Han pasado más de 14 años desde que José Bretón asesinó a sus hijos de seis y dos años en Córdoba. Durante ese tiempo, Ruth Ortiz ha trabajado con mucho esfuerzo para recomponerse, para poder vivir, convivir, con el daño irreparable que ese hombre le provocó. Y lo ha hecho, al menos en parte, gracias al acompañamiento de otras madres que, como ella, han sufrido las consecuencias de la violencia vicaria.PublicidadLa investigación sobre el asesinato de sus hijos se radió, televisó y escribió minuto a minuto. No era la primera vez que en España se hacía espectáculo de una situación de violencia así. Aunque saber que no eres la única que está viviendo o ha podido vivir esa persecución mediática no lo hizo menos agobiante. Ortiz es consciente de que la repercusión e impacto que tuvo el asesinato de sus hijos hizo más visible una forma de violencia que entonces ni siquiera tenía nombre en el debate público, y que hoy forma parte del vocabulario social y político. Con todo, reconoce que hubo y recientemente ha habido momentos en los que se ha sentido realmente "acosada".Vive en Huelva y este miércoles viajará a Madrid para recoger el Premio Público de Igualdad 2026, un reconocimiento por todos los años que lleva tratando de hacer visibles a las víctimas de violencia vicaria. En esta entrevista habla sobre en qué medida considera que ha cambiado la percepción social sobre la violencia de género y sobre las cosas que aún quedan por hacer en la prevención, pero sobre todo para la reparación de las víctimas."La gente ya es consciente de que la violencia vicaria es un tipo de violencia de género"La onubense lamenta que aunque "la violencia vicaria ya se conoce", el avance en el reconocimiento social de este problema "no ha ido acompañado de cambios suficientes en las instituciones" encargadas de proteger a las víctimas. A su juicio, una de las transformaciones más importantes de estos años ha sido precisamente que la sociedad haya comenzado a entenderla como una manifestación específica de la violencia de género."Antes la violencia vicaria era una cosa que tenían encuadrada dentro del ámbito familiar", recuerda. También la violencia machista, añade, se interpretaba como un asunto privado, como algo que pertenecía exclusivamente a "las familias" y que, por tanto, "no era un problema social".PublicidadHoy, considera que por suerte, existe una mayor conciencia: "La gente ya sabe lo que es la violencia vicaria y cada vez se nombra con este término. Es consciente de que es un tipo de violencia de género y entiende lo que es". Avance, sin embargo, que encuentra sus límites siempre en el mismo sitio, cuando se topa con los tribunales. "En los juzgados queda mucho por hacer porque no todos los jueces y todo el personal de un juzgado está formado en violencia de género, y menos conoce exactamente lo que es la violencia vicaria", sostiene. "Podemos estar muy avanzados en tener las últimas leyes en violencia de género, pero si no se cumplen, a las víctimas no nos están ayudando en nada", lamenta.Para Ortiz, la protección de la infancia debería ser una prioridad absoluta en cualquier procedimiento judicial. Considera que cuando existe una denuncia, una causa abierta o incluso indicios razonables de violencia de género, las medidas de protección deberían extremar su aplicación. "Lo primero es proteger a los menores y cumplir las leyes, porque para algo están", señala."¿Cómo es posible que a las madres que nos han asesinado a nuestros hijos no seamos víctimas de nada?"Su implicación en el reconocimiento institucional de las víctimas de violencia vicaria comenzó mucho antes de que el concepto fuera habitual en el debate público. "Lo que dije es que las madres que nos hubieran asesinado a nuestros hijos éramos también víctimas y nos tenían que incluir en el Pacto de Estado contra la Violencia de Género", explica.PublicidadAquella reivindicación surgió durante el proceso de elaboración del pacto. Una amiga que participaba en espacios políticos relacionados con su desarrollo le facilitó algunos contactos y reuniones. Lo que le permitió hacer valer su demanda: que las madres cuyos hijos habían sido asesinados por sus parejas o exparejas fueran reconocidas también como víctimas. La primera respuesta institucional no fue precisamente alentadora. "Cuando redactaron un borrador inicial se olvidaron de nosotras", recuerda. Finalmente, su insistencia junto a la de otras mujeres logró que las víctimas de violencia vicaria fueron reconocidas dentro del marco de la violencia de género, con la firma del Pacto de Estado en 2019.Ortiz explica que nunca inició formalmente un procedimiento específico para solicitar el reconocimiento como víctima de violencia vicaria. Lo que conserva es una sentencia testimoniada del asesinato de sus hijos que le sirve para acreditar esa condición. Algo que, más allá de su escasa utilidad administrativa, reconoce el valor simbólico que tiene para ella.Durante años le resultó incomprensible que las madres que habían sufrido la pérdida de sus hijos a manos de sus parejas no fueran consideradas víctimas de ninguna forma de violencia. "¿Cómo es posible que a las madres que nos han asesinado a nuestros hijos no seamos víctimas de nada?", se preguntaba entonces. "Es una de las violencias de género, si no la más monstruosa que hay".Recuerda que, tras el asesinato de sus hijos, recibió durante tres años una prestación económica destinada a víctimas de violencia de género en Andalucía. Sin embargo, aquella ayuda no se sustentaba en ningún reconocimiento formal de su condición como víctima de violencia vicaria. "No se atrevieron a negármela", dice, sobre los funcionarios que tramitaron su caso. Aquella respuesta dependió más de la sensibilidad de las personas que la atendieron que de otra cosa. Pues no existía en sí un marco normativo que le amparara, cosa que ahora sí, dice.Los negacionistas "prefieren lo que ha habido siempre, normalizar el machismo"En estos años, se ha podido poner en contacto con otras madres que han vivido situaciones similares. De hecho, hace apenas un mes estuvo en el V Encuentro Estatal sobre Violencia Vicaria y Violencia de Género Institucional, que tuvo lugar el Maracena (Granada). A partir de esas conversaciones con otras mujeres, Ortiz ha podido identificar patrones que se repiten una y otra vez en numerosos casos. Uno de ellos tiene que ver con la falta de escucha a los menores. "Cuando una madre dice 'no quiero que mis hijos se vayan con el padre', o lo que es más fuerte, que un niño diga 'no quiero irme con mi padre', eso tiene que despertar alarma suficiente para poner en marcha todos los mecanismos", sostiene.Para Ortiz, la voz de los niños y niñas continúa ocupando un lugar secundario en demasiados procedimientos. "Un niño que está bien y feliz con su padre no dice 'no me quiero ir con mi padre'. Eso no ocurre", afirma. Por eso, considera que escuchar a los menores podría evitar muchas situaciones de riesgo. "Si escucharan a los niños, irían mucho mejor las cosas (...) Un padre maltratador no quiere a su hijo para pasar el tiempo con él, para cuidarlo o para protegerlo. Simplemente es un instrumento que utiliza para hacer daño a la madre".Más allá de los juzgados, Ortiz sitúa la educación como un factor indisociable de la prevención de la violencia. Considera que la igualdad y el respeto deben formar parte de la formación de niños y niñas desde edades tempranas. "La educación es lo principal (...) Los niños y las niñas tienen que estar educados en igualdad y en respeto al otro", afirma.PublicidadAunque considera que se han producido avances, cree que siguen prevaleciendo formas de educación profundamente machistas. Y le preocupa especialmente el retroceso que distintos especialistas vienen señalando entre algunos sectores de la juventud. "Hay gente que está metida en todo este tema que dice que las generaciones jóvenes vienen igual de machistas o más que otras generaciones mayores", señala. En ese contexto, observa también el papel de las nuevas tecnologías como herramientas de control. "El móvil es un método de control total y una herramienta también para el machismo importante", afirma.Ortiz tampoco oculta su preocupación ante los discursos negacionistas que cuestionan la existencia de la violencia de género o de la violencia vicaria: "Es como el refrán de que no hay más ciego que el que no quiere ver". A su juicio, quienes sostienen estas posiciones se resisten a aceptar la realidad porque prefieren mantener estructuras tradicionales de desigualdad. "Prefieren lo que ha habido siempre, normalizar el machismo", sostiene. Pero "las mujeres tenemos los mismos derechos que los hombres y nos tienen que respetar en igualdad", asevera."Veo bien que se mantenga el anonimato" de las víctimas de violencia machistaTambién menciona el papel de los medios de comunicación, un ámbito sobre el que Ortiz mantiene una posición compleja. Por un lado, reconoce que el tratamiento informativo ha mejorado con el paso de los años. "Yo creo que algo sí ha mejorado", afirma. Considera que existe una mayor concienciación y que cada vez más periodistas abordan estas cuestiones con sensibilidad y cuidado. Por otro lado, no oculta la relación difícil que ha mantenido con parte de la prensa tras el asesinato de sus hijos. "Tengo mucho reparo y rechazo porque me han agobiado mucho y en momentos puntuales me han acosado", reconoce.PublicidadAun así, defiende la importancia de informar sobre estas violencias, siempre desde el respeto y protegiendo especialmente a las madres cuyos hijos siguen vivos y continúan inmersas en procesos judiciales. Muchas de ellas, explica, evitan exponerse públicamente porque cualquier declaración puede acabar utilizándose en su contra."Veo bien que se mantenga el anonimato", señala. Pero también considera necesario contar lo que ocurre. "Cuando escuchas a una madre contando nada más que la pura verdad, te echas las manos a la cabeza". Para ella, mostrar la realidad resulta "muy importante" porque muchas personas siguen desconociendo la magnitud de este grave problema. "La única manera que veo de luchar es con golpes de realidad, de la cruda realidad".Ortiz no reclama nuevas leyes, pues cree que muchas de las herramientas ya existen. Lo que pide es que se apliquen. "Las leyes las tenemos, lo que hay que hacer es cumplirlas", resume. Su apelación se dirige particularmente a los jueces. Les pide que estudien cada caso con detalle, que escuchen a los y las menores, y que antepongan siempre su bienestar a cualquier otro interés. "Nunca darle custodias a padres maltratadores", afirma. "Están destrozando infancias, adolescencias y la vida de muchas mujeres. Esos niños y esos adolescentes van a ser los adultos del futuro y nadie les va a devolver su infancia ni su adolescencia. Eso ya se rompe y no lo van a poder reparar".Las víctimas de la violencia machista y su entorno pueden pedir ayuda en distintos recursos activos todos los días de la semana y las 24 horas del día: el teléfono 016, el correo electrónico 016-online@igualdad.gob.es y el canal del WhatsApp en el número 600 000 016.En una situación de emergencia se puede llamar al 112 o a los teléfonos de emergencias de la Policía Nacional (091) y de la Guardia Civil (062) y, si no es posible hacer esa llamada, en caso de peligro existe también la opción de activar la aplicación ALERTCOPS, que envía una señal de alerta a la Policía con geolocalización.
Ruth Ortiz, víctima de violencia vicaria y activista: "Un padre maltratador no quiere a su hijo, lo utiliza para hacer daño a la madre"
La madre de los pequeños asesinados en 2011 habla en esta entrevista sobre la percerpción social sobre la violencia de género y lo que aún quedan por hacer en la prevención y reparación de las víct...
















