Cabo SueltoSu fundadora, fallecida en 2022, logr� impulsar un buen producto aunque tirando de una t�cnica de cebo: enredar al personal masculino con fotos 'robadas' a una amiga peluquera para alcanzar su prop�sito. Malas artesUn hombre escribe a m�quina de escribir en un caf�.GETTY IMAGESActualizado S�bado,
junio
00:09Audio generado con IAC�mo no leer La bola, libro donde Daniel Verd�, compa�ero de El Pa�s, da cuenta de las peripecias delirantes (y diletantes) de la revista Jot Down. La publicaci�n encontr� el sitio en el periodismo espa�ol por un rato, casi convence a algunos de que ven�a a refundar el km 0 del oficio y algo despu�s desapareci� de la primera l�nea de playa de los quioscos. A�n sobrevive en versi�n digital, como naci�. C�mo olvidar los d�as en que empez� a sonar la marca y multiplicamos la expectaci�n en mil conversaciones por la extra�a manera de irrumpir. Nadie vio llegar el artefacto y fugazmente hizo dudar al respetable de si el periodismo ser�a ahora otro o no ser�a nunca m�s como estaba siendo entonces. Jot Downensanch� su capacidad de generar asombro dejando correr en todas direcciones la leyenda de su fundadora, Mar�a Jes�s Marhuenda Irastorza, vecina de Santa Pola (Alicante), habitual de las primeras comunidades foreras del internet ib�rico.En aquel tiempo no quer�amos saber, pero ahora hemos sabido que Mar�a Jes�s Marhuenda encontr� el bot�n nuclear de una parte del periodismo espa�ol, el que activa nuestra incalculable vanidad. Le bast� desarrollar una t�cnica de cebo sonrojante en la misma onda que OnlyFans, hechizar al personal masculino enviando fotos robadas a una amiga peluquera de su pueblo fingiendo ser ella, jugar al escondite para incrementar la expectaci�n sobre la identidad que ocultaba su pseud�nimo (Mar de Marchis), inventar una vida suntuosa de aviones y aeropuertos y Londres y restaurantes y futbolistas representados, y entender que esto va, fue e ir� de tensar el deseo de algunos sujetos llamando su atenci�n v�a escroto.Jot Down fue un producto certero, incluso sugerente, pero incubado con algunas malas artes. Descubierto el pastel de que Marhuenda no era quien promet�a, la gracia qued� en una performance disparatada y pronto acab� la algarab�a. Jot Down acumul� excelentes colaboradores a quienes no pagaba (al parecer, eso excitaba tambi�n a algunas v�ctimas). O les bonificaba con una chuminada. A los VIP, en el mejor de los casos, les echaba una caja de puros, fumes o no. Todo cutr�simo. Esto que algunos narraban como una excentricidad genialoide de la fundadora era otro s�ntoma del dislate y deja al aire la indigencia que acumula esta profesi�n. Si esa desatenci�n total de pagos la tuviese de igual manera este peri�dico o cualquier otro, los damnificados infestar�an (como debe ser) las redes sociales de querellas. Jot Down, donde disfrut� como lector (no escrib�), hizo del enredo una manera de distinguirse y le sali� bien. Este fen�meno dice m�s del estado de nuestra profesi�n que de la revista y sus fantas�as. Fue el mejor m�rito de Marhuenda (Mar�a Jes�s, Chus de Santa Pola): desnudar el alma pueril de una parte chiquita pero ruidosa del periodismo espa�ol. Aseguran quienes jugaron a conocerla que fue generosa y atenta y de buen coraz�n. R�pida, espont�nea, fresca. Hizo de la invisibilidad, como del impago, parte de su industria.En su escalada delirante -todo el m�rito para ella, sin duda- burl� a los directivos de El Pa�s despu�s de intentar camelar a los de otras cabeceras, sin ir m�s lejos la que nos convoca. Juan Luis Cebri�n le hizo sitio en Prisa y todos a una perdieron la toma de tierra. Fue cuando son� con m�s insistencia eso del New Yorker espa�ol. El humor es el humor. Aquel acuerdo entre el peri�dico y la revista fue empresarialmente malo. Cuenta Verd� en su excelente cr�nica que Marhuenda acumul� influencia y ejerc�a el poder. Ah� te da un pasmo. Llamaba a todo dios del staff, opinaba sobre las cosas del peri�dico, suger�a la contrataci�n de periodistas y apuntalaba en la sombra una leyenda muy Mr. Ripley, sin crimen pero con trampa.Las consideraciones sobre la empresa de Marhuenda son ricas en chismes y amino�cidos y pasan de la astucia al trile. El asunto acumula un poco de todo: unas gotas de osad�a descar� y otro tanto de cubilete fullero. Aprovech� la inercia testoster�nica de un par de generaciones con voz de clavel varonil dispuestas a excitarse con unas fotos dispersadas en sus m�viles donde una mujer asoma medio muslo y escribe "Hola: soy Mar". Un Eyes Wide Shut mediopensionista, de Nokia a Nokia. Mundo macho en el que se apoy� la confecci�n de 'Jot Down'. M�s que leyenda, gominola.








