Texto: Liza LunaMientras organizadores y autoridades emprendían costosos arreglos para la Copa de Fútbol 1986, buena parte de la población mexicana pasaba hambre, angustia y coraje, pues no era posible que un país tan ahorcado fuera sede de un mundial. Los estragos del terremoto de 1985, sumados a una lastimosa crisis económica, dejaron a México tambaleándose, pero el gobierno de Miguel de la Madrid no se echó para atrás con su papel de anfitrión. De ahí que surgieran protestas e inconformidades, enmarcadas con la frase “no queremos goles, queremos frijoles”. Lee también Los “tianguis mundialistas” y sus megapantallas para el México 86Como bien lo describió Baltazar Ignacio Valadez en estas páginas, “el gobierno [de 1986] puede montar circos, pero no puede dar pan. No creemos que, con circo, el pueblo pierda conciencia de la dura realidad social, política y económica que padece ni que millones de trabajadores se olviden de que reciben salarios miserables, sólo por el hecho de haber visto los partidos entre Italia y Bulgaria, o entre España y Brasil”. Caricatura de Helioflores para EL UNIVERSAL, 5 de junio de 1986. Un encuestado por este diario dijo “este mundial [de 1986] no es para el pueblo, porque ni para las entradas tenemos”. Foto: Hemeroteca EL UNIVERSAL.Bien dicta el dicho “quien mucho abarca, poco aprieta” y parece que Colombia lo tuvo bien claro en 1982. Nuestras páginas del 26 de octubre del 82 confirmaron la renuncia del país sudamericano a ser sede de la Copa Mundial de Fútbol 1986, luego de que su presidente, Belisario Betancur, anunciara la terminación del compromiso con la FIFA. En palabras del mandatario: “como preservamos el bien público y sabemos que el desperdicio será imperdonable, anuncio que el Mundial 1986 no se hará en Colombia, previa consulta democrática sobre cuáles son nuestras necesidades reales". Sus motivos fueron las “extravagantes exigencias” de la FIFA, como la construcción de varios estadios y numerosas facilidades hoteleras, además de la “delicada situación económica” del país. “No se cumplió la regla de oro consistente en que el mundial debería servir a Colombia y no Colombia a las multinacionales”, declaró Betancur. Lee también Sombreros, banderines y matracas, recuerdos del México 86A pocas horas de la renuncia colombiana, México, Brasil, Estados Unidos y Canadá anunciaron su interés por albergar el Mundial 1986; nuestro país y la afamada tierra de la samba eran los principales contendientes. Por esas fechas, ya estaba por terminar la presidencia de López Portillo y llegaba la “renovación moral” de Miguel de la Madrid. A principios de ese año, la SEGOB advirtió que “políticas internas” no afectarían la Copa de Fútbol: "no debemos permitir que se dé la coyuntura a gente que tiene el ánimo de restar lucidez al máximo evento del balompié”. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.El sexenio 1982-1988 difundió las consultas populares para enterarse del pensar de la población y tomar decisiones “democráticas”; para ejemplo, el gobierno de De la Madrid lanzó una encuesta en febrero de 1983 para saber si los mexicanos querían ser anfitriones mundialistas por segunda ocasión. La mayoría de la opinión pública afirmó que encabezar la Copa del Mundo no era adecuado para el país, dada la creciente crisis económica; pero poco importó su punto de vista, pues la decisión de ofrecer a México como sede mundialista se tomó desde antes y la propuesta ya estaba en el escritorio de la FIFA. Lee también Cuando la TV mexicana no transmitió el Portugal vs. México en 1969Para mayo del 83, la organización futbolística internacional nos designó anfitriones de la Copa de Fútbol 1986. Quién diría que México atravesó una de sus peores etapas poco antes de la patada inicial hace 40 años. Desorden durante el Mundial 1986. En abril del 86, las 24 selecciones que competían por la copa donaron al Fondo Nacional de Reconstrucción para los damnificados en México, además de lanzar un catálogo de colección, cuya ganancia también se destinó a los afectados de 1985. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.Una crisis económica, aumento exorbitante de la deuda externa y devaluación de la moneda, junto con un terremoto de proporciones catastróficas, hicieron su aparición entre 1983 a 1986. México se sostenía con pinzas, pero no soltó el mundial. Los movimientos telúricos de 1985 convirtieron cientos de edificios en escombros y dejaron miles de damnificados, a menos de un año de recibir a 24 selecciones de fútbol, prensa internacional y turistas. La respuesta del gobierno ante la tragedia fue pésima y el descontento popular se acentuó conforme se acercaba la Copa de Futbol. Una importante muestra de rechazo ante el mundial se vio el 15 de diciembre del 85, día del sorteo para la Fase de Grupos. Ese evento se realizó en el Foro 2 de Televisa San Ángel, dado que la empresa televisiva era la principal encargada del campeonato. Lee también Los daños que sufrió el Ángel en el mundial México 86Afuera de la televisora y ante los ojos de los principales representantes futbolísticos del mundo, mujeres y niños empobrecidos se manifestaron en contra de que México siguiera con el mundial. Entonces se acuñó la frase “no queremos goles, queremos frijoles”, pues parecía que a las autoridades les sólo importaba el fútbol. Protesta durante el sorteo del mundial, diciembre de 1985. Foto: AP/ESPECIAL.Cabe aclarar que no sólo urgía la ayuda para los 40 mil damnificados del entonces Distrito Federal. Uno de los peores panoramas previo a la Copa del Mundo se vio en Nuevo León, que tenía meses lidiando con la escasez de agua y se enfrentó a la quiebra de una de sus empresas más importantes: Fundidora Monterrey. Para mayo de 1986 y según datos de EL UNIVERSAL, esta minera acumuló una deuda de 15 mil millones de dólares y declaró su quiebra. Unos 8 mil 200 trabajadores perdieron su empleo y miles de familias el interés de ser anfitriones mundialistas, al grado de querer tomar los estadios y boicotear los partidos. Lee también El primer campeonato nacional de fútbolSalario mínimo insuficiente y poder adquisitivo por los suelos, costo del dólar a más de 500 pesos, ciudadanos desaparecidos a la fuerza y presos políticos, contaminación ambiental desenfrenada... México tenía muchos problemas y siguió con el mundial. Damnificados del terremoto, manifestándose en el Zócalo en 1986. Durante los preparativos para el mundial, se dijo que el gobierno escondería los campamentos de damnificados, por miedo a la “mala imagen”. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.Por miedo a que las protestas dañaran la imagen nacional, hubo medidas represivas como decretar la prohibición y dispersión de manifestaciones entre el 31 de mayo al 29 de junio, con la justificación de cuidar la seguridad y celebración futbolística. Otra forma de ocultar la realidad fue con el embellecimiento. “Limpiaron las calles principales y pintaron paredes que pueden verse desde un automóvil. Desalojaron a gente y demolieron edificios que podían repararse”, denunció un damnificado. Lee también El histórico triunfo de México contra Brasil en 1999En EL UNIVERSAL del 4 de marzo de 1986, la entonces diputada por el Partido Revolucionario de los Trabajadores, Rosario Ibarra de Piedra, escribió en su columna Goles y Frijoles: “estoy de acuerdo en que todo mundo tiene derecho a divertirse [con el Mundial], pero no que toda una ciudad se deje arrastrar por la propaganda de quienes quieren sumir al pueblo en la enajenación para que olvide las carencias”. Jóvenes jugando frente a una barda del mundial. Nuevo León tenía dos estadios mundialistas y, según se leyó en EL UNIVERSAL, “aquí [en Monterrey], la preocupación, más que por el fútbol, es solucionar el cierre de Fundidora Monterrey”. Foto: AP/ESPECIAL.Para el 14 de mayo del 86, a dos semanas de la inauguración, este diario presentó una encuesta con la opinión de defeños ante la Copa de Fútbol. La conclusión: “la imagen que ofreceremos será falsa, porque no tenemos adelantos tecnológicos, ni recursos qué derrochar, y nuestro ánimo no está para soportar un Mundial”. Uno de los encuestados por esta casa editorial sostuvo “no creo que sea como en 1970 [primer Mundial en México]; entonces sí se vivía, ahora nada más a medias. No hay dinero y la chamba es escasa como para descuidarla e ir a un partido”. Para junio del 86, la deuda exterior rebasó los 100 mil millones de dólares. Lee también La caótica inauguración del Estadio Neza 86Y una cosa fue que se gastaron escasos fondos del erario en embellecer al país, pero otra fue cobrar a la población por la imagen que se quería dar a los visitantes. Así ocurrió en Nezahualcóyotl, cuando las autoridades buscaron que sus empobrecidos habitantes pagaran miles de pesos por la urbanización alrededor del Estadio Neza 86. “El gobierno mexicano gasta dinero en preparativos del mundial en lugar de destinar esos fondos a construir casas para la gente que se ve obligada a alojarse en tiendas [improvisadas o de campaña]”, afirmó un damnificado. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.El 30 de mayo de 1986, EL UNIVERSAL informó sobre las protestas de 3 mil 500 vecinos de la colonia Benito Juárez en el municipio mexiquense, quienes denunciaron “los altos cobros que por pavimentación les exigen las autoridades [cerca del Neza 86]”. La entonces Ley de Cooperación para Obras Públicas estableció que estado, municipio y vecinos beneficiados debían cubrir el gasto. La pavimentación del estacionamiento del Neza 86 y calles aledañas costó 600 millones de pesos: los habitantes debían pagar 200 millones, entre 3 mil 500 casas, cada uno debía 57 mil. Lee también La experiencia mundialista en el Estadio Neza 86Pero parecía que sus calculadoras dividían mal, porque el gobierno exigió 180 mil pesos por casa, tres veces lo justo. Con ese monto, los vecinos cubrían los 600 millones de la obra y otros 29 millones de ganancia para las autoridades. Caricatura “El Anfitrión” de Naranjo, 1986. Foto: Hemeroteca EL UNIVERSAL.El duelo entre gobierno y pobladores de Neza duró meses. Para octubre del 86 seguían sin acuerdos sobre cuánto pagaría cada parte, aunque fue obvio que la intención gubernamental era que los habitantes pagaran todo el embellecimiento mundialista. Por si fuera poco, otros pobladores denunciaron problemas con la recolección de basura, transporte público, alumbrado y hasta acumulación de sedimentos del alcantarillado y drenaje debajo de sus casas; pero primero que todo estaba el fútbol. Lee también La derrota de México en el primer MundialOtro severo conflicto fue el abuso policiaco, pues, “con el pretexto del mundial, la policía municipal [de Neza] detiene a todo ciudadano que se cruza por su camino después de las nueve de la noche, mediante un operativo para 'limpiar la ciudad', pero lo que están haciendo es vaciar los bolsillos de los colonos”, afirmó EL UNIVERSAL. Caricatura “Oftálmico” de Naranjo, 1986. Foto: Hemeroteca EL UNIVERSAL.EL UNIVERSAL evidenció el 2 de mayo del 86 el plan del DF para retirar a tragafuegos, limpiaparabrisas, pordioseros y “minusválidos desamparados” de las calles mientras transcurría el mundial, “convenciéndolos” de que se dedicaran a otra cosa para ganar sus centavitos, al menos entre el 31 de mayo al 29 de junio. El entonces funcionario, Alfredo Hoyos Gómez, aseguró que estos individuos de banqueta “podrían dedicarse a otra cosa, pero no quieren; vamos a convencerlos de que no sigan con eso, pero la única forma de combatirlos es no darles dinero”. Lee también Victoria del América en la Copa Interamericana en 1978Otro claro ejemplo de “maquillar” el ambiente fueron las bardas decoradas con motivos mundialistas en el DF y Guadalajara. Pintura blanca, banderas de selecciones participantes y el buen Pique se adueñaron de paredes y espacios que antes lucían frases de protesta o grafitis poco atractivos para el ojo extranjero. Niñas descalzas frente a una barda decorada. A dos días de la inauguración, EL UNIVERSAL evidenció que “el mundial provocó [un aumento de] inflación, los precios se dispararon y el control de la canasta básica pasó al olvido. Este mundial sólo lo gozan los miembros del comité organizador y policías”. Foto: AP/ESPECIAL.Según reportó este diario, “los muros han pasado de la irritación a la celebración. [...] ‘Por favor, señores, que todo se vea bonito y recuerden, México sigue en pie’, parecía ser el único mensaje que el gobierno quería ver de sus ciudadanos”. Para el 23 de mayo del 86, a ocho días de la Copa, México pronosticó que sólo vendrían 35 mil turistas de todo el mundo, en lugar de los 60 mil esperados. A pesar de tan mal vaticinio, el gobierno no pichicateó en garantizar la seguridad de los extranjeros, con más de 50 mil elementos policiacos y militares distribuidos en todo el país. Lee también El mundial femenil que México olvidóTan sólo la capital dispuso de 27 mil policías, uniformados e infiltrados como civiles entre la porra para vigilar estadios, hoteles y sitios turísticos. Por su cuenta, Monterrey custodió estadios y “barrios peligrosos” del municipio, para evitar sorpresas. Barda para el Mundial de 1986. Se pintaron numerosas paredes con “welcome” y “hello” para los visitantes, aunque pronto se les agregaron mensajes como “no queremos goles, queremos frijoles” o “¡basta de circo!”. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.Llegó el 31 de mayo de 1986 y se intentó poner buena cara al mundo durante la inauguración. EL UNIVERSAL mencionó en su apartado editorial: “a pesar de lo que se dice de ‘pan y circo’, una competencia como ésta [la Copa de Fútbol] servirá para mostrar al mundo que estamos en pie y que México todavía puede agigantarse”. Aun así, no pararon las protestas. Rosario Ibarra de Piedra encabezó una manifestación por desaparecidos en el Ángel de la Independencia mientras se vivía el partido inaugural en el Estadio Azteca, para que gobierno, ciudadanía y el mundo no olvidaran que en México había población que no celebró el inicio del mundial. Lee también Entrar al Azteca alguna vez fue gratisInauguración del México 86, con Miguel de la Madrid. Hubo descontento al ver que la máxima fiesta futbolística resultó elitista, pues el costo del boleto alcanzó los 30 mil pesos, precio que pocos podían pagar. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.Por irónico que parezca, la principal muestra de descontento durante la Copa de Fútbol 1986 se vivió en pleno Coloso de Santa Úrsula, cuando el presidente Miguel de la Madrid apareció en su inalcanzable palco para inaugurar la justa. Miles de asistentes no se acobardaron con la presencia de francotiradores o policías infiltrados y se dejaron ir con abucheos, silbidos y mentadas contra el mandatario. “No fue necesaria una consulta popular para saber lo que opina la voz del pueblo”, indicó EL UNIVERSAL el primero de junio, tras el abucheo al priísta. “El presidente Miguel de la Madrid deberá meditar acerca de lo ocurrido”, concluyó este diario. Lee también Saldívar contra Winstone, primera pelea de box en el Estadio AztecaAlgo parecido dijo el entonces diputado y abogado David Orozco Romo: “a nuestras altas autoridades no sólo les debe preocupar la rechifla al Primer Mandatario [en el Estadio Azteca] [...], sino que, en medio de un acontecimiento deportivo tan absorbente como el que hoy vivimos, se entreven tan notoriamente las angustias económicas y el descontento con el actual estado de las cosas”. A la misma hora de la inauguración del mundial, el Ángel de la Independencia recibió la manifestación del Comité Pro-Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos de México. Ante el mundo y sin temor a aguar la fiesta, gritaron “¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!”. Foto: Archivo EL UNIVERSALY aunque la transmisión televisiva nacional e internacional usó aplausos falsos, México sabía la verdad: puede que seamos pamboleros de corazón, nos emocionemos con las fintas y escupamos bilis por un penal, pero 90 minutos de distracción no borran la inconformidad y consciencia del pueblo, que sabe cuándo el gobierno le ve la cara. Para el 27 de junio de 1986, con el fin del mundial tan cerca, se escuchó un nuevo grito de guerra desde las gradas del estadio: “¡Ya tuvimos goles, ahora queremos frijoles!”. “La porra libre exige sus derechos constitucionales. No más represión”, se leyó en una manta durante un partido mundialista de 1986. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.Fuentes: Hemeroteca EL UNIVERSAL
Las protestas que rodearon al México 86
México vestirá sus mejores galas para recibir su tercer mundial, arreglando y pintando sus deficiencias por encima. Así se hizo hace 40 años, cuando el país se puso la camiseta para celebrar la Copa de 1986, a pesar de la crisis económica y demás problemas de urgencia que lo aquejaban















