Estos son días de recuerdo por Borges, a cuatro décadas de su muerte en Suiza. Pero de su maravilloso “El Aleph”, un clásico entre los clásico, las celebraciones se dieron un año atrás, a ochenta de su publicación en la revista Sur. “Fue un cuento que marcó un antes y un después en la vida de Borges, quien en aquel momento atravesaba un clima de frustración” definió Germán Álvarez, el curador de la muestra dedicada hace algunos meses al cuento en la Biblioteca Nacional.“El Aleph” tiene una dimensión de homenaje (¿La Divina Comedia?) o anticipación. Pero un visible valor sentimental. Hace algunos años en Canal Encuentro -también se puede encontrar la versión completa en YouTube- se recuperó una excelente entrevista de Joaquín Soler Serrano al escritor por la televisión española, realizada en 1976.“Soy desagradablemente sentimental. Soy un hombre muy sensible”, se confiesa Borges. Y ante cualquier alusión a una presunta frialdad, enfatiza: “Como escribo por medio de símbolos y nunca me confieso directamente, la gente supone que el álgebra responde a cierta frialdad, pero es todo lo contrario, esa álgebra es una forma de pudor y de emoción. La tarea del arte es esa, transformar lo que nos ocurre continuamente en símbolos, en música, en algo que pueda perdurar en la memoria de los hombres”.BeatriceDurante décadas se analizó quién era la musa inspiradora del personaje de Beatriz Viterbo, con Estela Canto –a quién le dedicó la obra- como primera referencia, también Norah Lange.Lucas Adur, autor de la más reciente biografía del escritor (“Borges, un destino literario”), alude a “una Beatrice del Río de la Plata en la que confluyen muchas mujeres”. Explica: “Reverenciaba a las mujeres como diosas inalcanzables a las que podía consagrarse. El relato está muy lejos de ser una celebración de la amada: por el contrario, es una desidealización, un duelo por su pérdida no solo en términos concretos –su muerte–, sino también simbólicos –el hallazgo de cartas que la denigran a ojos del narrador–.”Como escribió Juan José Mendoza hace pocos días en Ñ: “El Aleph –el punto del universo en que convergen todos los puntos– es, en los años 40, la pantalla de cine o la esfera de Citizen Kane. Conforme pasan años se va transformando en una pantalla de TV, en una pantalla de computadora, en una pantalla de celular. Si pensamos en la letra del alfabeto, Aleph es el dibujo de un hombre tocando el cielo y la tierra. El Aleph puede ser también El origen del mundo de Courbet. Como corresponde a un objeto de su naturaleza, las asociaciones se multiplican ad infinitum”.En la citada muestra en la Biblioteca “El Aleph” fue presentado como “una reescritura de la Divina Comedia, una experiencia mística, un abordaje secular a temas y problemas de la ciencia –los números transfinitos y la cuarta dimensión del espacio–, una respuesta a aquellos críticos que no comprendieron los cuentos de El jardín de senderos que se bifurcan y, sobre todo, una desahuciada despedida a la posibilidad del amor”.¿Del siglo XVI?Otro de los que sugirió una desconocida inspiración de Borges fue el escritor guatemalteco Augusto Monterroso. Hace casi 40 años publicó un ensayo en el suplemento cultural de Clarín donde –después de recordar las alusiones a La Divina Comedia- consideraba que esa era una explicación “ingeniosa, pero no convincente. Pero en un libro uno puede ver lo que quiere y lo que su imaginación le dicta”.Monterroso apuntó que El Aleph es más cercano a La Araucana, un poema escrito por Alonso de Ercilia en Chile, en el siglo XVI.En esa obra “el mago Fitón le muestra a Ercilia nada menos que una bola de cristal en la que puede verse simultáneamente cuanto ocurre en ese momento en las más diferentes y opuestas regiones del mundo. Son muchas las coincidencias existentes entre la bola de Ercilla y la de Borges. La de Ercilia es una gran poma milagrosa; la de Borges, una pequeña esfera tornasolada”.El alma de la ciudadHay otra dimensión en El Aleph, menos citada pero igualmente significativa. Aunque la obra finalmente nos puede transportar a los rincones más insólitos del mundo –Querétaro, Bengala o el Mar Caspio- tiene su anclaje en Buenos Aires.Marcelo Moreno, columnista de Clarín y admirador de Borges, comenta: “La genialidad de Borges admite múltiples lecturas, entre ellas, el anticipo de Internet y la sepultura de las enciclopedias -de las que era devoto Borges- a cambio de un universo paralelo etéreo y tan modificable como la realidad misma. Una lectura más pedestre de esa obra puede estimar que Borges, fervoroso porteño, no pudo jamás escapar de esta ciudad, que ahora promete florecer una vez más, a la que amaba con demasía”.Borges concentra su historia y su hallazgo del Aleph en el barrio de Constitución, en la calle Garay. Y también menciona un estudio de abogados al que eventualmente recurrirá en la esquina de Caseros y Tacuarí, a pasos de donde –desde hace más de seis décadas- se encuentra la redacción de Clarín.“La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita”.ManuscritoEn los años 80, Estela Canto encontró el manuscrito de “El Aleph” en un rincón de su casa. Y lo destinó a Sotheby’s/Londres, que lo remató: un comprador anónimo dejó 26.750 dólares y se llevó sus 17 páginas, mecanografiadas, una de ellas con membrete de la Municipalidad de Buenos Aires. Una leyenda indica que Canto le contó al propio Borges su intención de rematar el manuscrito. Borges le contestó: "Si yo fuera un caballero, iría ahora al sanitario y se escucharía un disparo". Finalmente, cuando se remata en Londres, en el verano del 85, Borges aún estaba con vida. Murió al año siguiente en Ginebra.Sus restos descansan en el cementerio de Plainpalais y la lápida –famosa- tiene una frase “And ne forthedon na” (“y que no temieran”) que se refiere a una batalla entre sajones y vikingos en la época medieval. Sin embargo, en el reverso se inscribe otra frase, también en antigua nórdico, tomado de otro de los cuentos de Borges, Ulrica. Referencia al amor, una más.
El genio de El Aleph
Estos son días de recuerdo de Jorge Luis Borges, a cuatro décadas de su muerte en Suiza. Pero de su maravilloso cuento El Aleph, un clásico entre los clásico, las celebraciones se dieron un año atrás, a ochenta de su publicación en la revista Sur.













