En abril de 1988, Guatemala organizó el Torneo Juvenil de la Concacaf. Lo que debía ser un certamen regional se convirtió en el centro de uno de los mayores escándalos de la historia del futbol mexicano: el “Cachirulazo”. Cuatro jugadores con edades falsificadas fueron descubiertos gracias a la denuncia formal de la Federación Guatemalteca de Futbol y a la investigación del periodista mexicano Antonio Moreno, de Imevisión y Ovaciones, quien comparó las actas presentadas con el anuario oficial de la Federación Mexicana de Futbol.
La FIFA impuso una sanción histórica de dos años a la Federación Mexicana. Como resultado directo, Guatemala —segunda de su grupo en el Preolímpico— heredó el cupo para los Juegos Olímpicos de Seúl 1988. Hoy, la película México 86 (Netflix, 2026) vuelve sobre aquellas “tranzas de escritorio” y obliga a revisitar las páginas de Prensa Libre, que documentaron cómo una federación pequeña logró que se aplicara el reglamento.
La historia comenzó en febrero de 1988, cuando se disputó la fase final del Preolímpico de la Concacaf para Seúl. México y Guatemala compartieron grupo. La selección mexicana alineó en uno de los encuentros clave a varios protagonistas del Mundial de 1986: Pablo Larios, Benjamín Galindo, Javier Hernández, Miguel España, Carlos Muñoz y Tomás Boy, entre otros.















