Maria Vassilakou, de 57 años, llegó a mediados de los ochenta a Viena procedente de su Atenas natal para estudiar traducción del alemán, inglés y francés. Hoy se dedica a traducir y divulgar “el lenguaje del urbanismo” de la capital austriaca después de ejercer de vicealcaldesa entre 2010 y 2019 en uno de los principales referentes urbanos del mundo por su vivienda accesible y su calidad de vida en general. “Me quedé impactada con el coraje y la valentía para hacer las cosas en Viena”, explica sobre las políticas centenarias de proporcionar a sus vecinos un buen hogar en alquiler a un precio justo. El 75% de sus dos millones de habitantes viven como inquilinos.“No hace falta poseer una vivienda en propiedad para tener una buena vida”, afirma la que fuera concejala verde de Desarrollo Urbano, Tráfico, Clima y Participación de la conocida como la Viena roja por sus políticas y los triunfos sucesivos de los socialdemócratas (el SPÖ fue el mas votado con el 39,5% de los votos en 2025; Los Verdes, los terceros, con el 14,5%), que han frenado el avance de la ultraderecha en la capital (el FPÖ obtuvo el 20,4% en Viena frente al 29% en las elecciones generales, que ganaron). La experta greco-austriaca sostiene que la derecha y extrema derecha muy difícilmente cambiarán el sistema vienés si logran acceder al poder porque “todos han crecido en él y entienden que la prosperidad y la calidad de vida están ligadas a este modelo”. Explicar ese modelo es el motivo que trajo el pasado jueves a Valencia a esta consultora risueña, la primera vicealcaldesa verde de Viena, ahora apartada de la política, para participar en el Foro El dilema de la vivienda organizado por la Fundación Cañada Blanch y Cañada Blanch Centre-The London School of Economics y dirigido por el catedrático de Geografía Económica Andrés Rodríguez-Pose. Vassilakou empieza su disertación con una precisión lingüística: más que “vivienda social”, término que induce a error, habría que hablar de “vivienda de beneficio limitado”. Unas 230.000 casas de Viena son de titularidad municipal y otras 250.000 de beneficio limitado en manos de cooperativas. En estos hogares vive el 62% de la población. “Ningún otro lugar del mundo, incluida Singapur [otro referente en provisión de vivienda], alcanza estos números”, apunta.El sistema se basa en tres pilares: el suelo asequible, una condición clave que contempla fórmulas innovadoras para recuperar infraestructuras militares, ferroviarias e incluso cementerios; una subvención a la construcción por metro cuadrado que no se entrega a fondo perdido, sino como préstamo a largo plazo, a interés bajo y fijo, con 25 a 30 años para devolverlo; y ayudas individuales para quienes, aun así, no llegan para pagar el alquiler.¿Y cómo se financia? “La mayor parte del presupuesto viene de un impuesto muy bajo, de poco más del 1% de la renta de los trabajadores que entra en el sistema federal y se redistribuye”, comenta en conversación con El PAÍS. En este sentido, Viena se beneficia de su doble condición de ciudad y Estado. “Hay una segunda parte muy importante que son los préstamos con intereses porque vuelve a entrar el dinero. Y una tercera parte que tiene un componente cultural que resulta difícil de entender en España y el sur de Europa, y es que la mayoría de la gente es inquilina y no propietaria y así hay un parque de vivienda constante, que siempre está creciendo”.España es el segundo país, por detrás de Italia, con el porcentaje más alto de propietarios de vivienda (73,7% y 76%, respectivamente) entre las principales economías europeas, según datos de Eurostat del pasado año. Y el acceso a la vivienda es una de la principales preocupaciones de los españoles. “Creo que habría que cambiar paso a paso. La mentalidad de tener una casa y pagar una hipoteca hasta que me muera, sin tener el dinero para mantenerla, es un engaño. Las generaciones más jóvenes que se ven obligadas a vivir con sus padres hasta con 40 años están más dispuestos a moverse cuando son socios de las viviendas, como en Viena. El gran reto es encontrar el suelo”. Vassilakou deshace el dilema de si se debe construir mucho más o primero se han de ocupar las viviendas vacías, que en España son cerca de 3,8 millones, según las últimas estimaciones del Instituto Nacional de Estadística (INE). “Como ecologista estoy siempre a favor de reutilizar los edificios vacíos. Pero a veces eso supone un coste más alto. Y logísticamente puede ser complicado. Pensado de manera práctica iría por una combinación de ambas acciones, sobre todo si necesitas elevar el parque de viviendas en un período breve”, sugiere. “Una opción es introducir una tasa a los pisos vacíos, que se está debatiendo en Europa ahora mismo. Y otra es que la ciudad o el municipio cree cooperativas que alquilen estos edificios”, agrega.Sin estigmasEspecial relevancia concede al propósito de eliminar estigmas y guetos en el modelo de Viena. “Es una ciudad donde el director y el empleado viven juntos en el mismo edificio”, subraya a modo de eslogan. El límite de renta para acceder a las viviendas es elevado—una familia de cuatro miembros puede ingresar hasta unos 115.360 euros netos al año-, de modo que cerca del 80% de la población cumple los requisitos. “No es vivienda solo para pobres, sino para la clase media y, en la práctica, para casi todos”, apostilla. El contraste con su Grecia natal (y con España) es elocuente. En el país heleno se aspira a no depender nunca de la vivienda social; en Viena es algo a lo que se aspira, afirma. Sus efectos son tangibles: Viena tiene uno de los porcentajes más bajos de jóvenes que aún viven con sus padres.Ella se marchó pronto de casa y su vocación política se despertó siendo estudiante. “Siempre he estado convencida de que donde pases tu vida, ese es tu hogar, y tienes que contribuir para mejorarlo”, razona. Fue “descubierta por el Partido Verde” que la enroló en sus filas. “Y, como casi todo en esta vida, fruto de una coincidencia, una cosa llevó a otra y acabé siendo vicealcaldesa”, relata. Cuando empezó a destacar recibió la llamada del entonces primer ministro socialista griego Yorgos Papandreu, que le propuso en 2009 formar parte de su gobierno como viceministra de Medio Ambiente.Pero su corazón “ya latía por Viena” y por el compromiso” con sus colegas verdes y se quedó en la ciudad que ha marcado finalmente su vida personal y profesionalmente.