Este jueves comienza el Mundial de fútbol en Norteamérica. Un torneo sobre el que caerá un calor peligroso para los jugadores, pero también para los aficionados que acudan a los estadios. Un evento organizado por la FIFA cuyo patrocinio principal proviene de los petrodólares responsables del cambio climático detrás de esas temperaturas extremas.
“No se trata de tiempo caluroso, sino que el calor, la humedad, la radiación solar y el viento combinados conllevan un gran estrés para los deportistas y fans”, cuentan fuentes de la Convención de la ONU para el Cambio Climático (CMNUCC). Este “calor extremo” va a ser “parte del campeonato: en las canchas, las gradas y las ciudades anfitrionas”, rematan.
Uno de los efectos más directos del cambio climático causado por los humanos es el incremento generalizado de las temperaturas. Más calor intenso en el planeta. En EEUU, México y Canadá, en junio y julio, 14 de las 16 sedes del Mundial de fútbol superan ya valores de temperatura de globo y bulbo húmedo (WBGT en inglés) de 28 °C durante las tardes.
Y se espera que 26 partidos tengan lugar en condiciones de WBGT de, al menos, 26ºC. De hecho, más de la mitad padecerán niveles de calor perjudicial, según los informes de los científicos del World Weather Attribution y Cimate Central.













