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Al granoEl agua potable es escasa y cara porque no se invierte lo suficiente. Para que eso ocurra, se requiere de derechos definidos y reglas claras.

El agua es un recurso vital para la vida humana, y su gestión adecuada debería ser una prioridad para todos los guatemaltecos. Sin embargo, el tratamiento del tema por parte de algunos políticos deja mucho que desear. Existen quienes abordan la cuestión con genuino interés y responsabilidad, pero también hay quienes, desde un enfoque demagógico, se aprovechan de la corrupción de ciertos empresarios y alcaldes para generalizar y afirmar que “todos” los empresarios actuarían de manera corrupta.

La realidad es que, en muchos barrios pobres de nuestras ciudades, la falta de inversión en la extracción, conservación, tratamiento y distribución del agua obliga a las familias a comprarla de camiones “pipa”. Esta situación es inaceptable y refleja un sistema ineficiente que no solo incrementa los costos para los consumidores, sino que puede superarse. Sin embargo, algunos políticos demagógicos utilizan este sufrimiento para justificar su agenda, argumentando que, debido a la corrupción de unos pocos, jamás se debería confiar el agua a los empresarios. Este razonamiento falaz les permite promover una iniciativa de Ley de Aguas que, en lugar de mejorar la situación, deja la gestión del ciclo del agua en manos de administraciones públicas que, en no pocos casos, son igualmente incompetentes y corruptas.