Con una taza de café en la mano, en el helado sábado 14 de junio de 1986 el entonces joven poeta Sergio Parra se conmovió al prender el dial de la 93.3. “Me enteré por la radio. En ese tiempo escuchábamos la Cooperativa, ahí dieron la noticia de que había muerto Jorge Luis Borges”.Fallecido a los 86 años en su residencia de Ginebra, Suiza, donde vivía junto a su esposa, la traductora María Kodama, se despedía una leyenda de las letras americanas, amén de volúmenes como El Aleph o Ficciones. Su muerte fue un mazazo. El mundo ya lo consideraba un autor de renombre. Por ejemplo El País, de España, escribió: “Un enfisema pulmonar cegó ayer, en Ginebra, la vida del escritor argentino Jorge Luis Borges. El autor de El Aleph y El libro de arena se había mudado hacía tres días a su nuevo apartamento en esta ciudad suiza, que conoció al escritor en sus años de mocedad y que ha sido su residencia en los tres últimos meses…Conocedor de varios idiomas, de cultura enciclopédica y ciego desde hace casi dos lustros, se casó recientemente con su secretaria María Kodama. Ha muerto una figura cimera de la literatura latinoamericana”. “Jorge Luis Borges se casó con María Kodama el pasado día 26 de abril después de que ella le sirviera de secretaria y lazarillo durante muchos años. Borges sufría de una ceguera ya prácticamente total, que le había llegado lentamente, como él decía, en la forma de un largo atardecer”, agregó el matutino español. “La agencia Efe informa desde Buenos Aires que su abogado, Osvaldo Vidaurre, ha declarado que el escritor adoptó la decisión de radicarse en Ginebra cuando supo que padecía un cáncer irreversible y tenía poco tiempo de vida. ‘Su último deseo fue morir y ser enterrado en Ginebra’, ha dicho. Desde hacía poco más de un mes nadie había visto ni podido acercarse al escritor, con lo que se presume que durante este periodo se había agravado su situación”. Y sumaba, como es habitual en estos casos, una reseña biográfica del autor.El señero The New York Times también le dedicó una nota a la noticia. “Borges murió de cáncer de hígado, según informó en Buenos Aires el albacea de sus bienes, Osvaldo Luis Vidaurre. Aunque era casi desconocido fuera de Argentina antes de 1961, sus relatos —escrupulosos en su lenguaje y misteriosos en sus opacas paradojas— alcanzaron más tarde un modesto grupo de seguidores en los Estados Unidos, una base de lectores que creció de forma constante hasta alcanzar proporciones internacionales. Sus escritos exploraron los rincones de la psique humana, lo fantástico dentro de lo aparentemente mundano, bestiarios imaginarios y fábulas de bibliotecas oscuras y erudición arcana. Su prosa estimuló la imaginación literaria de lectores generales, académicos y críticos, y muchos lo aclamaron como el escritor latinoamericano más importante de este siglo”.En su nota, el Times abordaba un punto que siempre se posó como una sombra incómoda en la trayectoria de Borges: el no haber recibido el Premio Nobel de Literatura. Un fenómeno comparable con lo que ocurre en la actualidad con nombres célebres como Haruki Murakami o Stephen King. “Aunque fue eternamente candidato al Premio Nobel de Literatura, este le fue denegado. Quizás era una preocupación menor para él que para los demás. Tras ganar el premio en 1982, el novelista colombiano Gabriel García Márquez dijo de Borges: ‘Espero que lo reciba, y sigo sin entender por qué no se lo han dado’. Algunos han insistido en que fue la aversión de Borges a la política, su renuencia a criticar la represión de los regímenes posperonistas —‘Supongo que son un mal necesario, durante los próximos 50 años, más o menos’, declaró— lo que le impidió convertirse en laureado con el Nobel”. The New York Times informando de la muerte de Jorge Luis Borges,
Jorge Luis Borges a 40 años de su partida: el mito que se despojó de la élite y conquistó a los nuevos lectores - La Tercera
A cuatro décadas de su fallecimiento en Ginebra, la crítica y los narradores actuales desmenuzan las obsesiones, polémicas y la asombrosa lucidez de una figura que se mantiene más viva que nunca. Acá recorremos el impacto de su muerte en Chile y el mundo, la eterna sombra del Premio Nobel y cómo las nuevas generaciones de escritores y lectores continúan entrando al universo borgeano.













