Por Antonio Broto |
Ginebra (EFE).- Diez años después del asesinato de Bertha Cáceres, pionera en la lucha de los derechos de las comunidades indígenas de Honduras, su hija Bertha Zúniga Cáceres sigue buscando rendición de cuentas, y en entrevista con EFE explica lo mucho que queda para que se haga justicia en ese caso, así como en la lucha por la tierra y los recursos de los pueblos originarios.
«Mi madre nos enseñó a luchar, a defender nuestros territorios, a alzar nuestra voz», recuerda desde la sede europea de la ONU en Ginebra, donde se reunió con relatores de derechos humanos para analizar la situación de los indígenas en su país y el proceso de rendición de cuentas en torno a la muerte de su madre.
Bertha Cáceres, activista del pueblo lenca y cofundadora del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), fue asesinada el 2 de marzo de 2016 después de años de defensa de los derechos de su comunidad que incluyeron protestas contra el proyecto hidroeléctrico Agua Zarca, impulsado por la empresa Desarrollos Energéticos Sociedad Anónima (DESA).
Ocho personas fueron condenadas, entre ellas tres vinculadas a la empresa, «pero no han sido llevados ante la justicia los principales actores», lamentó Zúniga, citando entre ellos a los mayores accionistas de DESA, «vinculados con una de las familias más poderosas en Honduras, los Atala Zablah».














