Ha sido modelo, ha jugado con la selección de baloncesto de Senegal, es humorista, actor y, por la suma de todo ello, Lamine Thior (Dakar, Senegal, 36 años) se define como alguien con “más vidas que Hannah Montana”. “Me llamaron para la preparatoria del Mundial de Baloncesto que se iba a jugar en España en 2014, pero mi rodilla no estuvo de acuerdo con hacia dónde iba mi carrera”, resume el showman, que conserva la nacionalidad senegalesa (de forma única, al no existir convenio bilateral con España) pese a llevar en la península desde los dos años, cuando llegó a Algeciras. “Lo hago por honrar y mantener, dentro de lo que cabe, las raíces de mi familia. La verdad es que, a veces, es un poco burocráticamente insoportable. Mi madre me está diciendo todo el rato que me saque la nacionalidad, pero bueno, ¡voy a aguantar hasta que me deporten!”. Thior está viviendo un ascenso imparable dentro de la escena cómica en España. Ha colaborado en El intermedio, participa en Al cielo con ella y conduce, junto a la también humorista Asaari Bibang y el rapero Frank T, el pódcast No hay negros en el Tibet (Podium Podcast), que se ha consolidado como uno de los espacios de referencia del antirracismo y, además, uno de los programas en activo que mejor compaginan entretenimiento y pedagogía. “Es el mejor pódcast del mundo”, sentencia sin titubeos. “Te sientas a escucharlo y es como si estuvieras en el salón de casa pasando el rato, hablando desde la reflexión más profunda a la tontería más grande. Para mí es un regalo, por la cantidad de personas e historias que conoces, por cómo sirve a la autocrítica, a reconocer prejuicios o al ejercicio de hacer comedia sobre temas muy serios, lo que no significa que los banalicemos”. Alternar micrófono con un rapero vieja escuela como Frank T también le resulta muy divertido, por los continuos choques generacionales que viven (se llevan 17 años) y sus dispares experiencias como personas racializadas. “Al principio, él me miraba como diciendo: ‘¡Qué negro más raro!”, dice riéndose Lamine Thior. “Estamos hablando de alguien que es rap puro. El otro día estábamos en Albacete y pusieron una canción de La Oreja de Van Gogh, la de “Te voy a escribir la canción más bonita del mundo…”. Todos cantando y él, serio, pregunta: ‘¿Qué es esto?’. Tío, ¡por favor! No escucha nada fuera del rap, no conoce nada ni de las Spice Girls. Una vez le enseñé una foto de Camilo y me dice: ‘¿Ese qué es, pintor?”. Los gustos de Lamine, criado en Andalucía, van por otro sitio. “Cuando voy con los cascos, me ha pasado que se los dejo a alguien que acabo de conocer, lo escucha y se sorprende: ‘¿Estás escuchando flamenco?’. Me gusta el flamenco, ¿qué hago? ‘No sé, esperaba algo más tipo 50 Cent’. Yo te bailo 50 Cent si quieres, ¡pero es que Tanto la quería, de Andy & Lucas, es muy bonita!”. Por cosas como esta, a Thior le decepciona que la ficción en España todavía ofrezca a menudo arquetipos reduccionistas de la población negra que vive en el país, como si todos los individuos tuvieran personalidades indistinguibles. “Tú en una serie puedes hacer de manchego, pero hay dos millones de manchegos, cada uno con su profundidad, aunque tengan una raíz común. Madrid es multicultural, está lleno de gente de todos los colores. Pero ves series de aquí y esa multiculturalidad no existe”. Es el motivo por el que tuvo sus reservas a la hora de aceptar el papel de migrante en la miniserie de Televisión Española La ley del mar (2023). “Es una realidad que existe la migración clandestina, pero es verdad que cuando me salió aquella oportunidad, dije: ‘Joder, otra vez esto’. Por suerte, aceptarlo fue una de las mejores decisiones de mi vida. La cuestión no estaba en el papel, sino en el trasfondo y las dimensiones del personaje”. Tan buena fue la experiencia que ahora ha repetido con el mismo equipo en una nueva serie para Disney+, Olivia, que se estrena el 1 de julio. Con el cómico Flipy a la cabeza de la producción, tiene una trama que se ambienta en Jaén y que ha permitido a Lamine Thior cambiar de tercio: su personaje es un oleólogo, es decir, un experto en aceite de oliva. “Cuando tú eres un hombre blanco heterosexual cisgénero, eres el estándar. Hablas de tus cosas y no es humor de hombre blanco heterosexual cisgénero, es humor en general. Pero si eres una mujer, entonces automáticamente haces humor de mujeres. Y si eres negro y hablas de cosas que te atraviesan, entonces hablas de cosas de negros”“¡Y me dijeron que podía dejar mi acento, por ser en Andalucía!”, celebra. “Es una comedia dramática, que me parece lo más complejo de hacer. Mi personaje tiene una relación muy potente con el de Nancho Novo, que le acoge como si fuera un hijo. Cuando regresa a casa Pablo Chiapella [que interpreta al hijo biológico], de repente, él se ve desplazado”. El elenco también lo integran actores como Kira Miró, Fernando Tejero, María Barranco o Enrique Villén, a quienes describe como “unas bestias de la interpretación”. “Llegué a pensar que yo era un paquete, por lo rápido que se concentraban en cuanto gritaban ‘¡Acción!’. He aprendido con ellos una barbaridad”. Un gaditano y un senegalés entran en un bar… La vocación de Lamine por la comedia y el teatro se activó en su adolescencia. “No es que en Cádiz estemos todos los días contando chistes, pero somos muy exagerados”, explica. “Te chocas con una persona y, cuando se lo cuentas a tus colegas, dices que te has chocado con 40. Eso es muy de Cádiz. Todo eso ha ido alimentándose y, claro, cuando me toca subir a un escenario, cuento las cosas como si se las estuviera contando a mis colegas en el Saladillo, allí en Algeciras”. El humorista tiene actualmente en cartera tres espectáculos distintos, Españul, Más que palabras y La hora de Lamine Thior y cía. “La psicóloga me dice que tengo que soltar y no suelto. Pero es que son shows que molan mucho. Aparte, yo odio cuando voy a ver a algún cómico o cómica estrenar nuevo show y solo 20 minutos son nuevos. Estos no tienen nada que ver, yo no repito texto entre uno y otro”. Thior lamenta que, pese a esta esmerada diversificación de contenidos, pueda haber un público reacio a sus espectáculos por considerar que habla de “cosas de negros”. “Cuando tú eres un hombre blanco heterosexual cisgénero, eres el estándar. Hablas de tus cosas y no es humor de hombre blanco heterosexual cisgénero, es humor en general. Pero, si eres una mujer, entonces automáticamente haces humor de mujeres. Y si eres negro y hablas de cosas que te atraviesan, entonces hablas de cosas de negros. Yo siempre pongo el ejemplo de Harry Potter. Mucha gente se sintió identificada con Harry Potter, ¿pero qué hubiera pasado si la protagonista hubiera sido Hermione? Se vería como algo de chicas, aunque contase exactamente la misma historia”, reflexiona. Una de las circunstancias que el artista ha explorado a través de su comedia es el tema del “halago racista”, al que dedicó un aplaudido sketch en El intermedio: comentarios bienintencionados que obedecen, en realidad, a la misma caricatura que hay detrás de un insulto basado en el color de la piel. “Cuando alguien te dice ‘Seguro que bailas muy bien’, obviamente la intención de esa persona es agradar, pero está perpetuando un estereotipo. Lo que hay que entender es que, cuando te crías aquí, los prejuicios de la gente son los que tú también interiorizas como tu realidad. Eso te crea una presión de la hostia. Igual que el tema del tamaño del pene. Yo he tenido amigos negros que, con 19 o 20 años, no habían perdido la virginidad porque temían que se rieran de ellos al no tener un pene gigantesco”. Culturalmente, eso también deja un poso en ese momento iniciático en el que un joven está construyendo su identidad. “Con los referentes que tienes de pequeño, hay poco margen del que tirar. O eres un deportista increíble, o eres un malote o eres un delincuente”. Lamine Thior recuerda con claridad cuál fue el primer modelo televisivo que, en esos años, sintió que le empoderaba al rebasar esas categorías: Will Smith. “Parece una tontería, pero ves una familia como la de El príncipe de Bel-Air [1990], con diferentes tipos de personas negras, cada una con su personalidad, y dices ‘Claro, ¡si es que esto es lo que yo vivo en mi casa!’. Lo más guay que tenía era que, desde el humor, tocaba también temas muy serios realmente. También fue importante para mí Cosas de casa y el personaje de Steve Urkel, porque yo siempre he sido muy nerd. Son referentes que abren espacios y te permiten crecer hacia lugares diferentes”. “Cuando voy con los cascos, me ha pasado que se los dejo a alguien que acabo de conocer, lo escucha y se sorprende: ‘¿Estás escuchando flamenco?’. Me gusta el flamenco, ¿qué hago? ‘No sé, esperaba algo más tipo 50 Cent’. Yo te bailo 50 Cent si quieres, ¡pero es que Tanto la quería, de Andy & Lucas, es muy bonita!”En ese sentido, el cómico cree que aún queda mucho trabajo que hacer para que los jóvenes de ahora vean “diferentes colores” en televisión, pero sí piensa que, poco a poco, se ha dado un cambio positivo de paradigma. “Por fin, la tele se ha dado cuenta de la razón por la que la mayoría nos íbamos a las plataformas. Solo tenían que escuchar y dar oportunidades a personas que no llevaban 1.500 años en la pantalla”, opina. “El caso de Henar Álvarez es maravilloso, es una crack y lleva currándoselo muchos años. No solo hay una mujer al frente, detrás de las cámaras la mayoría son mujeres, que es algo también absolutamente necesario, la parte más invisibilizada de esto. Estoy muy orgulloso de pertenecer a Al cielo con ella, muy contento por Henar y porque la televisión, sobre todo la pública, dé espacio a diferentes voces”. En uno de los últimos programas de No hay negros en el Tíbet, Lamine Thior se sorprendió al descubrir Raya, el llamado Tinder de los famosos, al que solo se accede mediante invitación. Ahora que se ha posicionado como una de las personalidades más pujantes del momento, ¿siente más cerca su desembarco en la plataforma? “¿Sabes qué pasa? Sé que no está bien decirlo y estoy seguro de que esto me perseguirá de por vida, pero la gente famosa no me gusta mucho, tío”, admite. “No entiendo la correlación existente entre que mucha gente conozca tu cara y tu nombre y seas un gilipollas. Me gusta más la gente normal. Siempre que voy a eventos, prefiero hacerme amigo del tío del catering, que además es útil estratégicamente. De momento, no creo que me vean en Raya”. Donde sí se le va a ver es en televisión y en los teatros. A diferencia de los usuarios de apps que hacen pesca de arrastre mandando los mismos mensajes, él no repite texto.
Lamine Thior: “No entiendo la correlación existente entre ser famoso y gilipollas”
El copresentador del programa ‘No hay negros en el Tibet’ estrena la serie ‘Olivia’, comedia dramática que le ha permitido, por fin, desplegar en pantalla uno de sus rasgos de identidad: su acento andaluz







