El papa León XIV limitará la parte canaria de su visita a Gran Canaria y Tenerife, y pasará de largo por El Hierro, la isla que en los últimos años ha concentrado la mayor parte de las llegadas de personas migrantes. Este olvido ha causado la irritación del presidente del Cabildo insular, el socialista Alpidio Armas, que no asistirá a los actos con el Pontífice. Por ello, la tarea de trasladar al santo padre la realidad migratoria de la pequeña isla recaerá en Darwin Rivas, un sacerdote de 49 años (25 de ellos como cura) con la doble nacionalidad española y venezolana. Es el titular de cuatro de las parroquias de la segunda isla menos poblada del archipiélago (tras La Graciosa). Como miembro de la asociación Corazón Naranja, es una de las personas encargadas de atender a las personas que ingresan en el Centro de Atención Temporal de Extranjeros (CATE) de la isla. “La migración es un problema político que no se puede resolver con soluciones policiales”, avisa. Rivas encabezará este viernes una comitiva de unas 200 personas procedente de El Hierro. Intervendrá en el encuentro con las realidades de integración de las personas migrantes que se celebrará en la plaza del Cristo de La Laguna, instantes antes de que se oficie la misa multitudinaria en el puerto de Santa Cruz de Tenerife; y tendrá la oportunidad de charlar tres minutos con el Papa. “Le daré un testimonio sobre lo que hacemos, agradeciendo su presencia en nuestras islas, y hablando de esa integración y ese diálogo en los que él tanto hace énfasis”, avanza.Rivas llegó a Canarias en 2019 procedente de Madrid, donde había vivido 17 años. “Vine para tres meses En principio, solo iba a cubrir una breve suplencia. ”Vine para tres meses y ya llevo siete años”, ríe. Su primer destino en las islas fue como asistente la catedral de La Laguna. A los nueve meses, quedo una vacante en El Hierro. Desde mayo de 2020 lleva cuatro parroquias: San Andrés, San José en Isora, San Antonio Abad en el Pinar y San Juan en La Restinga, la localidad a donde llegan casi todos los cayucos. “La isla tiene sus particularidades”, admite, “pero todo siempre positivo. La gente te da mucho cariño y, una vez que te haces con ellos, ellos se hacen contigo”. En 2023, la ruta migratoria a Canarias volvió a resurgir con fuerza. Con una diferencia respecto a 2020: el trasiego se llevaba a cabo a bordo de cayucos, y el objetivo esta vez era esta isla, la más occidental del archipiélago. “Al inicio había incertidumbre”, recuerda el sacerdote. “Siempre he dicho que en esta sociedad el equilibrio es muy fino”. Asegura, sin embargo, que la isla se va adaptando. “Los que vienen se van integrando poco a poco. ¿Qué pueden mejorarse muchas cosas? Seguro, porque este es un drama muy complicado. Visto a vuelo de pájaro no es fácil: existe todo un proceso en el que no solo intervienen los factores internos de quien llega, sino también muchos factores externos de los que los reciben. Todos podemos colaborar“. El saldo final, asegura, es positivo. Incluso en lo material. “Desde el punto de vista económico, bastante, desde luego”.Rivas trabaja como voluntario en el Centro de Atención Temporal de Extranjeros (CATE) de San Andrés (en Valverde, norte de la isla) a través de la ONG Corazón Naranja, tras una primera etapa con Cruz Roja. “Vimos que Cruz Roja ya tenía una estructura consolidada”, explica, “así que nos fuimos a donde hacíamos más falta.” La organización trabaja con menos recursos y sin apoyos institucionales regulares, pero con presencia constante en el centro desde que llegan las embarcaciones a La Restinga.Su labor comienza en el momento en que los migrantes bajan de la guagua que los traslada desde el muelle. El primer trabajo es la identificación del idioma: francés, inglés, wólof, bambara u otros dialectos. A partir de ahí, ejerce de puente entre los recién llegados y la Policía Nacional durante el proceso de registro. “Cada vez que ayudo a un policía, ayudo a seis, ocho migrantes.”Más allá de la traducción, su presencia cubre las necesidades más inmediatas: agua, acceso al baño, acompañamiento a la enfermería, derivación al hospital si es necesario, reparto de comida, limpieza de comedores. “Me he visto preparando biberones, algo que nunca había hecho.” Lo define él mismo como estar disponibles “el día, las horas que sean necesarias”, para que cada persona que llega “tenga una referencia inmediata”.Rivas apuesta por la integración de la población migrante en la sociedad. “Comprenden que las normas existen y que hay que cumplirlas”, y recalca: “No vienen a quitarnos, vienen a darnos todo lo que ellos creen que pueden aportar”. Y concluye: “A veces se habla de qué damos nosotros a ellos, pero ¿qué nos dan ellos a nosotros? Recibimos vida. En el mundo en el que vivimos, tan pendiente de lo externo y del cultivo de la imagen, cuando estas personas te sonríen —que no tienen nada cuando llegan, dentro de la incertidumbre y el miedo, habiendo pasado tantas necesidades en el trayecto, habiéndote contado cómo han visto morir a su gente, a sus amigos, a sus hijos, a su esposa— eso se transforma en motivación para seguir viviendo”.