Juan Carlos Portilla lleva tres años retirándose. Así, en gerundio. Porque a los 39 años todavía aparecen llamados de Copa Perú que acepta como quien posterga una despedida inevitable. Le cuesta dejar el fútbol. Quizá porque hace dos décadas, cuando apenas empezaba a construir su propia historia, le tocó cruzarse con dos muchachos que tampoco sabían que algún día tendrían que decir adiós: un portugués flaco y encarador llamado Cristiano Ronaldo, y un zurdo argentino imposible de alcanzar llamado Lionel Messi.