Cuando oigo la palabra Mundial, me evoca a recuerdos de la infancia, a esa etapa en las que era un absoluto placer ver un partido tras otro sin descanso. Siendo feliz, en definitiva.Los nuevos tiempos traen un fútbol muy distinto de aquel. O eso al menos te dicta la memoria. El dinero se entromete en exceso –con países como Qatar o Arabia organizando el evento– y la política también: habrá qué ver cuánto interfiere Donald Trump. Que le pregunten a Irán, exiliado en México pese a jugar sus partidos en Estados Unidos, o al arbitro somalí deportado por unos presuntos vínculos con terrorismo.Pero creo, y confío en ello, que en cuanto eche a rodar el balón, todo eso se acabará olvidando. Es lo bueno del fútbol. Alucinaremos con todas las superestrellas del torneo y disfrutaremos con cada partido, por muy aburrido que suene un Bosnia y Herzegovina contra Canadá.Y además España llega con un superequipo. Campeona de Europa y con más de dos años sin haber perdido un partido, llega el momento de cambiar la camiseta de nuestro equipo, olvidando todo tipo de rencillas, y ponernos la de todos: la Roja. Fue un orgullo ver a un país unido en las victorias –de 2008 a 2012– y también lo fue verlo llorar en las derrotas. Que se repita ahora, ¡todos con España!
El Mundial, el torneo más especial que hace que todo se olvide
La gran cita del fútbol mundial arranca este jueves con el partido inaugural entre México y Sudáfrica.











