El gol del siglo de Maradona, la mano de Dios y la ola en las gradas. Quizás por este orden el Mundial de 1986 es uno de los más recordados. No solo por el astro argentino, sino por la fiesta en las gradas. La conocida como “ola mexicana” no nació en México ni tampoco en un partido de fútbol. Pero si hubo un evento que la popularizó fue aquel Mundial, una celebración que se extendió rápidamente por los estadios de todo el planeta.
Pero la Federación Mexicana de Fútbol lleva casi una década luchando contra otra manifestación popular de las gradas de sus estadios (o de aquellos en los que juega su selección nacional). Y no es una manifestación de alegría, sino un descontento focalizado en un grito homófobo: “Eh, puto”.
En Brasil 2014, la FIFA ya advirtió a la federación mexicana por lo que se escuchó en las gradas cada vez que jugaba (y perdía o empataba) la selección. Cuando el portero contrario se disponía a sacar de puerta, arrancaba el runrún del “eh” alargado que concluía con el “puto” en cuanto golpeaba el balón. Es un grito similar al que también se ha escuchado en los estadios españoles durante años, pero que sustituía el “puto” por otro insulto con similar rima consonante. Aunque sin el tinte homófobo del adjetivo mexicano.














