OpiniónVolver a empezar no consiste en cambiar de compañero, sino en preguntarse si todavía existe algo nuevo por descubrir de él.Sostener una relación en pareja. Foto: iStock13.06.2026 07:30 Actualizado: 13.06.2026 07:30

Hay quienes creen que la intimidad se acaba cuando desaparece la novedad. Es una idea comprensible, aunque equivocada. La novedad es fácil; lo difícil es la permanencia. Cualquiera puede sentir mariposas durante los primeros meses de relación. Lo verdaderamente extraordinario es encontrar a la misma persona años después y descubrir que todavía quedan territorios por explorar.La cultura moderna ha convertido el deseo en una especie de fuegos artificiales: mucho ruido, mucho brillo y poca duración. Se exalta el comienzo porque el comienzo es cinematográfico. Todo es promesa. Todo es expectativa. Todo es posibilidad. Pero la vida real ocurre después, cuando llegan las cuentas, los hijos, los horarios imposibles, los dolores de espalda, los medicamentos, los desencantos y las pequeñas manías que nadie mostró antes. LEA TAMBIÉN Es allí donde empieza la parte interesante. Porque volver a empezar no consiste en cambiar de compañero de catre. Eso es relativamente sencillo. Volver a empezar consiste en mirar a quien lleva años compartiendo la cama y preguntarse si todavía existe algo nuevo por descubrir. La respuesta suele ser sí.Lo que ocurre es que muchos dejan de buscar.Las parejas envejecen juntas, pero también se transforman juntas. La persona que duerme al lado no es exactamente la misma de hace diez, veinte o treinta años. Ha acumulado derrotas, aprendizajes, cicatrices, nostalgias, miedos y certezas. Es, literalmente, otra persona. El problema es que a veces seguimos tratándola como si fuera la versión antigua.Quizá por eso algunas relaciones parecen apagarse. No porque falte deseo, sino porque sobra costumbre. Y la costumbre tiene una habilidad extraordinaria para volver invisible lo que sigue siendo valioso. LEA TAMBIÉN Volver a empezar puede ser una conversación pendiente. Una cena sin celular. Un viaje improvisado. Una caricia que no busca llegar a ninguna parte. O simplemente la decisión consciente de volver a mirar de verdad.Porque las ganas rara vez mueren de vejez. Suelen morir de indiferencia. Hay parejas que llevan décadas juntas y conservan una complicidad que los jóvenes observan con envidia. No es magia. No es suerte. Es trabajo silencioso. Es la disciplina afectiva de no dar por sentado al otro. Es entender que sentir no es una fotografía, sino una película que sigue escribiéndose mientras exista alguien dispuesto a leer el siguiente capítulo. LEA TAMBIÉN Al final, la intimidad quizá no consista en encontrar una persona nueva. Consiste en descubrir, una y otra vez, que la persona conocida todavía guarda secretos. Y tal vez el verdadero erotismo de la madurez sea ese: comprender que, después de tantos años, vale la pena volver a empezar. Porque algunas historias no se sostienen gracias a la pasión de la primera noche, sino gracias a la decisión de elegir la misma compañía cada mañana. Y eso, aunque resulte menos cinematográfico, suele ser infinitamente más difícil y mucho más grato. Hasta luego.Esther BalacPara EL TIEMPO Sigue toda la información de Salud en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.