EditorialMientras el caso de �balos est� visto para sentencia, la sombra judicial se cierne ahora sobre la ex vicepresidenta del GobiernoVicente Fern�ndez y Mar�a Jes�s Montero, en 2018.Actualizado Martes,
junio
23:05Audio generado con IALos testimonios que hoy publica EL MUNDO sobre la actividad �fren�tica� de Leire D�ez y del ex presidente de la Sepi Vicente Fern�ndez intentando conseguir pelotazos multiplica la dimensi�n pol�tica del caso Sepi. Las dos principales estructuras de dinero p�blico del pa�s -el Ministerio de Transportes de Jos� Luis �balos y la Sepi, el brazo inversor del Estado dependiente de Mar�a Jes�s Montero- aparecen conectadas por un mismo ecosistema pol�tico y personal, con Santos Cerd�n como nexo de uni�n. En ambos casos, el poder institucional parece haber quedado subordinado a relaciones de lealtad y a din�micas de opacidad y corrupci�n incompatibles con una democracia avanzada. Mientras el caso de �balos est� visto para sentencia, la sombra judicial se cierne ahora sobre la ex vicepresidenta del Gobierno.El papel desempe�ado por su hombre de confianza en la Sepi es muy grave. Cuando fue cesado por su imputaci�n en el caso Aznalc�llar, Montero decidi� mantener durante 18 meses una situaci�n absolutamente an�mala: el cargo vacante mientras Fern�ndez segu�a ejerciendo de facto el poder en la sombra gracias al poder que la propia ministra de Hacienda le concedi�. Ese extra�o limbo institucional, descrito ahora por distintos directivos p�blicos, constituye como m�nimo un s�ntoma inaceptable de degradaci�n administrativa y pol�tica: le permiti� conservar influencia y capacidad de decisi�n sin asumir plenamente los controles y responsabilidades inherentes al cargo.Las revelaciones son demoledoras precisamente porque proceden de presidentes y altos cargos de empresas p�blicas vinculadas a la Sepi que describen un patr�n de actuaci�n �fren�tico� por parte del t�ndem formado por Fern�ndez y D�ez, quien habr�a actuado como su jefa de gabinete de facto. Seg�n esos testimonios, ambos presionaban, interven�an y trataban de orientar operaciones empresariales y adjudicaciones aprovechando la autoridad que les otorgaba Montero. La fontanera del PSOE nunca fue una figura perif�rica ni extravagante, como ha intentado sostener Ferraz, sino una pieza estructural del engranaje de poder construido alrededor de Pedro S�nchez. Por eso resulta inveros�mil que el presidente desconociera la multiplicidad de tramas paralelas que actuaban a su alrededor. Incluida el grupo de la Sepi que, a partir de sus �cinco d�as de reflexi�n�, mut�, seg�n la UCO y el juez Pedraz, en cloaca de guerra sucia al servicio de sus intereses.La imagen que proyecta el caso es la de un Estado colonizado por redes de afinidad pol�tica, intereses cruzados y estructuras paralelas de influencia que operaban al margen de los cauces ordinarios de control. Resulta pr�cticamente imposible encontrar una democracia occidental en la que se d� una situaci�n as�.La amenaza a la confianza en la neutralidad de las instituciones p�blicas y en la separaci�n entre partido y Estado es estructural. Y cada nueva revelaci�n confirma que la catarata de casos de corrupci�n que se precipita sobre S�nchez representa la erosi�n sist�mica del modelo pol�tico que �l mismo construy�.













