Dice una célebre canción que cuando llega el calor, los chicos se enamoran. No hay datos que lo ratifiquen, pero lo que es seguro es que se quitan la camiseta. Y no solo en los paseos marítimos, sino en discotecas, gimnasios y festivales estivales. Barcelona ha aprobado la nueva Ordenanza de Convivencia, que es la norma del Ayuntamiento que establece qué acciones no se pueden realizar en la calle. El artículo 56.3 explica que queda totalmente “prohibido transitar o permanecer en los espacios públicos sin camiseta, camisa u otra prenda que cubra el torso, salvo que se esté practicando alguna actividad física o deportiva”. Love Story, la miniserie en la que Ryan Murphy plasma la historia de amor entre John-John Kennedy y Carolyn Bessette, rememora los partidos de fútbol americano y sóftbol del hijo del presidente durante los fines de semana en Central Park sin camiseta. Esas imágenes lo convirtieron en el hombre más sexy del mundo según la revista People en 1988. En la actualidad, ante el furor por Hyrox, un entrenamiento híbrido parecido al CrossFit con ocho kilómetros de carrera, o al running con ocho ejercicios funcionales, lo habitual es ver a hombres sudorosos sin camiseta por la ciudad. Y como explica Joel Snape en The Guardian, incluso los que no planean quitarse la camiseta han de asumir que es posible que ante el inmenso esfuerzo físico y el consiguiente sudor, terminarán por hacerlo. “Hay muchas posibilidades de que te quites la camiseta. Probablemente alrededor de una cuarta parte de los hombres que participaron en mi prueba cruzaron la meta sin camiseta, y hablé con dos personas que no tenían pensado desnudarse de cintura para arriba, pero sintieron la necesidad de sacar su lado más primitivo cuando la situación se puso complicada. Ramón es chef y sube en sus redes sociales fotografías sin camiseta tras las sesiones de Hyrox. “Me hago las fotos post entreno porque he sufrido y me lo he ganado. Aunque entreno con camiseta, me la quito cuando la actividad implica mucho sudor, bien sea Hyrox, CrossFit, correr u otra actividad física. ¿Acaso no hace la gente hot yoga sin camiseta? No es postureo, ¡es comodidad! Si me quito la camiseta en los festivales es porque hace calor. Y porque como digo, me he trabajado este cuerpo”. Pero, ¿realmente tiene algún beneficio deportivo quitarse la camiseta? Responde Gaelle Serrano, psicóloga y experta en fitness. “Quitarse la camiseta ayuda a la termorregulación cuando aprieta el calor, así que en parte es pura comodidad. Esto puede hacer que la persona se sienta más fresca y confortable durante el entrenamiento, lo que indirectamente influye en la experiencia del esfuerzo. Pero en lo psicológico lo interesante no es tanto el rendimiento muscular en sí, sino cómo nos hace sentir. Mucha gente entrena mejor cuando se ve bien, porque sentirse a gusto con el propio cuerpo aumenta la confianza, la motivación y la constancia, y eso no tiene nada de negativo. En este sentido, para algunas personas, entrenar sin camiseta puede estar vinculado a la satisfacción por el progreso físico o a la sensación de libertad corporal”, explica. La especialista advierte, eso sí, de que todo cambia cuando el objetivo es la validación externa más que el propio bienestar. Andrés, relaciones públicas con una silueta digna de portada de Men‘s Health, reconoce que ese es su caso. “Aunque considero que trabajo mucho este cuerpo para luego mostrarlo, creo que este comportamiento viene por mis profundas inseguridades y por el rechazo que sufrí cuando era pequeño. Creo que muchos gais buscamos estrategias para sentirnos deseados por el rechazo que hemos sentido de pequeños. Nos esculpimos porque es una forma de que se nos vea y de sentirnos un poco más aceptados dentro de esta sociedad. Soy consciente de que esta búsqueda de validación no es del todo saludable”, confiesa. Óscar, diseñador de interiores, considera que quitarse la camiseta es un acto de liberación para el mundo gay. “Tiene que ver con una liberación sexual: quitarse la camiseta no solo sucede en gente normativa. En un espacio seguro LGTBIQA+, tras la primera copa, lo primero que hacemos es quitarnos la camiseta. Quienes no tienen su cuerpo tan trabajado o normativo también se la quitan. Pese a que mucha gente interpreta que yo lo hago para mostrarme, es porque me siento cómodo. Aunque lógicamente está también el ligoteo, ante todo está la aceptación de uno mismo”, dice. Pedro, maquetador, acude cada fin de semana a fiestas tecno. Asegura que le sorprende la manera en la que muchos hombres heterosexuales se quitan la camiseta para ligar. “Lo curioso es que se genera un fenómeno extrañísimo porque esa demostración de hombría se convierte en un momento muy queer. Se van a ligar con las mujeres sin camiseta. En cuanto sacan pecho, parece que reciben un chute de testosterona, como si mostrar el torso les envalentonara”, dice. Poder y atención Lo curioso es que incluso en la política, el fenómeno shirtless se ha convertido en una forma de capturar la atención. El vídeo en el que Robert F. Kennedy Jr. hacía flexiones sin camiseta revolucionó las redes sociales.“Poniéndome en forma para mis debates con el presidente Biden”, aseguraba el secretario de Salud en Estados Unidos. “Además del retorno a la dominación masculina, otra variable es que la política se ha centrado cada vez más en captar la atención. E incluso para los hombres mostrar algo de piel sigue siendo la forma más barata de llamar la atención”, comentaba al respecto en The Daily Beast Matt Lewis. “Cada vez más, la forma de conseguir atención y validación es publicar thirst traps (fotos o vídeos provocativos destinados a atraer deseo o admiración). Tanto si eres una Kardashian como un Kennedy, esta estrategia ha demostrado ser eficaz”, asegura el periodista. El programa The Five, del conservador canal Fox News, habló hace años de la “mala gestión” del presidente Obama respecto a la situación en Siria y alabó los intentos del presidente ruso Vladimir Putin de asumir el liderazgo diplomático. Para recalcar la supuesta valía de Putin, compararon una fotografía en la que aparecía sin camiseta con otra en la que Obama iba con camisa en bicicleta. Eric Bolling preguntó: ‘¿A cuál de los dos querrías al frente de tu país?’. La intención era claramente emascular a Obama y equiparar la fuerza física, mostrada a través de un torso desnudo, con la capacidad de ser un buen líder. Apropiación de espacios, privilegios y etiqueta Muy polémica ha sido la prohibición de quitarse la camiseta en Tórax, una fiesta de música electrónica del cruz de Barcelona Razzmatazz, donde muchos colectivos interactúan. El creador de contenido Adrián Casani reflexionaba acerca de por qué tantos hombres gays se habían quejado de esta medida. “Aquí hay que tener en cuenta el privilegio corporal y de género. A lo largo de la historia, el hombre siempre ha tenido muchísima más legitimidad para poder exponer su cuerpo. Esto es una pregunta que nos tenemos que hacer ya a modo general, ya no solo en los clubs. ¿Por qué el hombre sí que puede exponer su cuerpo y está mucho más aceptado que si lo hace una mujer? No estamos en igualdad de condiciones. Y cuando eso no sucede, hay que hacer algo. ¿Qué genera el entorno cuando tú te quitas la camiseta y 60 hombres también lo hacen? La hipersexualización de un entorno que estaba hecho para el disfrute de la danza. No queremos criminalizar a nadie. Lo único que queremos hablar es de cuidado colectivo, así que por favor, dejemos de dinamizar estas dinámicas tan tóxicas”, ha explicado. “No todos los cuerpos ocupan los espacios de la misma forma ni con las mismas consecuencias. ¿Cuándo consideramos que esto está mal? ¿Consideramos que esto está mal cuando tú, desde ese privilegio, haces que alguien no pueda disfrutar de un espacio porque tú estás dinamizando esto? Llamaríamos al conflicto ‘apropiación de espacios”, añadió. Mar Casas, consultora internacional en protocolo y comunicación ejecutiva, explica que el debate no tendría que centrarse en si los hombres pueden quitarse la camiseta o no, sino en si son capaces de valorar cuándo resulta apropiado hacerlo. “La etiqueta siempre habla de adecuación al entorno y al contexto. No todo lo que es posible resulta oportuno. La etiqueta no prohíbe, distingue. Se trata de comprender las normas no escritas que regulan la convivencia y de adecuar nuestro comportamiento a las circunstancias, al lugar y las personas con las que compartimos espacio”, explica. Le preocupa la falta de criterio y coherencia a la hora de entender y decidir cuándo, dónde y por qué determinadas conductas resultan adecuadas. “Si quitarse la camiseta obedeciera al calor, ¿por qué unos hombres sienten que cualquier espacio puede convertirse en una extensión de la playa y otros no? La temperatura no ha cambiado. Lo que cambia es la relación que cada uno tiene con las normas de educación, con los espacios comunes y con el juicio de los demás”, dice. “Cuando alguien se presenta vestido adecuadamente, está enviando un mensaje: reconozco que este espacio no me pertenece solo a mí. Cuando alguien elimina capas de vestimenta en un lugar compartido, el mensaje puede interpretarse como: priorizo mi comodidad sobre el código colectivo. Si el calor explica la necesidad, la sociología, al más puro estilo de Pierre Bourdieu, explica por qué cada vez confundimos más la comodidad personal con el derecho a ignorar las normas del espacio compartido. Lo que me inquieta es la estructura invisible que subyace a este y otros gestos: la vida en sociedad exige algo más que satisfacer nuestros impulsos”, dice. Greg French y Fedora Abu aseguran en Mr Porter que mientras se siga censurando que las mujeres puedan ir sin camiseta, que los hombres cubran sus torsos es “un acto de solidaridad feminista”. “¿Alguna vez os habéis topado con un hombre caminando sin camisa de forma caballerosa y civilizada? En cambio, casi todos los casos de hombres sin camisa en público van acompañados de algún tipo de mal comportamiento: embriaguez, vandalismo en el fútbol, ​​disturbios y alteración del orden público. La ropa es una de las pocas cosas que nos separa de los animales, y estoy convencido de que cuando un hombre se quita la camisa, automáticamente desata sus instintos más salvajes”, aseguran. “En un tono más serio, considerando el estricto control al que están sometidos los cuerpos de las mujeres, o cómo una madre que amamanta en público todavía provoca miradas indiscretas, hay algo que resulta descarado en que los hombres se pavoneen con el torso desnudo”, rematan.