Ocurre pocas veces. Empezar un libro y que te acucie la necesidad y el placer de devorarlo de un tirón, ahuyentando el sueño, fascinado de principio a fin. Con La bola me ha vuelto a ocurrir ese milagro. Me gusta hasta su dedicatoria: “A mis padres por no darme nunca por perdido. A Anna, Giulia y Simona por no darme nunca la razón”. Anna es su mujer, toneladas de estilo, y Giulia y Simona son sus pequeñas hijas. De mi amigo Dani Verdú sabía que, además de irónico, muy listo, zumbón y divertido, antiguo pateador de calles duras, poseía el bendito don de la escritura. Conocía su virtuosismo en distancias cortas, en sus columnas y en sus crónicas, pero ignoraba si eso ocurría en las largas. Ya lo he hecho, con un libro admirable titulado La bola. Y me lo zampo en estado hipnótico y en algunos momentos emocionado. Habla de Mar de Marchis, tan impostora como creativa, mezcla de verdad y de mentira. Una dama inquietante, tan inteligente como tramposa, ejerciendo su poder desde un anonimato sorprendente. El libro habla de ella y de mucho más, del estado de las cosas y de los medios de comunicación, de la confusión y del disparate, de que los tiempos estaban cambiando. Es hipnótico, analítico, lírico en algunas descripciones, lúcido, brillante, exhibiendo una prosa que te remite al placer del texto que reivindicaba Barthes. Y puedo asegurar que esa señora a la que nadie había visto, solo escuchaba su voz (bueno, sí, mi amigo Enric González, otro escritor magnético y constructor de gran parte de Jot Down), jamás consiguió a pesar de su feroz insistencia que yo publicara una línea en su medio. O sea, me flipó y sentí piedad de Bartleby cuando yo era muy joven. Y me identifiqué con esa actitud tan desoladora del “preferiría no hacerlo”, pero en mi caso (no en el de tanta tonta y tonto moderno que ahora están todo el rato citándolo en su olvidable boquita) era un sentimiento de verdad. Y coronan en el templo de la lengua a mi amigo Álex Grijelmo. Nunca me habla de ella. Solo de las paradas que ha hecho en los partidos de fútbol: “La desvié con el pie, volé hacia la escuadra”. Cuando le pregunto si le han marcado algún gol me responde frecuentemente: “Cuatro o cinco”. Sin rubor, orgulloso de sus paradas. Es una persona sabia, un ser humano cálido, un individuo legal. Gracias por todo a Dani y a Álex.
Qué buenos son mis amigos
El admirable libro ‘La bola’ me lo zampo en estado hipnótico y en algunos momentos emocionado









