Picos de Europa es un universo en sí mismo. Más de 600 kilómetros cuadrados de extensión geológica: piedra caliza moldeada por milenios de lluvia, nieve, viento y sol. No son montañas dóciles, sino una fuerza antigua y sobrecogedora. Este macizo rocoso ofrece a quien camina sus senderos una experiencia de inmersión y contemplación difícilmente comparable.
Este escenario, repartido entre Asturias, Cantabria y León, es el primer parque nacional de España, declarado en 1918, y fue uno de los pioneros en la protección ambiental europea. El parque se divide en tres macizos: el Occidental o Cornión, el Central o los Urrieles y el Oriental o de Ándara. Entre sus agrestes parajes de picos elevados y desfiladeros abruptos, los albergues de montaña dejan de ser simples alojamientos para convertirse en auténticos refugios. Son los únicos lugares donde el visitante puede dormir a más de 2.000 metros de altura con la seguridad de tener un techo sobre su cabeza.
Cabaña Verónica: el “ovni” del Macizo Central
El entorno que se recorre en la caminata para llegar a Cabaña Verónica bien podría ser de otro planeta. Es un paraje desértico de paredes verticales talladas sobre caliza grisácea, donde las aristas afiladas del Tesorero y la Torre de Horcados Rojos eliminan cualquier rastro de vegetación. En medio de este paisaje lunar, a 2.325 metros de altura, se sitúa una estructura que rompe toda lógica montañera: una cúpula metálica brillante que parece una cápsula espacial accidentada. Ese es el refugio. Se trata de una pieza militar reciclada, la cúpula de una batería antiaérea que pertenecía a un portaaviones estadounidense.







