A ras del suelo que pisará este jueves el papa León XIV durmieron miles de personas migrantes en 2020. El muelle de Arguineguín (Gran Canaria) llegó a hacinar a hasta 2.600 personas en un fin de semana. Entonces, un repunte de llegadas sorprendió a Canarias sin recursos de acogida suficientes, a pesar de que las islas llevaban más de 20 años recibiendo pateras y cayucos. Una garrafa de agua para ocho o diez personas, gente durmiendo sobre un cartón, personas bajo custodia policial más tiempo del que permite la ley, menores identificados como adultos o ratas correteando por el campamento son algunas de las estampas que hicieron que este lugar fuera bautizado como “el muelle de la vergüenza”.

Entre las miles de personas que pasaron por Arguineguín estaba Mohammed Syla, nacional de Mali. Seis años más tarde, Syla reivindica la labor de los ''trabajadores en el mar''. ''Si no estuvieran allí, todos los inmigrantes que llegan por mar morirían'', subraya. Aunque recuerda la falta de agua suficiente para lavarse y las carencias en la comida, afirma que estará siempre agradecido con el pueblo español y canario ''por los esfuerzos realizados para salvar a todas estas personas''. ''Porque si nos salvamos, tendremos esperanza de un futuro mejor, especialmente porque queremos trabajar en España'', concluye.