Activistas y responsables humanitarios piden que no se mire hacia otro lado ni se normalicen relaciones con los talibanes e instan a seguir apoyando mecanismos internacionales de investigación de crímenes y de rendición de cuentas

Hace algunos meses, una afgana de la provincia de Takhar, en el noreste de Afganistán, dijo al relator especial de la ONU para los derechos humanos en el país, Richard Bennett, que la justicia para ella no se limitaba a las cuatro paredes de un tribunal y significaba “ser escuchada, sentirse segura y recibir un trato correcto”. “Pero la realidad es muy diferente”, admitió el responsable el viernes ante el auditorio del Ministerio de Relaciones Exteriores en Madrid, donde se habían dado cita casi medio centenar de afganas venidas de Estados Unidos, Canadá, Alemania, Francia y diversas partes de España, diplomáticos, representantes de la ONU y organizaciones de defensa de los derechos de las mujeres, como Women for Afghanistan, coorganizadora junto con el Gobierno español de esta reunión anual, llamada HearUs (Escúchennos).

“Hoy reivindicamos la importancia de estar juntas y de gritar juntas, porque por separado nadie nos va a escuchar, aún menos en este momento de múltiples crisis mundiales que hacen que Afganistán y sus mujeres caigan en el olvido”, dijo a este periódico Sunita Nasir presidenta de la Asociación de Mujeres Afganas en España.