Pasadas las tres de la madrugada del 12 de julio de 2025, Maria Teresa estaba en casa con su marido cuando escuchó “un trueno”. Se asomó por la ventana y vio cómo “una bola de fuego” devoraba la nave industrial de delante de su casa, una antigua fábrica y luego taller de coches que los musulmanes de Piera (18.000 habitantes, a 50 kilómetros de Barcelona) habían transformado en mezquita. Estaban a punto de inaugurarla. Yahya Mokhtari, el presidente de la comunidad islámica, tenía turno de noche en la fábrica y también estaba despierto. “Me llamaron y vine corriendo. Ya de lejos vi el humo… Fue un bajón muy grande. Solo nos faltaba la licencia de actividad para empezar”.“La totalidad de la nave ha sido calcinada”, reportaron más tarde los Mossos d’Esquadra, que observaron sobre el terreno pistas inquietantes: una puerta de aluminio de la parte trasera estaba rota y en el suelo se notaba un fuerte “olor a hidrocarburos”. El “reguero de color negro, como un camino asfaltado” llegaba hasta el oratorio de mujeres. No había duda: el incendio había sido “intencionado” aplicando una “llama directa” sobre la gasolina con la que los autores habían “rociado previamente la sala”, según el sumario del caso al que ha accedido EL PAÍS.¿Quién quiso quemar el oratorio e impedir su apertura? La pregunta ronda desde entonces la cabeza de Yahya y de la comunidad islámica de Piera, que batalla para saber la verdad y denuncia un delito de odio. “No acusamos a nadie, pero saber quién fue nos dejaría tranquilos”.Vecinos, herencias y menoresDiez meses después del ataque, la mezquita Masjid Arrahman ha resurgido de sus cenizas. La solidaridad de vecinos y entidades tras el ataque (no tenían cámaras de seguridad ni una póliza de seguros) les ha permitido recaudar los casi 100.000 euros que necesitaban para reconstruirla. Eso y el trabajo voluntario de albañiles con mucho oficio. Yahya, físico de formación de 57 años, señala una fuente con forma de estrella de ocho puntas, “un símbolo espiritual para dar más sensación de tranquilidad” y enseña la zona de tierra del aparcamiento. El recinto tendrá capacidad para acoger a unas 200 personas con más dignidad que el local comercial donde se congregan ahora. “La gente del pueblo cabe”, sonríe.La noche del incendio, cuando le tomaron declaración, Yahya explicó que no sospechaba de nadie en particular. La relación con los vecinos y con el ayuntamiento era más que positiva. Meses más tarde, llamó a los investigadores para decirles que había escuchado rumores sobre una supuesta plataforma vecinal para protestar por el oratorio, pero no pudo aportar más detalles. Y sigue sin poder señalar claramente en esa dirección, más allá de decir que “algunos vecinos habían dicho que, con la mezquita, sus casas iban a perder valor”.Esa supuesta oposición vecinal fue una de las líneas de investigación que siguieron los Mossos. Pero la descartaron, como todas las otras dos, tras hablar con el Ayuntamiento y con el párroco de Piera, que negaron cualquier movimiento organizado salvo “alguna preocupación manifestada por algún vecino”. La policía tampoco ha podido sacar adelante otra línea de investigación. Dos meses antes, en Piera, un grupo de personas lanzó piedras y líquido inflamable contra el centro de menores Castell Fang, episodio que además derivó en “movilizaciones de partidos de extrema derecha”, según uno de los escritos remitido por el abogado de la comunidad islámica, Benet Salellas, el juzgado de Igualada que investiga los hechos. En su opinión, fue un “precedente de asedio y discriminación” que puede vincularse al incendio. Pero los Mossos no comparten esa conclusión y no han podido ligar ambos episodios.Una tercera pista que se ha seguido, también sin éxito, es la que surgió cuando un hombre llamó a comisaría: era el hijo de la propietaria de una de las dos parcelas que adquirieron los musulmanes. Según explicó, su tío es el propietario de la otra parcela y “no quería vender” para perjudicar a su madre, con la que tenía conflictos por herencias. El testigo, un militar en situación de baja médica, señaló como posible autor del incendio a su primo, pero también “al Rey de Marruecos”. La policía descartó el testimonio por sus “ideas paranoides” y, aunque constató que sí había desavenencias familiares, no vio ningún resquicio para ahondar en esa línea de investigación. Caso reabiertoSin testigos ni cámaras —la mezquita no las tenía y las de los alrededores no dieron ningún resultado—, la jueza archivó el caso hasta en dos ocasiones “por falta de autor conocido”, después de que el último informe de Mossos sonara a concluyente: “No se ha encontrado ningún indicio que aporte elementos que permitan abrir una vía de investigación y avanzar en el esclarecimiento de los hechos”.Pero la comunidad islámica se opuso a cerrar en falso un incidente que les ha generado una honda preocupación. Tras criticar la “absoluta pasividad” del juzgado por dejar el caso “en un punto muerto”, el abogado Salellas denunció que el incendio fue “un ataque directo a una comunidad religiosa” que buscaba “promover la violencia hacia la comunidad islámica y sus signos religiosos”. Y pidió un “esfuerzo adicional” para perseguir lo que, en su opinión, es un delito de odio. Salellas presentó un recurso ante la Audiencia de Barcelona para pedir la reapertura y solicitar dos diligencias técnicas que puedan conducir, esta vez sí, hasta los autores: por un lado, los datos de tránsito y localización de teléfonos móviles en la zona de cobertura de las antenas que den servicio a la zona de la mezquita entre las 2.45 y las 3.36 de ese día; por el otro, un listado de móviles que en esas horas haya registrado algún tipo de conexión. La Audiencia de Barcelona ha anulado el archivo y ha ordenado reabrir el caso, pero solo para que los Mossos comprueben, de entrada, la “eficacia” y la “precisión” de esas medidas. Para Yahya, que confía en que la mezquita abra sus puertas “en un par de meses”, la reapertura abre un rayo de esperanza. “Confiamos en la justicia y la policía. Tenemos derecho a saber la verdad”.
Sin pistas sobre el ataque con gasolina a la mezquita de Piera: “Saber quién fue nos dejaría tranquilos”
Los Mossos han seguido sin éxito tres líneas de investigación sobre el incendio “intencionado” del oratorio y la comunidad islámica sospecha de un delito de odio
Mezquita de Piera incendiada el 12 de julio con gasolina; daños €100k, caso reabierto para análisis de datos telefónicos. Ausencia de cámaras y testigos en crímenes de odio destaca importancia de datos telefónicos e insuficiencias en seguridad de minorías religiosas.









