Berta Argenté conoce como pocos el potencial del sector financiero para mejorar la vida de los más vulnerables. Tras graduarse en Administración de Empresas en 2025, la barcelonesa pasó cinco años entre la India y Colombia, donde supervisó las inversiones de la gestora del premio Nobel de la Paz Muhammad Yunus, centrada en apoyar negocios rentables con impacto social en países en desarrollo. La pandemia interrumpió su trabajo de los sueños y le forzó a volver a Barcelona, pero también le hizo darse cuenta de la necesidad de mejorar su propia ciudad. “Sentía que podía generar un impacto mayor si trabajaba cerca de casa”, explica la emprendedora, a sus 33 años, en entrevista telefónica.Al volver, Argenté se incorporó como socia de su amiga Patty Torres en una empresa de reparto de comida para personas vulnerables. Allí descubrió los bocadillos que el hijo de Torres, Borja Poal, vendía para pagar sus estudios de integrador social. Convencidos por el éxito de los rellenos exóticos, como secreto ibérico con chimichurri, Argenté y Poal se lanzaron por su cuenta en febrero de 2025 al fundar B de Bocata, un restaurante de bocadillos orientado a contratar personas de colectivos vulnerables. Ella se encarga del negocio y él, de la cocina. En el primer año facturaron medio millón con beneficios e incorporó a 12 trabajadores, entre discapacitados, migrantes, víctimas de violencia machista y exdrogodependientes.“No privilegiamos a ningún colectivo ni tenemos cupos formales. Realizamos un proceso de selección centrado más en la persona que en su situación de exclusión”, señala la cofundadora. El método de fichaje es así: B de Bocata traslada el perfil que busca a 15 entidades sociales colaboradoras, recibe sus recomendaciones y selecciona. El contacto con esas entidades también permite a Argenté y a Poal acompañar a sus empleados más allá del trabajo: ayudaron a una cocinera y madre soltera recién desahuciada a encontrar piso y regularizaron la situación de un planchista migrante. “Lloró el día que firmó con nosotros su primer contrato de trabajo en España”, recuerda la cofundadora.Solo de caridad no vive un negocio. Para poder abrir la primera tienda, en el lujoso barrio barcelonés de Sarrià, Argenté y Poal tuvieron que buscar financiación y, para tanto, necesitaban probar que el negocio podría ser rentable. Tardaron algunas semanas y al final lograron captar 100.000 euros de tres inversores. Gracias al éxito obtenido durante el año, pudieron abrir un segundo local en la ciudad y un puesto temporal en la Costa Brava durante el verano. Como ocurre en gran parte del sector hostelero, la mayor parte de los ingresos proviene del consumo en el propio establecimiento.“La mejor forma de generar impacto es que el negocio funcione bien”, afirma la cofundadora. Pero no siempre fue sencillo. Argenté recuerda que, al principio, algunos clientes se intimidaban al ver carteles con letras enormes que anunciaban “proyecto social” o destacaban los logotipos de las entidades colaboradoras. “Pensaban que el producto sería de menor calidad”, lamenta. Para evitar prejuicios, Argenté y Poal retiraron los carteles sin cambiar nada más que la apariencia del local.Ahora el dúo planea abrir la tercera tienda en Barcelona antes del final de 2026. Lo harán con el préstamo de 250.000 euros obtenido en su primera ronda de financiación, cerrada en marzo y a la que acudieron tres gestoras especializadas en inversión de impacto, las españolas Catalytic Ventures, Open Value Foundation y La Bolsa Social.Historias como la de B de Bocata atraen cada vez a más inversores institucionales, como gestoras e incluso fondos de pensiones, interesados en combinar rentabilidad e impacto social. Esta forma de entender las finanzas, que surgió en Reino Unido y EE UU con la mancha de 2008 sobre el sector financiero, ya moviliza más de 1.000 millones de euros en España a través de 18 gestoras y 30 fondos (según SpainNAB, la asociación de referencia del sector) en menos de una década presente en el país. Para los emprendedores sociales en España como Argenté, ya no es necesario buscar soluciones al otro lado del mundo.
B de Bocata, el restaurante estrella de la inclusión laboral
El establecimiento factura medio millón en su primer año y contrata a 12 personas de colectivos vulnerables, entre ellos migrantes y víctimas de violencia machista








