“Teruel existe” ha sido una de las campañas más exitosas de marketing y movilización social. Dos palabras que lograron poner a la provincia aragonesa en la conversación de media España y hacer ver a esa mitad y a la otra que Teruel no solo existía, sino que necesitaba inversiones con urgencia. Desde el punto de vista turístico sirvió también para que muchos potenciales viajeros descubrieran que Teruel tiene sitios fascinantes: Albarracín, las torres mudéjares, Alcañiz o la comarca del Matarraña. Pero hay muchos más lugares en la provincia para visitar aparte de los ya archiconocidos; igual de interesantes y prácticamente desconocidos. Aquí van siete de mis favoritos.Castillo de PeracenseNo hace mucho iba haciendo en bicicleta la vía verde de Ojos Negros cuando de repente, allá al fondo, a la derecha, vi lo que parecía un castillo en lo alto de unos roquedos de color rojizo, tan integrado en ellos que asemejaba una prolongación de la montaña. La curiosidad me hizo afrontar una durísima cuesta para ver qué era eso y descubrí uno de los castillos mejor conservados de Aragón, el de Peracense, tan integrado en el paisaje que lo rodea que llega a confundirse con las rocas de arenisca de rodeno sobre las que está edificado. El castillo de Peracense fue en sus orígenes un pequeño fortín almorávide del siglo X, levantado sobre un peñasco inaccesible. Más tarde, ya en época cristiana, el rey Alfonso I El Batallador (1073-1134) mandó ampliarlo y mejorarlo. Es un genuino castillo de frontera medieval, sin ningún tipo de lujo o confort, pensado para albergar una guarnición que vigilaba y defendía los lindes de dos reinos entonces rivales, Castilla y Aragón. En su interior se puede ver el ingenioso sistema de ingeniería hidráulica para recoger agua de lluvia, una mazmorra acomodada en una grieta natural, el horno y la antigua cocina, el sistema de paso de ronda por las murallas y la única estancia abovedada, que servía de residencia y sala de recepción al alcaide de la fortaleza.Paisaje protegido de los Pinares de RodenoMuy cerca de Albarracín existe un paraje en el que la erosión sobre las rocas de color rojo y la belleza de los bosques de pino rodeno forman un escenario singular. Las areniscas del Triásico que afloraron en la sierra de Albarracín, de fuerte color rojizo, fueron modeladas y redondeadas por el agua y el hielo hasta formar una raridad geomorfológica que llama la atención de visitantes y geólogos. Un escenario de inconfundible tonalidad y de perfiles atormentados por grietas, cárcavas, torreones y viseras. En el paisaje protegido de los Pinares de Rodeno hay muchos senderos señalizados. El más popular es el que parte del aparcamiento principal, el de La Escombrera, y lleva hasta el mirador de Peña Roya; está pavimentado y es accesible en silla de ruedas. Un escenario tan especial atrajo al ser humano desde la Prehistoria. Por eso, otro de los grandes atractivos de la visita son las numerosas muestras de arte rupestre levantino, datadas con entre 7.000 y 4.500 años de antigüedad, es decir, en el Neolítico. Los abrigos con pinturas están perfectamente señalizados y es fácil acceder a ellos. Fueron declarados patrimonio mundial de la Unesco en 1988. Sus características formaciones rocosas se han convertido recientemente en un paraíso para los escaladores de boulder (escalada en bloques), que llegan en otoño y primavera desde toda Europa para practicarlo.Chorreras del CabrielEn Teruel hay muchos saltos de agua reseñables. El del río Calomarde es el más famoso, pero existe una excursión senderista muy recomendable en la que se ven otros tres de ellos, igual de interesantes. Es la que lleva desde el pueblo de El Vallecillo hasta los Ojos del río Cabriel, recorriendo una porción de la cabecera de este afluente del Júcar. La ruta es de ida y vuelta, tiene 8,3 kilómetros y se necesitan unas dos horas y media para hacerla. La primera parada obligatoria, al poco de salir de El Vallecillo y junto a la carretera local TE-V-9122, es la cascada del molino de San Pedro, un resalte de toba caliza de unos seis metros de altura que en época de lluvias forma una bonita cortina de agua en un entorno lleno de vegetación y humedad. Por desgracia, las ruinas de un edificio inconcluso (¿un intento de hotel rural?) afean un tanto el entorno. Poco más de kilómetro y medio más adelante aparece la espectacular cascada de los Ojos del Cabriel y un poco después otra, de la denominada cascada del Cabriel, junto a las ruinas de una herrería del siglo XVI. La senda está marcada como GR 10.1 y pertenece a la red de Senderos Turísticos de Aragón.Ríos de piedraEl municipio de Orihuela del Tremedal alberga uno de los fenómenos geológicos más singulares de España: los ríos de piedra. Son unas espectaculares formaciones rocosas que se asemejan un cauce, pero en vez de con agua, con millones de piedras de todos los tamaños. Son producto de la erosión de la última glaciación, que dejó grandes acumulaciones de cuarcitas desplazándose en masa valle abajo por efecto de la gravedad y que simulan ser ríos pétreos a los ojos del viajero. Son uno de los ejemplos más peculiares del mundo de erosión glaciar por sus dimensiones. Podrían compararse a los ríos de lava en zonas volcánicas, solo que en vez de escoria son grandes bloques de caliza los que sustituyen a las claras aguas de un río convencional. El color gris de la piedra contrasta con el verde de los densos bosques de pino silvestre que rodean el cauce. El río de piedra más fácil de visitar es de la Majada de las Vacas, señalizado en el puerto de Bronchales, en la carretera que va de Noguera de Albarracín a Orihuela del Tremedal.Sima de San Pedro de OlieteEste es otro sitio de la provincia de Teruel desconocidísimo. Se trata de un colosal agujero natural de 86 metros de profundidad y una boca de 80 metros de diámetro en las cercanías del pueblo de Oliete. Técnicamente es una dolina de hundimiento, generada al socavar el agua subterránea los estratos inferiores de roca caliza y ceder con el tiempo el techo de las galerías subterráneas que fue excavando. En el fondo hay un lago de unos 20 metros de profundidad. Merece la pena ir al atardecer porque todos los pájaros de la comarca la usan como zona de dormida. Lo curioso es que se van agrupando por especies en la boca del pozo con las últimas luces del día. Y una vez que está la bandada completa, se dejan caer en picado hacia el fondo en perfecto orden: primero van las especies más pequeñas, como los estorninos y las grajillas. Luego, las más grandes: vencejos y chovas. Y, finalmente, salen los murciélagos. Evita la tentación de asomarte al mirador metálico de color verde que se asoma al precipicio: lo hizo a finales del siglo XIX una empresa francesa que explotaba el guano de la sima y está en lamentable estado de conservación. De hecho, se ha acotado un nuevo perímetro de seguridad con nuevo cable y anclajes para que los visitantes no se acerquen al abismo. El último kilómetro de la carretera de acceso estaba en bastante mal estado la última vez que fui. Parque cultural del Río Martín y Estrechos de AlbalateEl Parque Cultural del Río Martín es una actuación cultural y turística que agrupa bajo una misma marca un territorio de ocho municipios pertenecientes a tres comarcas (Cuencas Mineras, Andorra-Sierra de Arcos y Bajo Martín), distribuidas por el sur de Zaragoza y el noreste de Teruel. Tiene en total 252,88 kilómetros cuadrados y se vertebra en torno al río Martín. Se creó para proteger y poner en valor las numerosas pinturas rupestres que aparecieron en los abrigos rocosos del cauce del Martín, así como las hoces y cañones por las que discurre, además de potenciar los valores culturales y etnográficos de los pueblos que aglutina. En 1998 fue declarado patrimonio mundial de la Unesco.Aunque se puede visitar en coche y hay muchas rutas senderistas señalizadas, la excursión más popular a pie es la que lleva a recorrer los Estrechos de Albalate, una zona donde el río se encañona por hoces profundas en las que sobrevuelan los buitres y donde abundan las pinturas rupestres. Forma parte del Sendero Turístico de Aragón GR 262. La ruta comienza en el aparcamiento junto al puente del Batán, en la carretera que une Albalate del Arzobispo con Ariño. El camino está perfectamente señalizado y sigue la antigua senda usada por los trabajadores para la construcción y el mantenimiento de una central hidroeléctrica. La ruta tiene en total siete kilómetros y es lineal; es decir, hay que prever dos coches, uno en cada lado… o hacerla de ida y vuelta. Yacimiento íbero de AzailaAzaila es un pequeño pueblo del norte de Teruel con apenas 40 vecinos. Muy cerca, en el conocido como Cabezo de Alcalá, aparecieron a finales del siglo XIX las ruinas de una gran ciudad íbera. Hoy, tras muchas décadas de excavaciones arqueológicas, el yacimiento íbero Cabezo de Alcalá se considera uno de los poblados iberoromanos mejor conservados y mejor excavados de los muchos que hay en Aragón. Una visita imprescindible para conocer y entender la vida en la península ibérica en los convulsos siglos III a I antes de Cristo, en los que Roma fue poco a poco incorporando a Hispania como una provincia más del imperio.La visita (abre sábados, domingos y festivos) empieza en el interesantísimo Centro de Interpretación que el Ayuntamiento mantiene en el centro de Azaila. En él, mediante maquetas, carteles, dioramas, fotografías y objetos (algunos de ellos, originales) se hace un recorrido sobre cómo era la vida de la Hispania íbera, la organización de los poblados, el armamento de las distintas épocas de ocupación del cabezo o una recreación de las vestimentas que se usaban entonces. Luego se sube al yacimiento, donde impresiona el excepcional grado de conservación de la calle principal, con su enlosado pétreo, sus aceras y las huellas de los carros marcadas aún en la piedra por el uso cotidiano. Desde los restos de las torres de vigilancia, la mirada se pierde en el horizonte. Sin lugar a dudas, este era el sitio perfecto para establecer una ciudad fácil de defender y que dominara todo el valle del río Aguasvivas, un afluente del Ebro.
Siete visitas en la provincia de Teruel que no son las obvias
En este territorio aragonés hay muchos lugares archiconocidos, pero también atesora rincones como el castillo de Peracense, el paisaje protegido de los Pinares de Rodeno o los ríos de piedra











