Las familias de la escuela pública llegan a la Asamblea de Madrid para mostrar su desesperación por las altas temperaturas que alcanzan las aulas en los centros educativos de la región. Mientras 30 madres acceden al pleno con la esperanza de escuchar alguna solución, una marea carmesí les muestra su apoyo desde fuera. Son padres y vecinos que acuden a la llamada de la Plataforma Aprender Sin Calor, compuesta por más de 150 asociaciones de familias del alumnado. El rojo, el color que han elegido para su protesta, se apodera de la calle y los silbatos no paran de sonar. “No es Riviera Maya, mi hijo se desmaya”, corean una y otra vez. Algunos vehículos pitan desde la carretera para mostrarles su apoyo. Acuden a su encuentro la portavoz socialista, Mar Espinar, y el responsable de Educación en su partido, Esteban Álvarez, además de su homóloga en Más Madrid, María Pastor, y la concejala del grupo municipal de su formación, Lucía Lois. Esta agrupación propone en el pleno reformar la legislación sobre la infancia para garantizar unas instalaciones educativas con temperaturas por debajo de 27 grados y por encima de 17, algo ya establecido en la normativa de prevención de riesgos laborales en espacios interiores.“No puede ser que los trabajadores tengan herramientas para protegerse, pero la infancia esté indefensa, siendo, además, población vulnerable”, insiste Pastor con un termómetro en la mano. Acaba de medir la temperatura en el pleno y es de 23 grados. “Es una auténtica vergüenza, aunque este jueves me espero a un Partido Popular abrazado al negacionismo, que va a mostrar su desprecio por los niños y los profesores. Todos los edificios públicos están climatizados, excepto los ocupados por menores. Es indecente”, reprocha.Alejandra Korovaichuk, madre de 47 años, se suma a la protesta como representante de la asociación de familias del Colegio Ramiro de Maeztu, ubicado en Chamartín. Ha escrito 10 cartas a las consejerías de Educación y Sanidad, además de a la Dirección de Área Territorial de Madrid Capital, para mostrar su preocupación por la situación, pero no ha recibido respuesta. “La exposición al calor durante tantas horas seguidas es muy peligrosa”, alerta. Su hijo cursa educación infantil y asegura que el patio en el que juega durante el recreo no tiene sombra, ni árboles, ni toldos. “Los niños salen empapados, mareados, con sangrados de nariz, con muchísima sed...”, relata. Los padres de este centro educativo midieron en una reunión celebrada en septiembre la temperatura del aula en la que se encontraban y el termómetro marcaba 33 grados a las 12.30.“Nos piden que los más pequeños lleven gorro y ropa fresca, es de broma, no somos estúpidos. Cada vez que escucho en la Asamblea que cuando hace calor, hace calor, y que es fuente de inspiración, me dan ganas de llorar. ¿Hasta dónde puede llegar la falta de humanidad? Se ríen de nuestros hijos", expresa. Su mayor miedo es que la enfermera del centro educativo la llame para decirle que a su hijo le ha dado un golpe de calor. “Lo dejo con el corazón en un puño, le doy juguetes para que lleve al colegio con la intención de que se esté quieto y no corra en el patio. El objetivo es minimizar riesgos”, explica. Insiste en que no pide lujos ni comodidades, solo unas condiciones dignas que, a su juicio, se conseguirían con la climatización de los colegios.La portavoz del PSOE en la Asamblea recuerda que este es un compromiso que el Ejecutivo regional asumió en su debate de legislatura. “Solo en el Hospital La Paz, las urgencias pediátricas suben un 25% a causa de estas olas de calor, cada vez más tempranas e intensas. En cuanto Quirón se dedique a los aires acondicionados, climatizarán hasta los baños”, expresa Espinar. El responsable de Educación de su formación política comunica que han preparado un plan de climatización y eficiencia energética para adaptar todos los centros educativos públicos de Madrid en cinco años: “El coste ronda los 800 millones, supondría el 0,5% del presupuesto de la Comunidad de Madrid y se beneficiarían casi dos millones de alumnos. Los estudiantes no pueden esperar.La presidenta de la Federación de Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado Francisco Giner de los Ríos (FAPA), María Carmen Morillas, está dentro de la Asamblea. “El cambio climático es innegable y no vamos a parar hasta que se adapten los centros educativos, llevamos una década en lucha”, comunica después de trasladar que este viernes se reunirá con el Defensor del Pueblo, Ángel Gabilondo, para abordar este asunto. “Las familias recogen a sus hijos con cefaleas y vómitos. Es un problema de salud pública”, refiere. Asegura que este curso solo se han realizado obras de climatización en el 5% de los colegios e institutos. “Son una sauna, de poco vale que los niños lleven pulverizadores”, comenta. Le preocupa especialmente el alumnado con trastorno del espectro autista porque, según indica, un alto porcentaje de este no tiene capacidad de autorregulación corporal.A la reivindicación también se suma Verónica Díez, de 46 años. Sus hijos estudian en el Colegio Ausiás March de Villaverde. “Hay alumnado diabético que está faltando a clase por recomendación de su endocrino. Con las altas temperaturas les baja la glucemia”, comenta. Reporta que los estudiantes son cambiados de aula con frecuencia para intentar sortear el calor y que cuando salen al patio se turnan las zonas de sombra. “Nos han pedido a las familias que compremos ventiladores. Tenemos que poner dinero para que nuestros hijos no se mareen”, explica. Javier Zamora, padre de 35 años, tilda de insostenible la situación. “Hay fallecimientos asociados a las altas temperaturas”, advierte.Silvia Esteban, profesora de secundaria en un centro de Fuencarral que prefiere no especificar, los apoya: “Como docente quiero que se cumpla la ley en mi puesto de trabajo, la normativa laboral exige entre 17 y 27 grados”. Comenta que hay días en que sus hijos no pueden salir al recreo. Las familias han empezado a recoger a los más pequeños con un paraguas en señal de apoyo a la infancia que soporta temperaturas elevadas en las aulas. Recuerda que el problema no termina en junio porque en julio y agosto la escuela se convierte en punto de encuentro para los campamentos de verano, también en centro examinador de oposiciones. “Mis alumnos se fatigan más y rinden menos en una etapa de vital importancia para ellos, están en plena época de exámenes”, cuenta. Reporta que salen con frecuencia de clase para refrescarse: “Todos los centros educativos por los que he pasado en los últimos años han alcanzado los 30 grados. Estamos cancelando clases para reducir el horario lectivo en las horas de más calor. Tienen que tomarnos en serio, no es un capricho de las familias y los profesores, también muestra su preocupación la Asociación Española de Pediatría”.
Las familias protestan ante la Asamblea de Madrid por el calor en las aulas: “No es Riviera Maya, mi hijo se desmaya”
Los padres protestan a las puertas del pleno para que en los colegios e institutos no se rebasen los 27 grados tras reportar mareos y golpes de calor















