La tarde del 8 de agosto de 2025 será recordada por el incendio que se produjo en la Mezquita-Catedral de Córdoba. Cuando saltó a los medios y a las redes, no podíamos ni imaginar la posibilidad de la destrucción, aunque fuera parcial, de la Mezquita de Córdoba. El incendio de la catedral de Notre Dame de París estaba demasiado reciente como para que todos nos echáramos a temblar. Felizmente, se ha salvado. Todo el mundo sabe del valor de este edificio, protegido por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad en 1984 y uno de los más visitados de España, pero no está de más recordarlo. Se trata de la mezquita más antigua mejor conservada del mundo, un honor compartido tan solo con la Mezquita omeya de Damasco y la Cúpula de la Roca de Jerusalén. No obstante, a diferencia de Damasco, que sufrió un incendio devastador en 1893, la Mezquita de Córdoba preserva intacta gran parte de su estructura, levantada entre los siglos VIII y X. Es verdad que se construyó una catedral en su seno, y que a lo largo de los siglos se han hecho algunos cambios y se han perdido algunas cosas, pero la esencia de la mezquita mayor de la que fue capital del califato omeya de al-Ándalus queda intacta.

El edificio es el mejor testimonio de los primeros siglos de presencia del islam en la península Ibérica. Fue construido por el primer emir omeya, Abd al-Rahman I, hacia el 785 y tuvo hasta tres grandes ampliaciones. La más espectacular desde el punto de vista artístico fue la emprendida por el califa al-Hakam II entre 961 y 976, cuando se levantan las bellas cúpulas y se decora con mosaicos dorados, unas características que la hacen absolutamente única y que hoy provocan admiración en los visitantes.