Hoy México se presenta ante el mundo de una manera radicalmente diferente. La imagen proyectada ya no es aquel espejo resquebrajado de 1986.Publicidad11 de junio, 2026 - 06h00En mayo de 1986, con apenas 22 años, llegué a la Ciudad de México a cubrir mi primer Mundial de fútbol. Escribía mis reportajes en las máquinas de escribir del Centro de Prensa y disparaba hasta 36 fotos por rollo con la esperanza de que al menos unas cuantas fueran nítidas. Cuando tocaba enviarlos, juntaba algunos en un sobre y los llevaba hasta el aeropuerto para que alguien viajando en uno de los dos vuelos semanales de Ecuatoriana de Aviación, me hiciera el favor de transportarlos a Guayaquil. Todo ese trámite podía ser de entre tres o cinco días.He regresado cuarenta años después y todo es diferente. Hoy, con un laptop o con un teléfono basta para escribir, fotografiar, grabar y publicar en segundos. Se puede producir contenido simultáneamente para múltiples plataformas digitales, sin cables ni demoras.Las diferencias entre ambos mundiales son logísticas, tecnológicas, editoriales y políticas. De 52 partidos ahora serán 104; de 9 ciudades sedes en un solo país ahora serán 16 en 3 países; de 24 selecciones participantes ahora serán 48. La historia tiene muchos más protagonistas y muchas más pantallas desde donde contarla.PublicidadEl número de periodistas acreditados se ha triplicado, y a ellos se suman miles de influencers que en noventa segundos lanzan tuits, reels y notas visuales que alcanzan audiencias de cientos de miles que antes eran impensables. El oficio es el mismo, pero el mundo en que se ejerce ahora no tiene nada que ver con aquel. El mundial en México históricamente me ha dado un reflejo del país. Metafóricamente en 1986 se miraba reflejado en un espejo resquebrajado, y en 2026 lo hace a través de un filtro de Instagram. Ambos reflejan una parte de la verdad, pero de maneras muy distintas.Hace cuatro décadas, México se presentó ante el mundo con grietas a la vista. El Mundial convivía con la realidad cotidiana del país y la reflejo con honestidad. Las secuelas del devastador terremoto de 1985, las dificultades económicas y el descontento social formaban parte de una imagen imperfecta, pero profundamente auténtica.PublicidadPublicidadHubo protestas, abucheos al presidente gritándole “No queremos goles, queremos frijoles”, estadios que evidenciaban el paso del tiempo y una ciudadanía que expresaba abiertamente sus preocupaciones. Dolía mirar ese reflejo, pero el país seguía en pie, con la dignidad intacta, aunque las fracturas sociales, económicas y políticas eran visibles.Hoy México se presenta ante el mundo de una manera radicalmente diferente. La imagen proyectada ya no es aquel espejo resquebrajado de 1986, ahora es una narrativa cuidadosamente construida mediante tecnología, mercadotecnia, redes sociales y estrategias de comunicación internacional. PublicidadEl Mundial mostrará ciudades vibrantes, museos, gastronomía, arte urbano y una riqueza cultural real y selectiva. Temas como la gentrificación, el costo de vida, las desigualdades, los plantones o los complejos dispositivos de seguridad, rara vez aparecen en el encuadre oficial. Se magnifican los aciertos y se difuminan los que no encajan. México volverá a recibir al mundo, más moderno, más conectado y mejor presentado que nunca, sabiendo exactamente qué mostrar y qué guardar en silencio. Cuarenta años después, aquí se vuelve a patear el balón y el mundo, una vez más, se detiene a mirar. (O)Hay un nuevo Disney+ donde todo se encuentra. Contrata la Copa Libertadores, suscríbete aquí.
La pelota vuelve a México 40 años después
Hoy México se presenta ante el mundo de una manera radicalmente diferente. La imagen proyectada ya no es aquel espejo resquebrajado de 1986.











