Un vergel. O la entrada a una selva. O un oasis en medio del desierto (de granito). Plantas de distintos tamaños y texturas han aparecido en una esquina de la Puerta del Sol. Verdísimas, resaltan en un espacio por lo demás gris. Una plancha caliente que cada verano es objeto de críticas por la falta de sombra ―a excepción de los polémicos toldos blancos― y espacios verdes que le den más aspecto de plaza y la conviertan en un lugar por el que pasear sin achicharrarse. Pero no, la vegetación no ha llegado al kilómetro cero de la capital para quedarse. Las plantas se han colocado en la parada de metro de Sol como parte de una promoción de la cerveza Corona, para sorpresa de los madrileños que llevan años reclamando arbolado en la zona. El Ayuntamiento de Madrid anunció e inició la reforma de la Puerta del Sol ―que se alargó más de lo previsto― en la primavera de 2022. Hubo expectación, era una noticia histórica: la última remodelación había sido en 2009. Trece años después habría cambios en uno de los principales enclaves turísticos de la capital, donde se ubica la sede del Gobierno regional, donde millones de turistas fotografían cada año sus pies sobre Km.0 y donde todos los alcaldes quieren dejar su huella.¿Cambió? Sí. Se movió la estatua de Carlos III, también el Oso y el Madroño; se eliminaron las dos fuentes y se colocó una en el centro; se reordenaron los quioscos de prensa y se colocaron en los extremos, se culminó la peatonalización y cambió el suelo. La idea inicial pasaba por eliminar la entrada al Cercanías, conocida como La ballena, y reemplazarla por una entrada más discreta y transparente. Finalmente, eso no se llevó a cabo. En la lista de mejoras, los madrileños echaron una en falta. ¿Habría plantas? ¿Árboles? ¿Arbustos? ¿Maceteros grandes con flores? No. “Lo hemos intentado, pero la Comisión Local de Patrimonio no nos ha dejado. Lo vamos a incorporar en los aledaños. No se podía”, justificó en febrero de 2022, un mes antes de iniciarse las obras, la delegada de Obras del Ayuntamiento de Madrid, Paloma García Romero (PP). El proyecto de la reforma recuperaba la propuesta del estudio de José Ignacio Linazasoro y Ricardo Sánchez, que en 2014 ganó un concurso convocado por el Ayuntamiento junto con el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM). Preguntado por la falta de zonas verdes, el arquitecto Sánchez explicó a EL PAÍS en 2022 que si se ponen árboles en el centro, “evitas que sea un foro, un centro abierto, de celebración o protesta”. Tampoco se pueden poner árboles cerca de las fachadas, señaló. La Puerta del Sol seguiría siendo una de las denominadas “plazas duras”, características en la capital. La pelea por los árboles en Sol también se dio en 2009, con la reforma previa a la impulsada por José Luis Martínez-Almeida en su primera legislatura. El entonces regidor, Alberto Ruiz Gallardón (PP), respondió a la presidenta de la Comunidad, Esperanza Aguirre, que había pedido arbolado en la plaza, y dio una de las claves que se han repetido años después: no se puede porque no hay profundidad suficiente. Debajo del 90% de la plaza y 20 centímetros del pavimento hay una losa de hormigón y, debajo, la mayor estación de metro y la de Cercanías, así como numerosas galerías de servicios, han argumentado en varias ocasiones en el área de Obras y Equipamientos. Por A o por B, el resultado es que en los 12.000 metros cuadrados de la Puerta del Sol no hay ni plantas, ni árboles, ni flores. Y hasta 2025, tampoco había sombra. El año pasado se instalaron por primera vez toldos, 32 telas blancas ubicadas en la zona norte de la plaza, sobre los bancos de piedra. Costaron un millón y medio de euros y fueron foco de polémica. Para la oposición eran una solución temporal, y para las asociaciones vecinales fue “decepcionante”. Este verano han vuelto a colocarse y se quedarán hasta finales de septiembre. Por ahora, las únicas plantas en la plaza son ―y serán― las colocadas por la empresa cervecera como parte de una campaña para promocionar locales en España.