Una vez más, la violencia racista ha tomado las calles del Reino Unido. Una vez más, el mensaje de odio ha ganado cuerpo y ha crecido hasta su explosión en redes sociales y el incendio en el mundo físico y real. Esta semana ha sido en Belfast, la capital de Irlanda del Norte, una ciudad que creía olvidadas escenas como las que se han visto desde la madrugada del lunes al martes: gritos de odio, edificios y vehículos incendiados por una muchedumbre hostil, gente huyendo con lo puesto de sus hogares en llamas. La causa no ha sido, como hace décadas en la época de los troubles, el odio religioso entre irlandeses; el objetivo de la horda es ahora la población de origen inmigrante.No es la primera vez en los meses recientes que un suceso desencadena incidentes de este tipo. Sucedió la semana pasada en Southampton, a raíz del apuñalamiento mortal del joven Henry Nowak a manos de un hombre de religión sij. En Belfast, el detonante fue el intento de decapitación perpetrado por un ciudadano sudanés. Como en otras ocasiones, el vídeo de la agresión, difundido por redes sociales, llegó a ojos de agrupaciones de extrema derecha, que lo utilizaron para llamar a los disturbios. Fue en ese momento cuando Elon Musk entró en escena.Musk, el hombre más rico del mundo, lleva años propagando opiniones cada vez más radicales. Desde que adquirió la red social Twitter y la rebautizó X, en 2022, para él ha sido una plataforma para potenciar su visión del mundo. El magnate ha puesto desde hace tiempo la mirada en Europa. Hace un año ya intervino en la campaña electoral de Alemania, y en un mitin de AfD llegó a exhortar a los alemanes a “superar la culpa pasada” por los crímenes nazis. Pero el Reino Unido ha sido uno de los escenarios privilegiados de agitación. Tras apoyar al líder ultranacionalista Nigel Farage y a su partido Reform UK, que lidera los sondeos, ahora respalda a una opción aún más radical en su racismo, la del exdiputado de Reform, Rupert Lowe y su partido Restore Britain. Pese a ser anecdótico en las encuestas, donde ronda el 3% en los sondeos, Lowe tiene mucha más difusión en X que el partido de Farage. Musk, en el caso de Belfast, no solo ha transmitido y amplificado los mensajes que convocaban a sus 240 millones de seguidores oficiales. Él mismo ha incitado a los irlandeses a participar en los tumultos. No se trata de un actor político marginal, pues cuenta con la descomunal fuerza de X y actúa con una agenda que en gran parte coincide con la de la Casa Blanca y su Estrategia de Seguridad Nacional. Y no es extraño que Washington considere una prioridad que las redes sociales con sede empresarial en EE UU puedan actuar sin límite en Europa, frente a los intentos europeos de protegerse, por ahora infructuosos.Lo que estas semanas ha ocurrido en el Reino Unido es una alarma en rojo para las democracias europeas. Es una violencia que revela la capacidad de figuras como Musk para sembrar el caos y destruir la paz civil, una forma de injerencia que en algunos casos no es menos perniciosa que la países como Rusia, aunque provenga de un teórico aliado. Y es un recordatorio que no habría que ignorar. Los discursos sobre la “prioridad nacional” y la retórica del ‘nosotros contra ellos’ degeneran con frecuencia —y la historia ha dado suficientes pruebas de ello— en la persecución de las minorías.