismo constitucional sobre el momento político que estamos viviendo en nuestro país, se observan alarmantes signos autoritarios. El fenómeno no es exclusivo de nuestra especial y reciente trayectoria política, pero no por ello deja de ser inquietante. Cada vez es mayor el número de personas, especialmente gente joven, que apoya, según las encuestas, las propuestas de partidos políticos que nos quieren hacer retroceder a los tiempos de una larga dictadura asentada sobre un nacionalismo basado en las glorias del imperio y una comunión con el nacional catolicismo, como contrapunto a las convicciones democráticas que quieren avanzar hacia modelos integradores y solidarios, tal como se recogen en nuestra Constitución. No olvidemos que proclama como valores superiores del ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.En el Preámbulo de nuestra Constitución se proclama el propósito de garantizar la convivencia democrática, un orden económico social y justo, además de potenciar el Estado de Derecho y el imperio de la ley como expresión de la voluntad popular. No hay otra forma de patriotismo que el respeto al derecho de la comunidad internacional y a los tratados y declaraciones de los derechos humanos. Los que en estos momentos se alinean con la brutalidad sanguinaria de Israel y Estados Unidos, deben ser conscientes de que se sitúan al margen de las normas y reglas que han configurado los avances de la civilización. PublicidadDe forma coherente con sus postulados, el partido político Vox, que tiene en sus estatutos el objetivo de fomentar el "patriotismo español", ha lanzado la idea de la "prioridad nacional", concepto absolutamente indeterminado y por supuesto inconstitucional. No solo vulnera nuestro texto constitucional, sino también el Código Penal y el Tratado Fundacional de la Unión europea. Uno de sus genios jurídicos ha aclarado que solo son españoles los nacidos de padre y madre españoles. No solo demuestra su ignorancia jurídica, sino que destila un supremacismo racista que tiene un tufillo hitleriano que nos recuerda a la pureza de la raza ariaSu valedor, el Partido Popular, en sus estatutos se define como una formación política de centro reformista al servicio de los intereses generales de España, que tiene a la persona como eje de su acción política y el progreso social como uno de sus objetivos. Con clara vocación europea e inspirado en los valores de la libertad, la democracia, la tolerancia y el humanismo cristiano de tradición occidental. No sé si se han dado cuenta que han dejado fuera a San Pablo y San Agustín. También aboga por una comunidad internacional fundamentada en la paz y en el universal respeto de los derechos humanos. Por lo que se escucha a sus dirigentes, parece que no han leído o se han olvidado de sus estatutos. Han tenido oportunidad de escuchar, a pocos metros, las palabras de León XIV: "Allí donde una persona es discriminada por su origen nacional, étnico, religioso o lingüístico o por su condición económica o social, se vulnera gravemente el principio universal de la igual dignidad de los seres humanos". PublicidadNo creo que pretendan plasmar en un texto escrito este engendro jurídico, ético, moral e incluso anticristiano de la "prioridad nacional", pero les servirá de munición política en unas futuras elecciones generales. Espero que alguien les avise de las consecuencias que tendría en nuestra posición y compromisos contraídos desde muestro ingreso en la Unión Europea. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea, en la sentencia de 21 de abril de 2026, condena a Hungría por su normativa discriminatoria, recordando que el artículo 2 del Tratado de la Unión Europea establece que: "La Unión se fundamenta en los valores de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías. Estos valores son comunes a los Estados miembros en una sociedad caracterizada por el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre mujeres y hombres". Su incumplimiento por alguno de los Estados miembros puede llevar aparejada, entre otras sanciones, la congelación de los fondos europeos e incluso la privación del derecho de voto en el Consejo de la Unión Europea, formado por los jefes de Estado o de Gobierno de los veintisiete.Los valedores del principio de la "prioridad nacional" que han conseguido inocular en una parte importante de la sociedad española, son conscientes de la falsedad de los datos que manejan y de la carga de odio que están sembrando. Saben que plasmar ese proyecto en nuestro ordenamiento constitucional y legal es imposible y creo que no han valorado la respuesta de la normativa de la Unión Europea. Sin embargo, lo utilizan, con el aplauso de la práctica totalidad de la derecha mediática, como munición política para recabar el voto. Como nos recuerda Habermas: "La ley tiene la función de integración social". El único patriotismo español o global se basa en el respeto a los principios democráticos y a los derechos humanos. Las tesis supremacistas, con reminiscencias de un pasado trágico, no tienen cabida en un mundo que lucha por mantener, incluso con indeseables deficiencias, los valores de la dignidad, la igualdad y la solidaridad. La Declaración Universal de los Derechos Humanos nos recuerda que: "Todos los seres humanos nacen libres e iguales en derechos". Cualquier otra alternativa nos lleva a la Edad de piedra, como le gusta amenazar a Donald Trump, pero sin tener en cuenta que la tecnología nos reduciría a seres amorfos, alfa o beta, como nos retrata Aldous Huxley en su novela cumbre: Un mundo feliz. En principio se trata de una utopía, pero sin darnos cuenta ya está entre nosotros de la mano de la inteligencia artificial.