El miércoles pasado, buena parte del país se quedó imantado a la televisión contemplando un espectáculo lleno de ruido. Compareció ante la prensa Leire Díez, exmilitante del PSOE, exdirectora de Filatelia y Relaciones Institucionales de Correos, “periodista” de “investigación” (según ella) y protagonista de los telediarios desde hace dos semanas, cuando salió a la luz un audio parcial de una reunión por videoconferencia donde Díez insinúa favores de la Fiscalía para un empresario encausado a cambio de datos comprometedores de determinadas autoridades. Terminó la comparecencia del miércoles sin que nadie pudiera preguntarle nada a Díez y, cuando esta ya se iba, irrumpió el conocido comisionista Víctor de Aldama, implicado en el caso Koldo, otro personaje clave de las noticias más oscuras y a quien nadie esperaba en ese hotel en esa mañana. Un tercer protagonista, el empresario Javier Pérez Dolset, se interpuso entre el furibundo Aldama y la excargo socialista mientras todas las cámaras de los programas de la mañana retransmitían la escena en directo.

El llamado caso Leire Díez ha colocado el foco —en realidad, cientos de focos— en varias personas que, durante años, se han manejado en las sombras. Entre grabaciones e intrigas. ¿Qué quieren? ¿Qué persiguen? ¿Qué les mueve? ¿Qué les une? Esas son las grandes cuestiones que, según quien conteste, deja respuestas distintas. El PP, asociaciones de guardias civiles y grupos ultras (como Hazte Oír) ya han denunciado las maniobras de la exmilitante del PSOE ante la Fiscalía Anticorrupción y ante varios juzgados, sin que conste que se haya abierto todavía una causa para investigarla.