La rápida extinción del incendio que el pasado viernes amenazó la Mezquita-Catedral de Córdoba y sus 12 siglos de historia no ha disminuido la atención sobre este monumento, patrimonio de la humanidad. Su singularidad, al tratarse del mayor templo de Europa -la basílica de San Pedro del Vaticano cabría dentro de sus muros- y de uno de los máximos exponentes de la arquitectura islámica y andalusí, obliga a que todos los pasos que se den a continuación -determinar el origen del fuego y el alcance de la afección patrimonial provocada por las llamas y cómo se acometa su recuperación- sean observados con profundidad para que el proceso se haga siguiendo los parámetros correspondientes a un bien patrimonio de la humanidad y se adopten las medidas necesarias para evitar que sucesos similares vuelvan a producirse.
El Icomos, el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios que asesora a la Unesco en asuntos relacionados con la conservación, protección y puesta en valor del patrimonio cultural, comparte ese interés. Una delegación del comité español podrá evaluar in situ el efecto del incendio esta semana en la visita que realizarán a la mezquita-catedral, según ha confirmado a este diario su presidente en España, Juan Carlos Molina. Será el primer paso para poder hacer un análisis de todo lo sucedido. Hasta que no tengan esa información y se entrevisten con distintas autoridades, el organismo no tiene previsto pronunciarse sobre el incendio.
















