El mensaje del papa, que este jueves arranca su periplo por las Islas Canarias, es inequívoco sobre las migraciones: dignidad humana en igualdad. También lo es el de la Iglesia española, salvo contadas excepciones, que se ha señalado, desde abajo —el tejido asociativo católico, como Cáritas— hasta arriba —el propio presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello—, en la defensa de la regularización. La ruta canaria es la más mortífera del mundo. Un total de 46.843 migrantes llegaron a España por esta vía en 2024, según datos del Ministerio del Interior. En el mismo periodo, 9.757 personas murieron en el intento, de acuerdo con el recuento de la ONG Caminando Fronteras. La agenda del papa en Canarias está repleta de actos con migrantes.PublicidadLeón XIV fue en efecto muy claro al respecto de este asunto en el Congreso de los Diputados el pasado lunes, donde manifestó: "Numerosos hombres se ven obligados, por circunstancias muchas veces dramáticas, a partir de sus comunidades y dejar atrás seres queridos, historias y vínculos. Esta realidad […] constituye una cuestión eminentemente moral y jurídica. Allí donde una persona es discriminada por su origen nacional, étnico, religioso o lingüístico, o por su condición económica o social, se vulnera gravemente el principio universal de la igual dignidad de todos los seres humanos".Estas ideas de acogida e integración que la Iglesia ha venido defendiendo de manera contundente chocan de manera directa y frontal con las impulsadas por Vox, con la así llamada prioridad nacional como referencia fundamental. La ultraderecha, mediante pactos con el PP ha colocado ya esta idea excluyente y xenófoba en tres autonomías: Extremadura, Aragón y Castilla y León. Está por ver si logra también colocarla en Andalucía, donde ahora negocian la gobernabilidad de nuevo con el PP."El conflicto entre la Iglesia Católica y la extrema derecha ha llegado a un grado de tensión evidente, que se ha ido intensificando en los últimos dos años, con [el impulso de] Vox al discurso antiinmigración y la idea de prioridad nacional y el ataque a la labor de las ONG entre las que se encuentran de manera muy destacada las ONG de la Iglesia", analiza Rafael Ruiz, profesor de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid, autor del libro La secularización en España (Editorial Cátedra)."El antagonismo en torno a la cuestión migratoria va a mantenerse mientras la Iglesia conserve una posición relativamente alineada con la que ha defendido el papa Francisco a nivel internacional. Evidentemente, después esa tensión adopta formas distintas según los contextos nacionales, pero todo indica que la inmigración seguirá siendo uno de los principales puntos de fricción entre la jerarquía católica y las organizaciones de extrema derecha", consideran Ignacia Perugorría y Joseba García, profesores de Sociología en la Universidad del País Vasco.PublicidadAmbos han estudiado en diversos trabajos, como, por ejemplo, El campo antiderechos en España: ciclo de protesta y redes de organizaciones neoconservadoras de inspiración católica 1978-2023, el fenómeno de las relaciones de la Iglesia y la jerarquía católica con PP y Vox, y también con lo que llaman en sus trabajos organizaciones laicas de inspiración cristiana e ideología neoconservadora.Perugorría y García señalan: "No parece que estemos ante un motivo de divorcio, aunque es verdad que cada vez el tema de la inmigración es un punto más importante de fricción entre la jerarquía católica y la extrema derecha. Como comentábamos antes, más que una ruptura, lo que observamos es una relación compleja, marcada por acuerdos en algunos temas y desacuerdos en otros. La cuestión migratoria puede generar tensiones e incomodidades, pero difícilmente parece suficiente, por sí sola, para deshacer unas convergencias construidas durante décadas en torno a las llamadas guerras culturales"."Hay una tensión, una pugna", describe Ruiz. Agrega el profesor: "Por un lado, tenemos a quienes la propia institución católica reconoce como sus representantes, que son los obispos, y por otro lado a un grupo político que se arroga la defensa identitaria de la cristiandad. También hay esa pugna por el control de los discursos cristianos. Sin llegar a romper, porque evidentemente Vox es consciente de que tiene una parte del voto católico y los obispos son conscientes de que hay una parte de católicos que votan a Vox. Ahí está esa tensión sin ruptura total".PublicidadPerugorría y García analizan: "Esto hay que proyectarlo hacia el medio plazo. Puede tener consecuencias importantes. Una de ellas es la posible apertura de una brecha creciente entre la posición oficial de la Iglesia y una parte de su propia base social, especialmente entre aquellos sectores católicos que simpatizan con opciones de derecha radical. Habrá que observar hasta qué punto los creyentes siguen las orientaciones de la jerarquía en esta materia o, por el contrario, priorizan sus afinidades políticas e ideológicas"."En ese sentido, la cuestión migratoria —agregan los sociólogos— puede convertirse en un laboratorio privilegiado para analizar procesos más amplios de individualización y bricolaje religioso. Es decir, situaciones en las que los creyentes seleccionan y combinan elementos de la doctrina católica de forma parcial, otorgando mayor relevancia a unas cuestiones que a otras en función de sus propias preferencias políticas, culturales o identitarias".Perugorría y García consideran: "La Iglesia mantiene una posición bastante clara en materia migratoria, especialmente a partir de la doctrina social y de los mensajes que ha impulsado el papa Francisco. Sin embargo, eso no significa que sea un actor completamente homogéneo. Como en otras cuestiones, existen sensibilidades distintas dentro del mundo católico. De hecho, el auge de los discursos de extrema derecha sobre inmigración ha contribuido a visibilizar esas diferencias. Pero más que modificar sustancialmente la posición oficial de la Iglesia, parece haber reforzado sus planteamientos para no ceder en un terreno que considera central desde el punto de vista moral. En cualquier caso, esto muestra que ni todos los católicos ni todos los sectores eclesiales piensan igual sobre estas cuestiones, y que entre los creyentes encontramos posiciones muy diversas"."Los obispos —analiza por su parte Ruiz— no han variado la postura sobre lo migratorio, el contenido de sus posicionamientos es lo marcado por la doctrina social de la Iglesia. Hay una línea de coherencia. Si por Iglesia, se entiende la comunidad de católicos, toda la feligresía católica, evidentemente el posicionamiento no es igual. Tenemos un grupo de católicos que se alinean más con las posturas de Vox y otros que están radicalmente en contra de las posturas de Vox y gente entre medias. El partido más votado entre los católicos es el PP. Y hay un importante sector de voto católico de izquierdas, que no se posiciona del lado de Vox"."Las consecuencias que pueden tener estas discrepancias —analiza Ruiz— pueden ser dos. La primera es que cuestiona el relato de Vox como defensor de la identidad cristiana en occidente. El hecho de que los obispos contradigan y enfrenten este tipo de discursos procedentes de Vox introduce una divergencia importante a ese respecto. Quizá puede tener un impacto particularmente como freno de voto a Vox: [que haya] voto católico del PP que se lo piense dos veces antes de emprender un viraje a Vox por el tema de la migración. El hecho de que haya una línea de discrepancia tan clara puede suponer un freno de voto a Vox entre los católicos más practicantes".Lo que dicen los datos del CIS sobre religiosidad y votoEl 18,3% de los españoles se declaran católicos practicantes, a los que hay que añadir otro 37,8% que se dicen también católicos no practicantes, en total un 56,1%, según el barómetro de mayo del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Esta entidad ofrece datos en sus barómetros sobre el voto católico y sobre la ideología de quienes se declaran católicos.El CIS elabora una tabla en la que cruza los datos de autoubicación ideológica, donde 1 es extrema izquierda y 10 es extrema derecha, con los de creencias religiosas. Esta revela que la mayoría de quienes se definen de centro derecha y derecha, entre el 6 y el 10, se declaran también católicos. Así, entre quienes se ubican en el 6, lo que sería centro derecha, el 25% afirma ser católico practicante, el 44,8% católico no practicante, el 2,2% creyente de otra religión, el 6,7% agnóstico, el 13,6% no creyente, y el 7,3%, ateo. En el 10, el 46,2% dice ser católico practicante, el 36,8% católico no practicante, el 5,9% creyente de otra religión, el 3,1% agnóstico, el 2,2% no creyente y el 4,5% ateo. Entre el 7 el 9 predominan los católicos, que rondan, sumando creyentes y no creyentes, el 70%. PublicidadEn la izquierda, el mayor porcentaje de católicos está en el 5 en la tabla, lo que sería centro izquierda y, luego en el 1, en la extrema izquierda. Así, el 18,5% de quienes se sitúan a sí mismos en el 5 en la escala de autoubicación ideológica, se definen como católicos practicantes, el 50,7% como católico no practicante, el 2,8% como creyente de otra religión, el 9,3% agnóstico, el 12,2% no creyente, y el 5,3% ateo. Y en el 1, según el barómetro del CIS, el 11,5% se define como católico practicante, el 35,2% como católico no practicante, el 3,4% creyente de otra religión, el 11,3% agnóstico, el 11% no creyente y el 26,5% ateo. Entre el 2 y el 4, predominan los ateos, no creyentes y agnósticos, en porcentajes que superan el 60% y alcanzan el 70%. El CIS plantea también un cruce de datos entre la pregunta sobre a qué partido votaría en unas próximas elecciones al Parlamento español y cómo se define religiosamente. El resultado es el siguiente: el 32,7% de los católicos practicantes responden que votarían al PP, el 19% a Vox, el 18,2% al PSOE, mientras que el resto se decantaría por otras formaciones, con un 23,6% que no vota o no se define o no contesta o lo haría en blanco o nulo. El voto de los católicos no practicantes se distribuye de esta manera: el 28,2% elige al PSOE, el 23% al PP, y el 15,4 a Vox. El resto se reparte de manera similar al voto practicante. El voto de los agnósticos se reparte de este modo entre los grandes partidos: un 34,7% al PSOE, un 9,8 al PP y un 6,1% a Vox. Sumar obtendría un 7,9% y Podemos un 2%. El de los no creyentes iría en un 31,2% al PSOE, en un 10,1% al PP, en un 7,1% a Vox, en un 6,5% a Sumar y otro 3,3% a Podemos. Los ateos eligen al PSOE en un 31%, en un 3,4% al PP, en un 7,8% a Vox, en un 13,5% a Sumar y en un 5,7% a Podemos. PublicidadPor otro lado, el cruce de datos del barómetro del CIS entre la autodefinición religiosa y el recuerdo de voto por partido en las generales de 2023 permite también ver la estructura del voto por partido. El 82,5% de los votantes del PP son católicos (35,9% practicantes más 46,6% no practicantes). Un 2,8% de ateos, un 6,6% de no creyentes, un 6,7% de agnósticos y un 1,3% creyentes de otra religión completan el cuadro.Los datos del voto al PSOE son estos: un 53,1% de católicos (10,9% practicantes más 42,2% no practicantes). Al paisaje se añaden un 15,9% de ateos, un 12,7% de no creyentes, un 13,3% de agnósticos y un 2,9% de creyentes de otra religión.En Vox son un 77,3% de católicos (26,9% practicantes más un 50,4% no practicante). También un 3,9% de ateos, un 6,1% de no creyentes, un 7% de agnósticos y un 4,2% de creyentes de otra religión. Y el voto a la coalición Sumar se desglosa, según creencias, de este modo, expone el CIS: un 15,7% católico (3% practicante y 12,7% no practicante), 40,8% ateos, 18,8% no creyentes, 23% agnósticos y 1,1% creyentes de una religión distinta a la católica.