Por Carlos Meneses |

São Paulo (EFE).- Pocos futbolistas han vivido una transformación tan radical en tan poco tiempo como Tostão. Campeón del mundo en México 1970 con la Brasil de Pelé, se vio obligado a retirarse apenas tres años después por un grave problema ocular y encontró una segunda vocación en la medicina.

Algunos le apodaron el ‘Pelé Blanco’, pero Eduardo Gonçalves de Andrade (Belo Horizonte, 1947) pasó a la historia como ‘Tostão’.Hoy, con 79 años, recuerda en una entrevista con EFE que empezó a jugar «desde la infancia, tanto en el césped como en las canchas de fútbol sala».

Lo de ‘Tostão’ no salió de su cosecha. Se lo pusieron porque siempre jugaba con niños mayores que él y estos, a medio camino entre el cariño y la sorna, le bautizaron con el nombre que recibía una antigua moneda de la época de escaso valor.

Su talento innato le llevó al fútbol profesional. Empezó a destacar en el Cruzeiro siendo apenas un adolescente. El equipo celeste hoy es uno de los grandes clubes de Brasil, pero en la década de los sesenta «apenas era conocido en Belo Horizonte», comenta.