Opinión
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Imagen es percepciónDos espectáculos encendieron el mismo día las pantallas del planeta. El telón de fondo es lo inquietante.
Se iniciaron dos eventos cuyos reflectores llegan desde dos escenarios a la vez. Aunque el telón de fondo sea sombrío. El estrecho de Ormuz, ese pasillo angosto por donde circula buena parte del crudo que mueve al planeta, vuelve a ser el termómetro de la ansiedad mundial. Cada jornada de tensión en el Oriente Medio no se mide solo en maniobras navales; se traduce en el precio de la gasolina, en el costo de los fletes, en la inflación que erosiona el salario de familias que jamás verán ese estrecho en un mapa. Un solo punto del mapa, apenas 50 kilómetros de ancho en su parte más estrecha, basta para mover mercados a miles de kilómetros. La amenaza dejó de ser estrictamente militar; es económica, cotidiana, doméstica.
Sobre ese fondo inquieto se encendió la primera pantalla. Ayer abrió el Mundial 2026, y su sola arquitectura ya es un mensaje: tres anfitriones —Estados Unidos, México y Canadá— sostienen juntos, por primera vez, el espectáculo más visto del mundo. La cita deportiva es casi lo de menos. Durante un mes, una franja del continente concentrará multitudes, fronteras tensas y cámaras encendidas. Y son justamente los eventos paralelos, los que ocurren lejos del balón, los que podrían marcar el verdadero ritmo de estas semanas. Basta un brote sanitario, una acción del crimen organizado capaz de cruzar fronteras, una amenaza terrorista o un roce político entre los tres gobiernos para que lo local se vuelva planetario en cuestión de horas.









