No todo el mundo ha sobrevivido a cinco intentos de asesinato. No todo el mundo ha matado con un cuchillo entre las manos. No todo el mundo es una figura polémica que representa, como pocos, la historia reciente de su país. Serhii Sternenko (Ucrania, 1995) es un personaje incómodo. Un activista antisistema que trabaja para el sistema. Un ciudadano que sufrió la represión del Estado, pero que ahora lo sostiene gracias a colectas de internet. Con casi 300.000 drones, es el mayor donante privado de Ucrania. Una misión que nutre el frente y que en 2026 le ha aupado a asesorar al ministro de Defensa que revoluciona la guerra. Sternenko recibe a El Confidencial en Kiev entre estrictas medidas de seguridad. Sus guardaespaldas buscan armas. Él, que omitamos detalles sobre la calle, el edificio o la planta en la que nos encontramos. Los sicarios del Kremlin le siguen buscando, aunque eso no le desvía del objetivo que mueve su vida: derrotar a Putin y "eliminar la Rusia actual". PREGUNTA. ¿Qué significa eso? ¿Qué pasará en Moscú después? RESPUESTA. La pregunta no es qué imagino, sino cómo llegamos hasta ahí. No tengo ninguna duda de que los ataques de larga distancia y sostener el frente terminarán en el hundimiento del sistema político ruso. ¿Qué pasará entonces? Ya lo veremos… quizás aparezca otro Prigozhin, puede que asesinen a Putin o igual hay una transferencia pacífica de poder. No lo sé. Pero Rusia caerá. TE PUEDE INTERESAR Así ha cambiado Ucrania las guerras del presente y el futuro Fermín Torrano. Donbás (Ucrania) Gráficos: Emma Esser P. Esta mañana [el día de celebración de la entrevista] ha publicado uno de esos ataques a refinerías de petróleo que vemos casi a diario en 2026. Y un seguidor le ha escrito: "Ni todas las tías desnudas de Twitter me ponen tanto" y le ha donado 100 euros. ¿A usted, qué le pone cachondo? R. [Ríe]. Disfruto viendo a Rusia arder. Me divierte contemplar el colapso del régimen ruso. Para mí, y creo que para muchos ucranianos, es una enorme satisfacción ver que la guerra regresa a Moscú. Solo ahora empiezan a sentir lo que nosotros sufrimos en 2022. "Solo ahora Moscú empieza a sentir lo que nosotros sufrimos en 2022" Sternenko mira a los ojos cuando escucha y responde pausado. Lo hace con la tranquilidad del que sabe que podría estar muerto y la calma del que ha asestado una puñalada mortal. Aquello sucedió en mayo de 2018, persiguiendo a dos atacantes que intentaron asesinarle horas antes. El mismo mes, pero de 2025, tuvo el último susto. Una mujer pagada por el FSB trató de liquidarle con una Makarov de nueve milímetros. La bala impactó en su muslo. Y otra atravesó la camiseta de uno de sus guardaespaldas, sin herirlo. "Todavía no puedo explicar cómo sobreviví", reconoce, mostrando la foto del agujero. Sentado frente a una mesa, con gafas de montura negra, una cazadora color arena y camiseta blanca, Sternenko parece más el CEO de una startup que un tipo ‘peligroso’. Y esa, quizá, sea la primera similitud entre su biografía y la del país que le vio nacer. Sus enemigos le han subestimado casi tanto como Rusia a Ucrania. 2014 fue el inicio para ambos. 2022 la confirmación. Los aplausos esperados por Putin se convirtieron en emboscadas. Y cuatro años después, Kiev ha recuperado un tercio del territorio que Rusia ocupó. También cuenta con mejores armas y más socios a los que ya no solo pide ayuda, sino que exporta e instruye en el manejo de robots y aeronaves. Serhii Sternenko fue uno de los primeros en comprender su importancia. "Quien gane la carrera de los drones ganará la guerra", dijo a finales de 2023. Era un llamamiento público a un cambio de estrategia. La contraofensiva había fracasado. Rusia apretaba en el Donbás y Estados Unidos había cerrado el grifo de la ayuda. Los cañones ucranianos estaban hambrientos. Y los artilleros observaban los asaltos rusos sin munición para frenarlos. Sternenko lo comprobó en un viaje al frente. En apenas un mes, los FPV habían pasado de causar el 30% de las bajas al 90%, alrededor de Bajmut. Su alerta superó las 800.000 visitas en YouTube y las donaciones empezaron a llegar. Fue un tirón de orejas al Estado y al Ejército. Y una nueva misión para él. Si por aquel entonces había donado 17.000 aeronaves, 2 años y medio después ya son cerca de 320.000. P. ¿Cómo va la carrera de los drones en 2026? R. Sigo creyendo que decidirá la guerra. Ucrania lanza más contra Rusia que Rusia contra Ucrania. En el frente también usamos más y esperamos que la diferencia sea significativamente mayor a final de año. Aunque el factor clave no es la cantidad sino la calidad. El que tenga mejores drones ganará. Rusia cometió un error con los kamikazes. Se centró demasiado en un modelo específico y lo escaló masivamente, impidiendo que otros fabricantes siguieran desarrollando. El círculo de la innovación en la guerra del FPV es de 3 o 4 meses. Si dejas de adaptarte, te quedas atrás. Hay que ser rápido y flexible. Y Ucrania lo hace mejor que Rusia. P. Aun así, usted ha criticado en muchas ocasiones las trabas de la administración. Ahora está dentro… Qué es más difícil, ¿sobrevivir a los sicarios de Putin o a la burocracia de Kiev? R. [Sonríe]. La burocracia mata, y no es ninguna broma. Cuando un sistema es ineficiente, se pierden vidas. Lo pienso cada vez que miro a Europa. Perderían muchos hombres en una guerra por su excesiva burocracia. Los procesos importan, pero deben ser un instrumento, no un objetivo en sí mismo. "El círculo de innovación en la guerra del FPV es de 3 o 4 meses. Si no te adaptas, te quedas atrás" P. ¿Hacia dónde se dirige la guerra en el quinto año de invasión? R. Rusia ha entrado en un callejón sin salida. Para presionar a Europa, podría atacar a uno de los Bálticos o intensificar el uso de drones contra otros países europeos en los próximos meses. La guerra se combate ahora en cinco dominios: terrestre, aéreo, marítimo, cibernético… y cognitivo. Rusia ha fracasado en su intento de controlar los cielos. Se puede ver [dice, señalando una pantalla que monitoriza amenazas en tiempo real] que sus aviones no cruzan la frontera porque tienen miedo de entrar en nuestro espacio aéreo. En el mar también han fracasado. Gran parte de su flota está varada en Novorossiysk porque nuestros drones marinos continúan cazándoles. Si nos fijamos en el ciberespacio, las cosas están aún peor para ellos. Los rusos se han pegado un tiro en el pie bloqueando internet y las redes sociales. En el dominio cognitivo, Moscú tiene problemas graves. Los ataques de larga distancia están surtiendo un efecto psicológico en la sociedad rusa, además de ahondar en los problemas económicos. Y en el frente, el ejército ruso apenas avanza. Sí, tienen algunos éxitos tácticos puntuales, pero este año pierden más del doble de soldados por cada kilómetro que ganan. Y hemos empezado a matar más rusos de los que son capaces de movilizar. En conjunto, la situación es muy difícil para nosotros. Pero estamos ganando. Sus detractores ven en él un provocador o un charlatán de internet que pone su influencia al servicio del Estado. Para muchos otros, Sternenko es un visionario. Una figura con un ojo clínico que radiografía como pocos a una parte de la sociedad ucraniana. Y, además, le sabe hablar. Otro rasgo compartido con la Ucrania moderna. Serhii cuenta con más de 2 millones de suscriptores en YouTube y otros tantos en redes sociales. Desde el vídeo de Zelenski anunciando que no huiría en las primeras horas de invasión hasta la humillación televisada en el Despacho Oval, la comunicación ha sido una de las principales armas del Estado ucraniano lejos de sus fronteras. Una herramienta que este licenciado en Derecho y amante de la filosofía ha explotado en su interior. Los números no dejan duda: más de 150 millones de euros recaudados. 300.000 kamikazes, miles de drones interceptores. También una ayuda difícil de cuantificar. No son pocas las veces en las que, cuando las líneas ucranianas se tambalean, Serhii Sternernko escribe un tuit o graba un vídeo sin rodeos: "Nuestra defensa se está desmoronando", dijo sobre Pokrovsk. "Las mentiras en los informes están presentes en todos los niveles del mando militar", alertó sobre los problemas escondidos bajo la alfombra. También causó revuelo su crítica a un asalto suicida, ya como asesor de Mykhailo Fedorov: "Tratar así a nuestra gente es un crimen. Y debe haber responsables por ello". Estos mensajes los acompaña de enlaces a colectas a las que pide sumarse con, al menos, 10 hryvnias (20 céntimos). Así ha tejido una red que ayuda a 1.000 unidades y que le reporta información privilegiada sobre problemas y carencias ocultas en la jerarquía militar. "La presión pública es necesaria cuando los mecanismos internos fallan, pero ahora tengo más herramientas", confiesa con una sonrisa. "Hace poco, un grupo de pilotos de drones interceptores iba a ser transferido a infantería. Gracias a los canales del Ministerio lo pude parar en pocas horas sin hacerlo público. El punto no es criticar por criticar, sino conseguir resultados". P. ¿De niño soñó alguna vez con este tipo de influencia? R. No. Pero tampoco imaginé que Rusia invadiría Ucrania. Yo quería ser rapero. P. Terminó estudiando Derecho. ¿Qué significaría para usted la justicia cuando acabe la guerra? R. Castigo. Inevitablemente, todo ruso que haya participado en esta guerra contra Ucrania debe ser castigado, sin importar su rango. Es la única forma de evitar que esto vuelva a suceder. Creo que hemos llegado a la situación actual porque el comunismo no fue condenado en los mismos términos que el nazismo tras la Segunda Guerra Mundial. El comunismo también era una ideología inhumana. Y la Rusia actual se construyó sobre sus cimientos. Sternenko en su oficina, cuya ubicación debe mantener en secreto (Fermín Torrano) Las cicatrices de aquellas siete décadas bajo el yugo soviético siguen presentes en Ucrania. También en la biografía de Sternenko. Porque antes de ser la figura que es hoy y trabajar para el ministro de moda, fue un activista conocido. Y no uno cualquiera: el líder del Sector Derecho (Práviy séctor) en Odesa. Una organización ultranacionalista que lideró en el sur del país desde 2014, pero que abandonó en 2017. En aquellos años, Serhii participó en los días más duros del Maidán, y en la manifestación del 2 de mayo en Odesa, que terminó con 48 fallecidos, entre separatistas y nacionalistas, por el fuego y los disparos. En aquella época, también dirigió campañas como "Limpieza popular", cuya acción más conocida fue el intento de arrojar a un diputado regional a un contenedor. Un expediente controvertido, pero que no encaja bien en la caricatura simple. Porque Sternenko asegura haber salvado a dos prorrusos aquel fatídico mayo. Y durante el Maidán, protegió a tres policías –que había hecho prisioneros– de una multitud enfurecida tras el centenar de muertos en las calles. Tampoco existen declaraciones antisemitas conocidas ni campañas contra colectivos LGBT, gitanos y feministas, habituales en la extrema derecha ucraniana de la época. Él mismo se definió en 2019 como un hombre de "derechas con ideas liberales sobre la economía". Sus excompañeros lo tacharon de traidor. Son los grises de una biografía personal que resuena mucho con la Ucrania de entonces. Una joven democracia en plena ebullición. Y Moscú lo aprovechó cuando ocupó Crimea y el Donbás. La existencia de grupos ultranacionalistas sirvió para apuntalar la narrativa de que Ucrania era un país nazi controlado por extremistas. Dio igual que tan solo tuvieran 1 diputado de 450. La propaganda rusa se puso en marcha. Ucrania era una víctima imperfecta e incómoda. Igual que Sternenko. Por eso, cuando el Estado maniobró para meterlo siete años en prisión en un caso impulsado por figuras vinculadas al gobierno prorruso de Viktor Yanukóvich, diputados, periodistas, activistas y ciudadanos de ideologías muy distintas salieron a protestar. "Resultaba extraño ver juntos a "hombres vestidos de negro [ultraderecha] y jóvenes liberales con símbolos LGBT", escribió un medio ucraniano en 2020. Pero la causa trascendía a Sternenko. Para muchos, se trataba de decidir qué Ucrania iba a prevalecer. P. Usted sufrió la corrupción del sistema policial y judicial. Doce años después, la corrupción en Ucrania sigue siendo la principal preocupación de los socios occidentales. R. ¿En cuántos países europeos puede ser detenido un viceprimer ministro por cargos de corrupción? ¿En qué país sale la gente a la calle a defender las instituciones anticorrupción ante una reforma? La corrupción existe en todas partes, pero la pregunta clave es si la sociedad la combate. Y Ucrania lo hace incluso en medio de una guerra existencial. Si se utiliza la corrupción como excusa para no ayudar a Ucrania, mañana podría decirse lo mismo de Polonia, Rumanía, Alemania, España o Portugal. Incluso Estados Unidos tiene esquemas de corrupción. Compáralo ahora con Rusia. En Rusia la corrupción no es un problema dentro del sistema. La corrupción es el sistema. P. Si tuviera que explicar a un europeo qué ha cambiado en Ucrania desde 2014, ¿qué le diría? R. Por primera vez sentimos que es nuestro país. Con nuestra lengua, tradiciones, cultura y leyes. Por eso pagamos un precio tan alto. Rusia quiere quitárnoslo. Yo nací en 1995, así que nunca estuve bajo la ocupación soviética. Por eso mi generación piensa diferente a las anteriores. Yo solo sé lo que es vivir en un país libre. No estoy preparado para aceptar una dictadura P: Figuras como usted, el ministro Fedorov o comandantes jóvenes empiezan a ocupar cargos de poder. ¿Ha llegado el momento de sustituir a la vieja guardia postsoviética? R: Ahora es tiempo de derrotar a Rusia, después ya abordaremos nuestras diferencias. Mira al Kremlin. El país está gobernado por ancianos que viven en un mundo imaginario, desconectados de la realidad. Sería una vergüenza perder contra ellos.
El hombre al que Rusia intentó matar cinco veces: "Me divierte ver el colapso de Moscú"
Ucrania nunca fue la víctima perfecta. Serhii Sternenko, tampoco. Es el mayor donante privado de Ucrania y asesor del ministro de Defensa, Mykhailo Fedorov











