Claudia Flores preside el Grupo de Trabajo de la ONU sobre la Discriminación contra las Mujeres y las Niñas. Suena muy bien, escrito así, pero esta profesora de la Universidad de Yale, experta en derechos humanos internacionales, recuerda que finalmente son solo cinco mujeres que trabajan de forma voluntaria para lograr cambios reales en las leyes, políticas y hasta en el lenguaje humanitario internacional.“Aquí las verdaderas heroínas son las defensoras de los derechos humanos, que hacen este trabajo a nivel comunitario y usan a veces nuestras ideas y métodos para transformar las estructuras locales y lograr cambios reales en las vidas de mujeres y niñas”, dice Flores, nacida en Belgrado hace 50 años, en una entrevista con este periódico en la Universidad de Murcia, donde participó en unas jornadas sobre igualdad de género y desafíos contemporáneos.La conversación se produce en un momento en que la represión contra las mujeres arrecia en Afganistán, una de las prioridades de estas expertas, que abogan porque el mundo no considere en ningún caso interlocutores a los talibanes y califique la opresión de las mujeres del país como apartheid de género. Las afganas “no pueden hacer esto solas, necesitan apoyos, necesitan que la comunidad global reaccione de verdad”, afirma.Pregunta. ¿Por qué es importante reconocer que lo que ocurre en Afganistán no es discriminación sino apartheid de género?Respuesta. Por dos razones principales: una es que las mujeres de Afganistán llevan mucho tiempo esperando que la comunidad internacional haga algo realmente. Desde que los talibanes retomaron el control, todo ha empeorado para ellas y, finalmente, no ha habido una reacción internacional significativa. Y en segundo lugar, desde una perspectiva de igualdad de género, la eliminación sistémica y deliberada de las mujeres de la sociedad por el mero hecho de ser mujeres no puede describirse de otra manera: es apartheid como el que se hace por cuestiones raciales o étnicas. Por eso estamos trabajando también para incluir el apartheid de género en la futura Convención para la prevención y sanción de los crímenes de lesa humanidad.P. ¿Qué cambiaría en la práctica para las mujeres de Afganistán si eso ocurriera? R. Abriría varias vías para perseguir judicialmente este tipo de conductas. Probablemente también acarrearía algún tipo de consecuencias diplomáticas para los talibanes, lo que significa que los Estados tendrían que relacionarse con ellos de otra manera. Y la esperanza es que también condujera a una canalización de recursos hacia proyectos que apoyen la igualdad de las mujeres en Afganistán.P. Sin embargo, la Comisión Europea, que no reconoce a las autoridades de facto afganas, ha invitado a una delegación de los talibanes a Bruselas próximamente. ¿Es un gesto de normalización?R. Da miedo que termine pareciendo algo normal que los talibanes sean recibidos en Bruselas. También que haya Estados que sugieran ahora que va a haber algún cambio gradual en Afganistán. Estamos ante una situación muy clara de violaciones extremas de los derechos humanos y, si los compromisos de la comunidad internacional en defensa de los derechos humanos son reales, esta no es la respuesta esperada.Las mujeres de Afganistán llevan mucho tiempo esperando que la comunidad internacional haga algo realmente. Desde que los talibanes retomaron el control, todo ha empeorado para ellas y, finalmente, no ha habido una reacción internacional significativaP. En este momento hay afganas siendo detenidas en la ciudad de Herat por incumplir el código de vestimenta impuesto por los talibanes y otras arrestadas por defenderlas.R. Las afganas tienen una fortaleza y valentía difíciles de imaginar. Están respaldadas además por una enorme coalición de mujeres afganas en la diáspora, pero no pueden defenderse y hacer esto solas, necesitan apoyos, necesitan que la comunidad global reaccione de verdad.P. En 15 años, este grupo de trabajo ha logrado algunas reformas concretas en políticas de los gobiernos en materia de igualdad y hasta en el lenguaje que se usa dentro del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. ¿Cuesta mucho conseguir cambios reales?R. Somos solo cinco personas y trabajamos de forma voluntaria, pero creo que hemos logrado cosas por nuestro compromiso y por nuestros apoyos en la sociedad civil. Pero aquí las verdaderas heroínas son las defensoras de los derechos humanos, que hacen este trabajo a nivel comunitario, que usan a veces nuestras ideas y métodos para transformar las estructuras en sus pueblos y lograr cambios reales en las vidas de mujeres y niñas.P. Treinta años después de la adopción de la Declaración de Pekín para lograr la igualdad de género, ¿parte del mundo ve esta aspiración como una amenaza?R. Estamos en un momento difícil, los acuerdos que teníamos ya no generan en algunos casos el consenso, el mundo está polarizado, el multilateralismo está en entredicho y dentro de lo que está en la cuerda floja hay cuestiones relacionadas con la igualdad de género y los derechos de las comunidades LGTBIQ+. Ha habido avances, pero creo que desmoraliza mucho pensar en lo que podría haberse logrado. Pero este también es un momento con potencial, porque estemos teniendo conversaciones necesarias sobre cuáles deben ser realmente nuestros compromisos en materia de derechos humanos.P. Actualmente, hay gobiernos que usan la cuestión del género con fines electorales o populistas. R. Hay gobiernos que usan el género para avanzar en algunos de sus objetivos políticos. En Estados Unidos, por ejemplo, el Gobierno apoya ideas que reducen el concepto de género a una cuestión de sexo, es decir, considera que la biología define nuestra identidad. Pero el sistema de derechos humanos se basa en la idea de que la sociedad, la cultura y la religión influyen en nuestras identidades. Y por ello, las autoridades tienen la responsabilidad de abordar las desigualdades cuando estas existen. P. Uno de los factores clave para la igualdad de género es el acceso a la educación, del que las mujeres se ven privadas por razones políticas como ocurre en Afganistán, pero también por los conflictos o el cambio climático. ¿Cómo impedir que las niñas dejen las aulas? R. En el grupo de trabajo entendemos que la educación sienta las bases para la identidad de las niñas y su contribución a la sociedad. La educación puede verse interrumpida por una gran crisis, pero también por circunstancias: un embarazo precoz o la decisión de una familia que solo puede pagar un billete de autobús y elige que el hijo varón vaya al colegio. Y ahí es donde los Estados deben intervenir con inversión, para apoyar a las familias y enviar el mensaje de que la educación de niñas es una prioridad. La educación puede verse interrumpida por una gran crisis, pero también por un embarazo precoz o la decisión de una familia que solo puede pagar un billete de autobús y elige que el hijo varón vaya al colegio. Y ahí es donde los Estados deben intervenir.P. La salud es uno de los pilares de la igualdad, pero los recortes en ayuda al desarrollo decretados desde hace más de un año hacen peligrar muchos programas de atención a la mujer. ¿Lo están constatando también dentro del grupo de expertas?R. Efectivamente. Hay menos recursos para programas de salud e igualdad de género destinados a mujeres y niñas y también hay cierta resistencia de parte de algunos Estados para apoyar programas relacionados con derechos reproductivos y salud sexual. Estas dos cosas juntas hacen que sea difícil lograr igualdad en la salud, pero que una mujer disponga de servicios sanitarios básicos es la base para que pueda disfrutar de otros derechos como el ejercicio de su ciudadanía o la libertad de expresión. P. Usted ha escrito en artículos que su trabajo es mucho más que leyes y políticas. ¿Qué quiere transmitir? R. Si un extraterrestre aterrizara en nuestro planeta y echara un vistazo a las Constituciones del mundo, se quedaría muy impresionado ante tantas ideas y principios maravillosos. Pero al final, la ley solo tiene sentido si es real en nuestra vida cotidiana. Y eso es una lucha constante. Cuando hablo con mujeres que son víctimas de violaciones o que luchan por tener una vida mejor, caigo en la cuenta de que el trabajo que hacemos es realmente solo el primer paso, porque el verdadero ocurre en el terreno, en cómo nos relacionamos entre nosotros.Que una mujer disponga de servicios sanitarios básicos es la base para que pueda disfrutar de otros derechos como el ejercicio de su ciudadanía o la libertad de expresión P. ¿Cree que una mujer secretaria general de la ONU podría significar un cambio positivo en la lucha contra la discriminación?R. Que haya mujeres en esos puestos importa, y mucho, porque la gente tiende a ver el mundo a través de su propia experiencia, y el hecho de haber probablemente vivido experiencias relacionadas con la desigualdad de género y de caminar por el mundo como mujer, lleva sin duda a tomar ciertas decisiones. Pero la igualdad solo se concretará plenamente cuando hombres, mujeres e identidades de género diversas intentemos, juntos, crear un mundo donde nos tratemos con dignidad. Ese es el objetivo.